El primero de agosto de 1987 marcó mi vida, pues esa madrugada llegué a Baja California en autobús con Enhoc Santoyo Cid y José Enrique Gómez Guzmán, en aquellos días dos de mis mejores amigos, ahora hermanos.
Llegamos a trabajar a El Mexicano, invitados por Eligio Valencia Roque, y ahí cada quién aportó lo que sabía y lo que pudo por muchos años, y a partir de esa experiencia se han sumado muchas otras, todas con satisfacciones y no sin ese sabor acidulado de la vida, donde cada tropiezo es una bendición, y cada paso un riesgo de tropezar.
Aquí nos casamos todos, aquí nacieron nuestros hijos, desde aquí lloramos la ausencia de nuestros padres y hermanos, a quienes les provocamos nostalgia por las despedidas, pero también orgullo por las realizaciones.
Gracias a Dios por darme la oportunidad de encontrar cobijo en Ensenada, Baja California. Gracias a Dios por todos los amigos. Gracias a Dios por todas las oportunidades y por estar conmigo en todas las luchas que me quedan por librar.
Gracias a Zahady Nolasco Rodríguez por su acompañamiento, y a Francisco Alonso y Francisco Daniel Vargas Nolasco por hacerme padre aquí, y por bendecirme con su alegría, su energía, su entusiasmo, su valor y sus ganas de luchar.
Gracias a Manuel Vargas Castillo y a Esther Ugarte Chávez, mis padres, por lo que hicieron, hacen y seguirán dando a este, el menor de sus seis hijos.
Nombrar a todos mis amigos y amigas, presentes y ausentes, sería una tarea casi imposible, pero Enhoc y Enrique fueron el origen, en aquel recorrido de casi tres días sin retorno... hasta el momento.
En aquel tiempo nadie daba crédito a que fuera posible una aventura tal, de viajar con la sola promesa de tener trabajo, en las condiciones más ajenas a la realidad.
Tuvimos que creer, porque el mercado laboral en nuestra natal Veracruz no pintaban nada bien.
Era la locura, porque la familia pensaba que acá eran comunistas, ya que se hablaba de un gobierno municipal emanado del izquierdista Partido Socialista de los Trabajadores (PST), mientras que otras versiones hablaban del reciente triunfo del derechista Partido Acción Nacional. Después supimos que todo era verdad, y las razones lógicas.
El viaje desde la ciudad de México por carretera fue emocionante pero tortuoso, y después de 3 días llegamos una madrugada a la terminal de autobuses de Tijuana.
Pedimos a un taxista que nos llevará a El Mexicano, no sin antes preguntar cuánto nos cobraría, y el chófer dijo "12 pesos"; abordamos, cruzó la carretera, se detuvo, y nos dijo "ya llegamos". Pagamos y volvimos a bajar todo. Eran las 5 de la madrugada
En las oficinas ya nos esperaban por instrucciones de Don Eligio, donde un compañero gritó ¡Los jarochos!, asintimos con alivio y nerviosismo y acatamos la instrucción de subir a una unidad en la que nos llevaría al hotel "Palacio Azteca".
Bañados, hambrientos y sin sueño a pesar de los desvelos, esperamos a que abrieran la cocina para pedir un desayuno de dioses, esperando la la llamada de Don Eligio para la entrevista, que se dio pasado el medio día. Se cumplió la promesa. Nada de qué arrepentirse.