
if i look back, i am lost
Monterey Bay Aquarium
No title available
official daine visual archive
Claire Keane
trying on a metaphor

No title available

titsay

bliss lane

pixel skylines
Today's Document
Mike Driver
he wasn't even looking at me and he found me
will byers stan first human second
hello vonnie

Andulka
ojovivo
Noah Kahan
taylor price
we're not kids anymore.

seen from Singapore
seen from Iraq
seen from Malaysia

seen from Russia

seen from United States
seen from Singapore
seen from United States

seen from Malaysia
seen from Canada
seen from United States
seen from Canada

seen from Germany

seen from Russia

seen from Canada
seen from Netherlands
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from Canada
seen from United States
@diegorinc-401-blog
Tres boleros y un tango.
Sin conocimiento musical suficiente para argumentar, me atrevo a incluirme en el grupo de quienes afirman que Pacho Alonso es el mejor cantante de boleros que ha escuchado la humanidad hasta ahora. Sí, incluso conociendo parte de la inmensa y gloriosa obra del gran Benny Moré. De cualquier modo, en cuestiones musicales mi opinión no podría ser mas que un simple punto de vista, quizá aferrado al poco conocimiento sobre boleros que le he podido robar a mi padre.
Con fragmentos de poemas que bajo los efectos del amor alguna vez escribí, una lista de reproducción con mis boleros favoritos, y un nudo nostálgico en la garganta —de esos que a pesar del tiempo transcurrido se atreven a visitar de manera abrupta y sorpresiva—, elijo y dedico sin su permiso ni notificación, motivado por letras de artistas ya extintos (en su mayoría) y la memoria de tiempos de felicidad ideal, tres boleros y un tango.
Después de todo Tite Curet tenía razón, los boleros siempre se escriben —y se dedican— al comienzo y al final del amor. El romanticismo majestuoso de la conquista, el tête a tête de sonrisas y suspiros, los planes ideales que administra el destino y la utopía que en uno de tantos intentos se puede convertir en realidad. En el otro extremo el implacable adiós, en ocasiones hasta luego; las decepciones, la pseudorealidad, el duro golpe de notificación señalando que no fue suficiente o que el destino y los planes amorosos no concordaban. El duelo, la aceptación, el olvido que todos fingimos pero que ninguno puede evidenciar. Y por último en lo que parece en ocasiones el final de la vida, la vida misma con su traje de bonitos recuerdos y una nostalgia amena y calurosa.
Y el tango… El tango no sigue reglas, irreverente e impredecible el tango puede ser agresivo, gritarle puta en la cara o proclamarle virgen (a veces las dos cosas en una misma canción). Sin embargo el tango elegido, aunque gritón, le grita a la nostalgia. Desgarra la garganta en alaridos pidiendo el regreso que sólo pedimos cuando estamos ebrios, nostálgicos o aún enamorados. Se despoja del orgullo y dice lo que diríamos si fuésemos capaces de dejar la dignidad a un lado, si por un instante olvidásemos las decepciones, los problemas y malos recuerdos que en algunos casos nos hacen tachar de innombrable a nuestro mal llamado “ex-amor”.
Como oda a la memoria, a los viejos tiempos siempre buenos y a la sonrisa con la que le damos cara al presente y al futuro, tres boleros y un tango para vos.
Boleros: Soy tu ley - Pacho Alonso Son cosas que pasan - Pacho Alonso Dame la mano - Pacho Alonso
Tango: Por este amor - Roberto Goyeneche
Tres boleros y un tango.
Sin conocimiento musical suficiente para argumentar, me atrevo a incluirme en el grupo de quienes afirman que Pacho Alonso es el mejor cantante de boleros que ha escuchado la humanidad hasta ahora. Sí, incluso conociendo parte de la inmensa y gloriosa obra del gran Benny Moré. De cualquier modo, en cuestiones musicales mi opinión no podría ser mas que un simple punto de vista, quizá aferrado al poco conocimiento sobre boleros que le he podido robar a mi padre. Con fragmentos de poemas que bajo los efectos del amor alguna vez escribí, una lista de reproducción con mis boleros favoritos, y un nudo nostálgico en la garganta —de esos que a pesar del tiempo