🙈me acorde de otra, cuando Yue le dice a Korra que fue al hospital pero que se tuvo que ir por... y dejo el suspenso 😬 ahora si, lo que gustes y puedas contestar.
¡Hola! Sigue esta. Perdón por la tardanza.
Good Hands
La tarde de aquel hermoso fin de semana, Yue tuvo una certeza: Las llamadas telefónicas son muy subestimadas.
Era curioso, en la mañana estaba tan ocupada pensando qué tipo de vestido le gustaría elegir para su gran día, revisando tiendas que le gustaría visitar por internet… Estaba decidida a disfrutarlo, a pasarlo bien, a sentirse feliz por su nueva vida a lado de un maravilloso hombre. Quería a Sokka, muchísimo, y definitivamente podría decir que lo amaba, ¿Entonces cuál era el problema? El problema era que sencillamente tampoco podía olvidarse de Korra. Hablando con su terapeuta llegó a la conclusión de que tal vez seguía pensando en ella por la forma tan abrupta por la que tuvieron que terminar, por lo mucho que les faltó vivir y que una buena parte de ella anhelaba tener, pero eso no era del todo cierto. Yue estaba dividida entre dos amores, se sentía como una tonta por ello, pero era la verdad. Aun así, sabía perfectamente que ella había tomado ya una decisión, había escogido, y estaba dispuesta a dar marcha adelante y cerrar el capítulo, quería hacerlo. Sobre todo, ahora que su Korra había encontrado a alguien más en quien ocuparse.
Observar a Korra actuando como un cachorrito para Asami era doloroso, en especial ser la persona que la alentaba a darse cuenta de ello. Mil veces tuvo que contener las ganas de callarse y dejar a Korra descubrir sus propios sentimientos por su cuenta, o mejor aún, que jamás los notara. La vocalista siempre había sido mala para identificar sus propios sentimientos, probablemente debido al trauma que vivió en París y que Yue sabía de antemano que no había superado aún; sin embargo, la lastimaba ver que, aun a pesar de que no podía identificar porqué lo hacía, Korra empezaba a mirar a Asami de la misma forma en que por mucho tiempo la miró a ella. Ver que su sonrisa bobalicona y sus extraños intentos de llamar la atención ya no estaban dirigidos más hacia ella. Lastimaba oír que su nombre, Yue, dejaba de tener esa connotación especial que antes tenía y ahora era “’Sami” lo que sonaba con tanto afecto y admiración. Le dolía, le lastimaba, le enfermaba y le hacía sentir como una arpía egoísta.
El sonido de su celular sonando cortó sus pensamientos, en la pantalla el nombre de su cuñada brillaba junto con su foto. Yue no pudo evitar sonreír, aunque le extrañaba que la hermana de Sokka le marcara por teléfono, sabiendo que iban a verse en un par de horas.
—¡Hola! — saludó ella, respondiendo la llamada entrante de Katara a su celular con la naturalidad con la que se trata a una querida amiga. — ¿Lista para ayudarme a escoger el vestido más importante de mi vida, dama de honor? — bromeó, entintando su voz de un ánimo y vitalidad que, al menos en ese momento, no sentía.
—Yue… no puedo ir. — se escuchó del otro lado del auricular. — Korra… Korra tuvo un accidente automovilístico. Aang la está atendiendo en el hospital. — decir que oír eso la impresionó sería poco. Fue como si el cerebro de Yue se hubiera apagado y todo su cuerpo se moviera por inercia propia, ni siquiera podía captar bien la realidad, sus sentidos se sentían adormilados, era una sensación similar a estar debajo del agua. Sabía que colgó la llamada en ese momento, sabía que tomó las llaves de su auto sin molestarse a tomar su chaqueta y sabía que manejó durante casi una hora y media directo al hospital. Sabía que había hablado con la encargada y de pronto ya estaba en camino al cuarto 0035 de la sección V.I.P.
