No dude que le estoy hablando a otra persona.
Te pido que esta noche, pensés en mí una última vez.
Piensa en lo felices que éramos cuando nos veíamos.
Recordá las locuras que vivimos juntos.
Intentá contabilizar la cantidad de recuerdos que podemos tener.
Siendo egoísta espero nadie pueda escribirte, o tener el detalle de dedicarte unas palabras.
Mientras te escribo esto, estoy pensando en cada detalle que vivimos y sinceramente se siente tan bien recordar cada cosa en la que estabas presente, cada risa, cada discusión, cada reconciliación.
Todos esos recuerdos son los que hoy nos han permitido ser “nosotros” –Te lo pongo entre comillas porque para mí sigue siendo todo de la misma manera, un nosotros, vos y yo; aunque a lo mejor sea mi terquedad que no me permite aceptar el ahora.- y por lo que ahora todavía te sigo teniendo presente como si nada hubiera pasado, es decir, como si no la hubiéramos embarrado, porque a mi parecer son culpas compartidas.
No quiero que llegue el día donde pueda mirarte a los ojos tranquilamente, donde pueda cruzarme con vos y hacer como si nada; o quien sabe tener las agallas de saludarte y no querer darte tres besos, uno en cada hoyuelo y el otro en tus labios. Estaría absurdamente encantada de abrazarte como solía hacerlo, de jugar en tus costillas, de darte los mil y un besos que te negué, pero la historia ahora es otra y lo único que algún día conseguiré, será olvidarte, olvidar lo que siento por vos, lo que sentimos, lo que vivimos, eso sí es una meta personal.
De muy buena fuente haz sabido que mi vida ha estado patas arriba y no es la excepción para mi cabeza y mucho menos para mi corazón. Bien sabes lo que se viene ahora para mí, conoces de mi lucha diaria, de mis miedos, pero debo confesarte la guerra mayor que enfrento ahora entre mi razón y mis impulsos. Esa por la que viviste cada vez que te decías: No le digas nada, no la invites, no lo hagas; pero que finalmente terminabas haciendo. Quiero pedirte perdón, disculpas o cualquier otro sinónimo de palabra que pueda excusar las cosas que te hice pasar. Yo no te merezco, café con leche. Vos eras demasiado para mí, eras un ideal, un sueño, eras una canción en acordes mayores.
Ahora la vida o mejor, la reproducción aleatoria de mi celular me castigan, haciendo que te recuerde aún más, cada vez que reproduce esas canciones que eran nuestras canciones – porque para mí, sí, teníamos canciones; que seguro ni te acuerdas- mi corazón se detiene, como aquella vez que pusiste ese anillo en mi dedo pulgar, se emociona como cuando las escuchábamos juntos o te las ponía mientras hablábamos por teléfono, pero luego recuerdo que ya no estás, que ya no estamos. Ahora mi corazón está esperando un milagro que de una u otra manera mi cabeza sospecha que no pasará, porque a nadie le caen mal las nuevas ilusiones, los nuevos caminos. Te extraño tanto, que pensar en ese milagro duele y escucharte hablar de esa nueva ilusión es peor de mortificante.
Sin querer el mundo se encarga de recordarte hasta en los detalles más pequeños, como ese olor que me derrite, que al parecer todos los hombres de la ciudad usan tu perfume.
Es extraño estar escribiendo esto, ¿sabés? Yo que estaba tan convencida, yo que tenía las cosas al parecer tan claras, yo que te impulsé a que siguieras siendo una persona libre. Ahora soy yo quien llora porque fuiste demasiado obediente y no te conformaste conmigo. Pero dime, ¿cómo le digo a mi corazón enamorado que ya no piensas en mí? ¿Cómo le hago saber que sos libre, al igual que tu corazón, al igual que tus ideales? ¿Cómo le digo que no seremos para siempre? ¿Cómo explico que tu corazón fue mío y hoy está buscando otra dueña, mientras tú aún tienes el mío? ¿Cómo lo hago, ah? Si siento que el corazón se me va salir cuando te veo. Si siento el pulso en cada uno de mis dedos. Si se me pone hasta la nariz fría de los nervios cada vez que te tengo a mi lado, cada vez que ponés tu mano en mi curva, perdón en tú curva, porque vos la colonizaste.
Creo que estoy siendo muy tonta al pensar que esto sólo será por un tiempo y que pronto volverás conmigo, que volverás a bailar y a cantar conmigo como lo hacíamos en cada viaje. Que podré seguir teniendo con vos esas conversaciones de horas, que eran sólo tonterías pero que nos llenaban tanto el alma. Que tonta pensar que algún día recibiré un mensaje tuyo pidiéndome una cita, o invitándome a pasar la tarde nuevamente contigo. Que tonta pensar que podría volver a leer un mensaje tuyo diciendo: Me encantás, estoy loco por vos.
Café con leche, recuerdo todo lo que vivimos, no sé si lastimosa o afortunadamente. Disculpáme por no darte tu tiempo para pensar, pero bien sabés que soy impaciente, pasional y que escribiendo intento saciar la necesidad de buscarte.Te pienso siempre con una sonrisa en mi rostro, porque los recuerdos bellos siempre van a superar esta pronta despedida. Me consuelo con imaginar que todo tiene un momento que llegó y no pude aprovechar; pero que espero vuelva, para poder compensarte por tanto daño hecho. Ya que no podré olvidarte, sólo me queda aprender a ser feliz así, aunque nadie muere de amor por nadie, pero no puedo pretender llamarle vida a los días que van a transcurrir mientras tengo el corazón destruido.
No puedo dejar de amar té.