Besos etílicos...
Había una mirada en sus ojos. No la apartó, no tenía miedo. Todo aquello que podía sentí estaba en el aire, en las luces rojas y azules. Vio su nariz, su mentón, sus labios. Eran fugaces y momentáneos. Estaban llenos de brillos, de luz, más allá de los colores naturales.
Se detuvo. Dejó de mirar. Necesitaba algo, y sabía lo que era. Caminó esquivando a la gente hasta llegar a la barra. Esperó, hasta que el camarero se dio cuenta de su presencia. Con voz clara pidió lo que quería.
Mientras esperaba, buscó entre la gente. No encontraba aquello que había deseado durante un instante. Suspiró. “Los sueños instantáneos duran tan poco que no llegas a cumplirlos.” pensó. Admitió su derrota y pagó su consumición. La bebió despacio, dejando que la sed desapareciese de su cuerpo, hasta terminarla.
Se dirigió al baño. Esperó su turno, hablando con desconocidos. Tras salir, volvió a mezclarse entre la marea de seres humanos. Y entonces, entre todos ellos, volvió a aparecer. El brillo, la luz. La piel, los labios.
Esta vez no se lo pensó. Avanzó sin detenerse, agarró su nuca y sonrió. Otra sonrisa le respondió y no lo pensó de nuevo. Ya daba igual, la sensación suave y agresiva le atravesaba el cuerpo. Los dedos recorrían una piel desconocida. La pasión le pedía más, más. Y ya daba todo igual. No sabía ni quién era. Y daba todo igual.
