Sabía que lo único que quería era asegurarse de que Korra estuviera bien, tenerla en sus brazos y que sanara ahí, que nada saliera mal. Entró a la habitación sin demora una vez llegó, ni siquiera proceso que no había nadie esperando afuera, no estaba Aang tampoco. Dentro, Korra yacía en una camilla, su nariz vendada, moretones en sus ojos, brazos y manos, pero viva. Tal vez con la mente fría habría podido deducir que no lucía grave, solo inconsciente, pero no tenía la mente fría en ese momento, lo único que podía asimilar era a Korra, su Korra, lastimada y con los ojos cerrados. Con lágrimas acumulándose en sus ojos, Yue camino hacía la silla vacía a lado de la vocalista, una silla extrañamente cálida, y tomó asiento, sujetando con sus propias manos la mano de la rockera. — ¿Qué rayos hiciste, Korra? — murmuró, como si fuera una conversación secreta entre ambas. — Mírate… mira cómo quedaste… ¿Qué no tienes ni un poco de sentido de la auto preservación? — delicadamente, Yue acarició la frente de Korra, alejando los cabellos que la cubrían para inclinarse y darle un beso pequeño en la frente.
En ese momento, un celular sonó desde la otra puerta dentro de esa habitación, alertándola. Por alguna razón, que alguien la descubriera ahí con Korra la alarmó, así que se levantó de inmediato y salió de ahí, pegándose a la pared lo suficiente para asomarse por la ventana con persianas ajustables y observar quien salía. Si era Aang, estaría segura de poder volver a entrar, incluso preguntar qué había pasado, incluso Katara, Bolin o Mako eran buenas opciones, pero si era Kuvira, o incluso Zuko, las cosas podrían salir un poco mal. Para su sorpresa, no fue ninguno de ellos. Asami Sato apareció del baño con un gesto de preocupación en el rostro y el celular en el oído.
—No, no iré. — dijo, su voz cansada de tantas emociones en un día. — Ella está bien, Aang dijo que solo se lastimó la nariz, que sus golpes fueron superficiales. Tuvo mucha suerte, pero eso no quiere decir que me voy a apartar de aquí. Necesito verla despertar. — Otro momento de silencio en el que la persona con la que la francesa hablaba comentaba algo sobre el tema del cual hablaban. Asami paseaba por la habitación, el ceño fruncido y su cabello suelto cayendo como cascada sobre sus hombros. — No lo sé. Todo fue muy rápido. — se masajeó las sienes caminando hacia la ventana en donde Yue estaba. La chica logró esconderse rápido, pero aun así podía escuchar al menos un poco de lo que se decía adentro. — De pronto dio vuelta y comenzó a hacer piruetas y trucos en el auto, fue en el último que calculó mal y se estrelló…
—”El Estado Avatar…” — Yue lo identificó de inmediato, ¿Por qué Korra decidió hacer eso cuando ya había prometido de antemano no volver a hacerlo?
—No tengo la menor idea, Aang tampoco sabía que iba a hacer eso… Dieu, ¿En qué rayos estaba pensando cuando decidió hacer semejante tontería?
— “Mierda, mierda, mierda…” ¡Pum!” — ¡Esa era la voz de Korra! No le importó ser descubierta, tenía que verlo con sus propios ojos; pese a que decidió asomarse de nuevo, no se atrevió a entrar. No sabía por qué exactamente, pero sea lo que sea que fuera a pasar, necesitaba observarlo. — Dime, ¿Estoy en el cielo?
—No… — la voz de Asami era cautelosa, incluso pocos pasos que avanzó hacia la cama los dio con suavidad, como si no quisiera alterarla o provocar una reacción negativa. Tentaba el piso para saber exactamente a dónde iría la morena con sus comentarios.
—Entonces tú debes ser mi ángel guardián… ¡Eres hermosa! — Korra sonaba tan inocente bajo efectos de anestesia que realmente logró apachurrar un poco el corazón de Yue. Respiró hondo, tratando de calmar esa tristeza rara e injustificada. Korra tenía pleno derecho de llamar hermosa y ángel a quien ella quisiera, pero demonios, eso dolió.
—Y tú estás sedada. — al contrario de ella, Asami rio. Por supuesto, para la francesa era divertido. Sobre todo, para Korra, quien rio también, pero de una forma tan adorable. —¿Qué es tan divertido?
—“Sedada” es gracioso. Tiene una “S” y dos “D”. — Bien, tal vez Korra sedada era más divertida de lo que le dio crédito. Era una observación demasiado tonta, pero la risa que le siguió era tan contagiosa que incluso Yue rio un poco.
—Está diciendo muchas incoherencias, Korra. — Asami dijo, y Yue concordó.