transcurrido se atreven a visitar de manera abrupta y sorpresiva—, elijo y dedico sin su permiso ni notificación, motivado por letras de artistas ya extintos (en su mayoría) y la memoria de tiempos de felicidad ideal, tres boleros y un tango. Después de todo Tite Curet tenía razón, los boleros siempre se escriben —y se dedican— al comienzo y al final del amor. El romanticismo majestuoso de la conquista, el tête a tête de sonrisas y suspiros, los planes ideales que administra el destino y la utopía que en uno de tantos intentos se puede convertir en realidad. En el otro extremo el implacable adiós, en ocasiones hasta luego; las decepciones, la pseudorealidad, el duro golpe de notificación señalando que no fue suficiente o que el destino y los planes amorosos no concordaban. El duelo, la aceptación, el olvido que todos fingimos pero que ninguno puede evidenciar. Y por último en lo que parece en ocasiones el final de la vida, la vida misma con su traje de bonitos recuerdos y una nostalgia amena y calurosa. Y el tango... El tango no sigue reglas, irreverente e impredecible el tango puede ser agresivo, gritarle puta en la cara o proclamarle virgen (a veces las dos cosas en una misma canción). Sin embargo el tango elegido, aunque gritón, le grita a la nostalgia. Desgarra la garganta en alaridos pidiendo el regreso que sólo pedimos cuando estamos ebrios, nostálgicos o aún enamorados. Se despoja del orgullo y dice lo que diríamos si fuésemos capaces de dejar la dignidad a un lado, si por un instante olvidásemos las decepciones, los problemas y malos recuerdos que en algunos casos nos hacen tachar de innombrable a nuestro mal llamado "ex-amor". Como oda a la memoria, a los viejos tiempos siempre buenos y a la sonrisa con la que le damos cara al presente y al futuro, tres boleros y un tango para vos. Boleros: Soy tu ley - Pacho Alonso Son cosas que pasan - Pacho Alonso Dame la mano - Pacho Alonso Tango: Por este amor - Roberto Goyeneche
Respuesta a un desastroso sueño (canción: La despedida - Juan Pablo Vega).
No, la última vez que esa canción rondó nuestras charlas era un evidente hasta luego, un prolongado lapso en el que ni un sólo instante dejé de quererte; apesar —incluso— de haberte odiado tantas veces. Esta vez me temo que es distinto. Extintos los posibles hasta luegos y hasta prontos, declaro esto un final. Un hasta siempre en la memoria, un hasta nunca en nuestras vidas. Esto, querida excompañera de vida, es el final del libro; uno de tantos finales forzados, inminentes, impredecibles e irreversibles que sólo ocurren cuando quien desbordaba ansias de publicar, muere.
—Diego Rincón.
Le hablo a mi guitarra.
¿Qué estás haciendo, vé? ¿Do? Ah... ¿Por qué menor, qué lastima? ¿Re menor? Entiendo, pero... Calmáte, es cuestión de compases. Fijáte que esta mañana oí al director hablar del compás 64... ¿Ah? Lo sé, sé que son varios, pero... Mirá, el punto es que dicen que después de menores y silencios aumenta la tercera y... ¡Ajá, así mismo! Disfrutá de la melancolía que la alegría está pasando la página.
—Vení, pero... ¿Y lo prometido? —Sigue siendo promesa ¿no? —Pero... Te vas... —Quizá, hasta luego. —Adios. —No, hasta luego.
Pero ya no te puedo hablar de esas cosas, digamos que todo se acabó y que yo ando por ahí vagando, dando vueltas, buscando el norte, el sur, si es que lo busco. Pero si no lo buscara, ¿qué es esto? Oh mi amor, te extraño, me dolés en la piel, en la garganta, cada vez que respiro es como si el vacío me entrara en el pecho donde ya no estás.
Julio Cortázar, Rayuela. (via nomegustaelpastel)
…
(via andreasmolina)
Conversaciones diarias.
No llorés guitarra, mirá que ella va a volver. O bueno, volveremos a ella. ¿Será? Sí. ¿No? Mirá, yo sé que no podés tomar café, pero a mi tampoco es que me ayude mucho. Vení, ayudemonos. ¡Guitarra, vení! Te voy a subir dos tonos y sólo tocaremos acordes mayores ¿trato? Eso espero. Dejá de cambiarme la tercera, hoy es noche de alegría. ¿No? No. Volvamos a afinar en Mi y a tocar en la melancolía del Re menor.
Le extraño.
