Mi tristeza, no amiga, sino invasora
No llamar a la ebriedad
Ebriedad
Sino beso
¿Cómo te quiero?
Mi bar favorito para tomar solo se llama "lluvia", ahí una mesera muy amable llamada Camila se aguanta mis pendejadas. Yo sé que pone cara de fastidio cuando me ve entrar. Que ya sabe que voy a empezar por una cerveza, y que luego me voy a gastar más dinero en tragos. Para tomármelos de un sorbo, en intervalos de 39 minutos. Camila dice que mi problema es que entregó mucho siempre, sin esperar nada a cambió. Yo le digo que eso no es un problema, y que me de otro trago de vodka.
La música no me apetece mucho. Siempre pido la misma mesa y siempre voy solo. La única persona a la que he llevado a ese bar le puso ese nombre. Y lo rodeó de charcos. – La nostalgia es muy parecida a los charcos -
Mi mesa siempre está ahí para mí. Desde hace un año me fían. El dueño piensa que soy una buena persona con algunas desavenencias. Algún día no le pagaré, o el bar cerrará. Y la gente dejara de mirarme raro por beber solo. Confieso que cuando estoy en compañía, ver a otros tomar solos me hace pensarlos tristes e infortunados.
Camila me gustó cuando la vi. La primera vez que por culpa de la lluvia entre a ese bar me quedé mirando su lindo pelo castaño. Me senté, la miré a los ojos y pedí una cerveza*. Escribí en una servilleta un poema:
"Juego a tomar el café
Pero hace tiempo que ya no queda casi nada de un capuchino tan caro,
que solo se justifica por el pasar de esa mujer.
Tiene cara de ser una de esas
Que no se fijan en uno de "estos"
Bebo un pequeño sorbo.
Ella pasa y sabe que la
Miro,
Yo pienso en un
–¿este asiento está ocupado?, ¿qué estás escribiendo en esas hojas, siempre las llevas a todos lados?" seguidos de una voz tan dulce como las primeras palabras que me dirigió " ¿deseas azúcar?
Momento perfecto para empezar a fumar, comprarle una caja de cigarrillos, decirle que no me alcanza para el encendedor, que si me puede prestar uno, atenerme a la negativa, y luego dejar la caja botada, porque lo que yo realmente quería era su fuego.
Vuelve a pasar,
Debe pensar que soy mudo
E idiota
Quizás ni siquiera la miro distinto, soy solo otro de los que se sienta en la mesa de siempre, espera que ella pase, y luego escribe tonterías, quizás es eso, o quizás no sabe que la miro, y no le importa.
Ya se acabó el café."
Y sí, todo eso cabe en una servilleta. Ella no la recogió y la leyó algún tiempo después, rio, pensó que lo había inventado todo, y me llevó otra cerveza.
– tú problema es que para el
Amor eres como para el licor –
La cerveza sola trae con ella muchas reflexiones, pesa y no embucha. Y se toma despacio, como sintiéndola. Yo clasifico algunos de mis recuerdos por marcas y tipos de tragos o cócteles. El mojito es de Margarita, el aguardiente de Amapola, el vino de Ambar... (A veces para estar borracho solo se necesitan recuerdos)
A Camila le hable de ti el otro día. Ya no me quedaba dinero para pagar... Y había una gran mezcla de licor en mi cabeza. "Ella dijo que se llamaba Juliana"...
– ¿es en serio?
Camila pone cara de "acá vamos otra vez" deja un trago en mi mesa, cuando se va a retirar la convenzo de que me escuche, que esta vez es diferente y de que te llevare para que conozcas el bar.
"La vi y quería hablarle, si no hubiera sido en ese momento, lo habría hecho después, en alguna clase o en alguna fiesta. No, no sacaría las cartas, no la haría reír. La miraría a los ojos, y todo mi guion para ese momento habría quedado en el olvido. La seguridad se esfumaría, habría tartamudeos, palabras a medias, sonrisas torpes... Claro que las cosas nunca salen como uno las planea. Te habría abordado con seriedad para pedirte un cigarrillo, o fuego únicamente. Algún apunte, el teléfono de algún amigo, una dirección, un consejo, un deseo, una moneda, las posibilidades serían infinitas.
Esperé, pensé que podría culpar al alcohol de cualquier descuido, que si nada salía bien, cuando estuviera sobrio té podría hablar de poesía, o de algo que te gustara, que si me mirabas mal, te sonreiría y me iría como un idiota...
¡Le hable, me acerqué y le hable!, no le escribí en un papel, no le pedí a alguien que me diera su número o nos presentara, no hice chistes cerca de ella para ver cómo se reía y hablarle... Me acerqué y le hablé, le dije que me parecía muy linda, me quedé fijo en sus ojos... En su sonrisa
– Camila me mira con cara de poca credulidad, y se marcha-
Suena artic monkeys, No he respondido la pregunta en una ficción tan larga, son las dos de la madrugada... Te quiero como se quiere la duda, te quiero como se quiere que caiga sello cuando uno tira la moneda haciéndose el tonto y en el aire dice "por favor, por favor por favor...", como el que espera con ansias una silla en transmilenio, como se quiere una décima para no perder el parcial, como cualquiera de mis compañeros quiere pasar a la historia con un verso memorable, como el que empieza a contar semáforos para allanar ausencias, te quiero como el cuento del niño que vende sus dientes de leche para comprarle un collar a la niña que le gusta, te quiero cómo no se querer... Por qué no se querer, porque leo los horóscopos y espero coincidir, porque me levanto sin ganas, porque no me quiero, porque nunca leo para las clases, no me siento poeta, soy muy mediocre… Cuando hablo contigo de versos la vida está llena, siento que entiendo todo y que podría hablar durante horas, porque no me da pena mostrarte mis poemas... Te quiero porque no debo aparentar que solo escucho rock, porque toleras mi gusto (no obsesivo) por el alcohol... Porque hace poco no sabía nada de ti y no existía este escrito, pero acá está [mos] quizás por qué pesa más que el
“Cómo...”
Te quiero como me gustaría decírtelo en un poema de verdad... Pero salió esto.