—Eres muy hermosa. —“Espíritus, Korra…” Pensó Yue. Asami suspiró, tal vez cansada, tal vez aliviada, Yue no lo sabía. La vio cruzarse de brazos y sentarse tan cerca de Korra con delicadeza, cuidando cada movimiento suyo.
—Durante tu… kamikaze bribonada, chocaste contra la parte superior de la rampa. —Podía notar su espalda tensa y de todos modos era capaz de hablarle con una dulzura sutil y especial. Yue se lo agradeció de todo corazón. — Gracias al cielo, solo te causó una lesión en la nariz. No es grave, sin embargo, hay un tratamiento que debes seguir minuciosamente. Tal vez te moleste al cantar, pero Aang me aseguró que no habría problema a largo plazo, dentro de nada estarás de vuelta en el escenario y lista para tu gira… — Si había algo que también iba a admitir, era que Asami pensaba en todo. La capacidad de esa mujer para preocuparse de esa manera por Korra en cada aspecto y pensar en todo tras el accidente era algo que Yue le admiraba demasiado. Cielos, ella en su lugar no podría hacer ni la mitad de lo que la francesa estaba haciendo.
—Disculpa… —Korra llamó la atención de ambas, interrumpiendo pensamientos e instrucciones por igual.
—¿Sí?
—¿Qué forma tienen tus parpados? — “¿Qué?”
—¿A qué te refieres con la forma de mis parpados? — Asami estaba tan confundida como ella.
—Quisiera ver la forma de tus parpados. Eso. —Dios, Korra estaba tan orgullosa de ella misma, esa sonrisa de gatito que hizo un truco bien la delataba, ¿qué era lo que planeaba hacer?
—Bon… cerraré los ojos…— Yue esperaba cualquier cosa, algún comentario tonto o sin sentido, lo que fuera, todo menos lo que realmente sucedió.
Un beso. Uno tonto y desastroso, pero un beso. Yue pegó su espalda contra la pared, la respiración se le aceleró, cada latido de su corazón ahora alborotado dolía recordándole que la chica que en ese momento yacía en una camilla besando a otra no era asunto olvidado como le gustaba pensar; las lágrimas amenazaban con salir, pero Yue se negaba a dejarlas correr por sus mejillas. No podía llorar, no merecía llorar, pues la escena que ahora tanta tristeza le causaba pudo haber sido evitada si ella hubiera sido un poco más valiente. Si hubiera decidido hacerle frente a su padre y decirle que no le importaba en lo más mínimo la manera en que su relación con Korra pudiera afectar en su imagen como consejero de Ciudad República. Pero era tonta y mucho más joven, llena de ilusiones que podrían derrumbarse por culpa de las consecuencias de sus actos, sobre todo en una época en que no solo la carrera musical de Korra estaba iniciando, sino la de Katara, Bolin, todos. Su padre podía ser intimidante y perseverante cuando quería. No le quedó más remedio que hacer lo que creyó lo mejor para ambas.
La puerta se abrió de repente y Asami apareció en el pasillo, luciendo sorprendida por verla.
—Yue. —Exclamó nerviosa. — ¿Viniste a ver a Korra?
—S-sí. Ese era el plan, pero recibí una llamada y…
—Entiendo. — Se quedaron en silencio unos muy breves momentos. —¿Estás segura que no deseas pasar? A Korra le alegrará verte. —La francesa le sonreía con cuidado y dulzura, como si supiera exactamente lo que estaba sucediendo en la mente y el pecho de la joven y no quisiera hacerlo peor. Era un alivio ver que la mujer que Korra había escogido era tan bondadosa y paciente.
—Te lo agradezco, pero creo que será mejor así. Solo… Cuídala, ¿por favor? —suplicó mirándola a los ojos, recibiendo un pequeño asentir con la cabeza.
—Le diré que viniste.
— Preferiría que no supiera por el momento. —en ningún momento se sintió juzgada ni reprochada, todo en Asami reflejaba pura empatía y entendimiento, ¿cómo alguien podía llegar a ser tan comprensiva?
— Debo ir por Aang, la anestesia parece estar pasando.
—Por supuesto. Muchas gracias por todo, Asami.
No se dijeron más, no había necesidad. Al menos ahora estaba segura que el corazón de Korra estaba en buenas manos.
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¡Espero les haya gustado! Y una disculpa por la demora u.u






