Por supuesto que le extraño. Le extraño y sueño con ella incluso despierto. Le extraño y mis días la extrañan también; las noches... Las noches me hablan de ella todos los días. Pero no la extraño de la forma posesiva y retrógrada en le que le solía extrañar, no. Ahora le extraño entendiendo que su libertad era, es y será mi felicidad. Replanteo el pasado y entiendo, tarde quizás, que la conocí libre, independiente; que idealizaba colarme en sus libertades sin coartarlas en lo absoluto. Pero quizá no es muy tarde. Entre sueños aparece la utopía vestida de futuro y la veo finalmente frente a mi. Sin distancias temporales, en una esplendorosa cercanía con olor a eternidad. Despierto y pienso que quizá el destino nos quiere juntos pero distantes por ahora para llenarnos de la experiencia que requieren esas utópicas eternidades de compañía mutua. Pienso a menudo que quizá seguir juntos pero distantes es lo mejor; para conocernos sin hacernos daño, para querernos sin atarnos. Y puede que me equivoque, pero esto de pensar en usted todos los días, y en la felicidad que nos brindara el futuro en un caluroso y definitivo reencuentro, no hace más que azuzarme a buscar la forma de conservar la esperanza y las ganas de recuperarla. Le extraño pero no como antes, en noches como estás extraño los discursos cursis y las notas dulces; pero en esta noche en particular valoro más que nunca el hecho de que la nobleza y dulzura de su alma me permitan seguir con usted, distante, pero con usted.
Vida musical.
Ni mi guitarra sin su cuerda, ni mi vida sin usted suenan igual.
Incondicionalidad sin fecha de caducidad.
Quizá parezca protocolario ofrecerme incondicional, pero no. Más allá del protocolo es menester que entienda mi incondicionalidad. Quizá suene complejo pero es bastante sencillo. Le ofrezco mi hombro a la hora que lo requiera, el día que lo requiera. Ah, pero yo también espero algo de su parte. Haga uso de él las veces que sea necesario, llenelo de vida con sus historias, con sus problemas, hagalo feliz con sus alegrías. Aunque nuestro título no sea el mismo, el cariño no entiende de nomenclaturas, el cariño es simplemente constante, si en algún momento quiere conversar, no dude ni un segundo en acudir a mi incondicionalidad.
Día 1
Nunca nada fue tan complicado en mi vida, y fueron días, en los que pensé si era lo mejor y lo creo. Nos estábamos haciendo daño. Y quizá ella tenga razón contradiciendo mi escepticismo, quizá fue la distancia, quizá fue la falta de vernos. Sin embargo, no hay nada que extrañe más en mi vida que sus presencias y sus ausencias. No ha habido mujer que haya logrado lo que ella logró en mí y honestamente no creo que la haya. Aunque ha pasado tan poco tiempo desde la despedida, la extraño como si hubiesen pasado años. No hay segundo de estas escasas horas en el que no haya pensado en el futuro, un futuro tan utópico como el que siempre planeamos. Pero no, no me malinterprete, la utopía entre nosotros no tiene el mismo significado, la utopía entre nosotros es una simple realidad. Nos dedicamos a desmentir utopías amándonos sin vernos, besándonos sin rozar nuestros labios, abrazandonos a kilómetros de distancia. Por esa sonrisa pienso luchar, y sé que es contradictorio decir esto horas después de haber dicho hasta luego, pero ese es el punto. Lo que espero de este día no es un adiós, es un simple y doloroso hasta luego.
Volver.
Estoy seguro que volveré. Y tengo argumentos, ¡lo juro! Son tantas las cosas que dejé sin hacer que es necesario volver. Y por volver no me refiero a ahora, ni más tarde, ni siquiera mañana; pero volveré. Se que tomará tiempo pero mi regreso vale la espera, y aunque sean años... El tiempo es relativo cuando se trata de volver. DR.
“De esas noches melancólicas que se debaten entre pasado y futuro, de esas noches pensativas, de reflexiones y alegrías, de esas noches de visos tristes, de recuerdos y añoranzas, de esas noches extrañas; de esas noches como esta noche.”
—DR
“Respondió con una frialdad desmemoriada, quizá fingió, quizá olvidó, o quizá, quizá nunca recordó.”
—DR
De aquí han de ser oriundas miles de historias en estos 80 años. Feliz cumpleaños y gracias, universidad del alma.