Sigue buscando cosas en lugares
donde no hay nada.
El dolor es más intenso que nunca,
He visto fragmentos de paraísos perdidos
y sé que trataré de volver a ellos
desesperadamente, aunque me duela.
Cuanto más profundizo
en las regiones
de la nada,
cuanto más me adentro
en mí mismo,
encuentro cada vez profundidades
más aterradoras
debajo de mi piel
hasta que mi propio ser siente vértigo.
Mi apartamento es sólo memoria,
de la cuál sólo restan vestigios
a blanco y negro
Entre mis manos,
antiguos fotogramas
se manchan con mis venas,
y de esas figuras
ya no siento a nadie.
Hay breves vislumbres de cielo despejado,
como al caer de un árbol,
o un columpio –vacío–
así que tengo una vaga idea de
hacia donde voy,
pero aún hay demasiada claridad
y una inercia ensordecera bajo mi techo.
Las cosas, la rutinas,
las infinitas posibilidades
que me tienen
a la deriva,
todo sigue un orden
rotundo y a la vez caótico,
pero de alguna manera
siempre escojo el mismo número.
Así que
vomito
fragmentos quebrados,
de palabras y sintáxis,
de los lugares que he olvidado;
miradas que se difuminan,
miembros despedazados,
viviendas en escombros,
geografías y sociedades devastadas.
Tengo la columna en retazos,
respiro tanto plomo
y humedad que ya no sirven
los fármacos de esperanza.
La mente hecha jirones
por el horror y la tristeza,
las infancias torturadas,
y el nocivo
minuto antes de acostarse.
Mundo, nunca te he abandonado,
pero me hiciste cosas terribles.
Este sentimiento de estar estancado,
encadenado,
con el corazón hecho veneno,
hacia ninguna parte.
He de tomar decisiones
dolorosas y atroces
y el rumbo de hacia donde asesinar,
porque en medio de la inmundicie,
en estos vecindarios marginados,
hay que dar pasos atroces,
cometer actos infrahumanos,
sólo para sobrevivir.
Quizá a los diecisiete morimos,
lo que no terminamos al nacer.
Quisiera
dar
un salto
dentro de mi propio abismo,
pero todo se siente tan lejano,
tus dedos
no están
con los míos,
y estoy aquí
muy lejos
en alguna parte del vacío.
Extravíandome,
desviando la mirada al horizonte,
me reflejo en esto y pienso en ti,
en cuanto extraño tu calidez.
Entre la terrible soledad y
la felicidad,
me siento un cosmonauta
en el solitario y frio espacio exterior,
dejando un mensaje a solas
de esta noche distante:
Pienso que las personas se acostumbran
luego de mucho
a pasar periodos prolongados
sin compañía ni apoyo alguno.
También pienso que a esas personas
se las devora el silencio.






















