“No estoy segura de cómo se ve, ¿puedes darme tu opinión?” Preguntó al campista a un lado suyo tras enseñarle su pintura. Los atardeceres eran su fenómeno favorito, ver el cielo teñido de diferentes tonalidades de naranja y reflejarse en la laguna. “Siento que le falta algo pero no lo sé… ¿El muelle, tal vez?” Divagó en voz alta, regresando la mirada de vuelta al paisaje frente a ellos y suspiró. “Da igual, puedo terminarlo mañana. Olvidé tomarle una foto antes y ahora el sol está a nada de ocultarse.”
Realizando su chequeo diario, había olvidado percatarse de la hora, su mirada se dirigió hacía el atardecer, se sentía aliviada de no perdérselo como en días anteriores a pesar de no estar consciente del tiempo. Escuchando, sin querer, a la conversación ajena entre dos campistas, no puedo evitar intervenir. ‘ Disculpen la interrupción a su conversación pero, yo creo que el muelle es una perfecta idea si se mantiene en tonos grisáceos, para no quitar esplendor del atardecer ’. Comentó con llaneza, durante la etapa de artista de óleo de su madre, había aprendido un par de cosas. ‘ Tu pintura es excelente, se ve que tienes mucho talento ’. Comentó con una enorme sonrisa, esperando no hacer sentir avergonzada a la pelirroja.













