Hay relaciones que no se rompen por la traición en sí, sino por la certeza que te arrancan. Porque cuando alguien a quien amaste con todo te falla, no se lleva solamente una historia: se lleva una parte de la forma en la que mirabas el mundo.
Yo fui la persona que te amó sin esconderse. De las que no te quiso a medias, ni en silencio, ni por comodidad. Te elegí con la frente alta, con el pecho tatuado con tu inicial, y con esa clase de lealtad que hoy parece un idioma muerto.
Te defendí incluso cuando no estabas. Te cuidé en tus días rotos. Te sostuve en tus dudas como quien sostiene algo sagrado entre las manos. Y mientras yo le gritaba al mundo que te amaba, vos elegías darle valor a personas vacías. A gente que no conoce ni el peso de una promesa ni la dignidad de quedarse.
Y eso fue lo que más me dolió: descubrir que hay personas buenas que, de tanto acostumbrarse a sobrevivir entre ruinas, terminan rompiendo justo lo único real que tenían.
A veces no se traiciona por maldad. A veces se traiciona por costumbre. Por miedo a creer que algo bueno puede durar. Por estar tan acostumbrado al caos, que cuando llega quien las ama, sólo corren. Mienten. Eligen mal. Destruyen el único corazón en el que hubieran podido habitar toda la vida.
Vos no me fallaste porque yo no alcanzara. Me fallaste porque nunca supiste qué hacer con alguien que sí se quedaba.
Y esa es tu desgracia, no la mía.
Porque aunque me dolió hasta partirme, aunque tuve que aprender a juntar mis pedazos con las manos temblando, yo al menos sé algo que vos quizás nunca vas a entender: haber amado de verdad de forma sana, nunca es una vergüenza.
Vergüenza es mirar a los ojos a alguien que te fue leal y elegir igual romperlo. Vergüenza es tener algo valioso en las manos y cambiarlo por ruido. Vergüenza es perder a quien te amaba por perseguir gente que nunca iba a saber sostenerte. Vergüenza es cambiar oro por cartón mojado.
Yo no perdí por haberte amado así. Vos perdiste por no haber sabido estar a la altura.
Y hay una diferencia enorme entre que te rompan, y convertirte en alguien incapaz de reconocer el amor cuando lo tiene enfrente. Y la segunda sos vos.
Fer











