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@dreaming-manifesting
Gloria Fuertes.
Fiel creyente de que las decepciones ayudan a soltar.
A veces.
A veces ya no hay más veces.
Rupi Kaur.
Takako Ugachi: 'Quatre Saisons' (2020)
¿El vacío nos sana… o nos delata?
La basura es la verdadera autobiografía de un país.
Stéphane Louis
From L'Éternel recours, 2009 - 2024
Nos enseñaron que el amor es encontrar a alguien que nos complete, que todo fluya sin esfuerzo y que, si duele, es porque “así de intenso es amar”. Pero esa idea está rota. El enamoramiento es solo una fase química y pasajera: una ilusión donde no vemos al otro, sino lo que proyectamos en él. La relación real empieza cuando esa euforia cae y aparece la persona tal como es, con límites, sombras y diferencias.
Muchos vínculos fracasan no por falta de amor, sino por sostener mitos dañinos: creer que somos incompletos sin pareja, pensar que el amor todo lo puede o asumir que podemos salvar o cambiar al otro. Eso nos ata a relaciones desiguales, donde uno cuida y el otro es cuidado, donde se confunde dependencia con amor y conflicto con pasión.
Un vínculo sano no nace de la carencia, sino de la autonomía. No de dos mitades, sino de dos personas completas que eligen compartir. Amar no es no necesitar: es depender de forma consciente y mutua, desde la igualdad. Y eso exige habilidades reales: conocerse, regular las emociones, escuchar de verdad, decir lo que se siente sin atacar, reparar después del conflicto.
El amor duradero no es magia ni destino. Es un trabajo adulto. Incomoda, confronta y revela, pero a cambio ofrece algo mucho más valioso que la euforia: la calma de ser visto, aceptado y elegido sin máscaras. No se trata de encontrar a alguien perfecto, sino de aprender a construir —juntos— algo auténtico.
Nota: No idealicen a nadie antes de llegar a conocer a fondo a esa persona.
El volumen del tiempo I es una novela extraña y luminosa, construida con la misma paciencia clínica con la que Tara Selter, su protagonista, observa cómo el mundo deja de avanzar. Galardonada con el Premio de Literatura del Consejo Nórdico en 2022, esta obra inaugura una ambiciosa serie de siete volúmenes que ha revolucionado las letras europeas, redefiniendo los límites entre la ciencia ficción y la exploración filosófica de la condición humana.
La premisa parte de un recurso conocido —el bucle temporal— para llevarlo a un territorio inédito. La historia gira en torno a Tara, una librera anticuaria especializada en libros ilustrados del siglo XVIII, cuya vida se transforma cuando queda atrapada en un 18 de noviembre infinito. Para su marido, Thomas, y para el resto del mundo, el día se reinicia cada madrugada en la inocencia del primer día. Para Tara, sin embargo, el tiempo se acumula: ella envejece, su piel cicatriza y, lo más doloroso, ella recuerda.
Balle construye una narrativa fragmentada, organizada en secuencias numeradas no consecutivas (#121, #122, etc.) que funcionan como un metrónomo de la existencia fracturada. A partir de este desajuste, la autora despliega un registro minucioso del cotidiano: el zumbido de las tuberías, los pájaros en el jardín, el tacto de los libros antiguos. Lo repetido deja de ser mecánico para volverse revelador; la rutina se convierte en un espejo donde Tara se descubre cada vez más sola, consciente de que la identidad no es más que una acumulación de días que, para ella, ya no existen en el calendario de nadie más.
Es aquí donde la novela revela su mayor tragedia, que no es solo temporal, sino amorosa. Balle explora con exquisitez la paradoja de una relación donde uno acumula memoria y el otro permanece en un presente perpetuo. Cada mañana, Thomas olvida lo vivido el día anterior, dejando a Tara como la única portadora del peso de su historia compartida. El papel se vuelve entonces esencial: Tara escribe compulsivamente porque el papel recuerda lo que la mente de su amado borra, convirtiendo la escritura en el único ancla física ante el olvido.
Lo extraordinario de esta obra reside en su dimensión ética y ontológica. Tara llega a una conclusión devastadora: Thomas es un "fantasma" que repite sus acciones sin dejar huella, en un mundo que se restituye cada noche. Ella, en cambio, se percibe como un "monstruo": un ser que vive en el tiempo lineal y que consume el mundo a su alrededor —la comida que come no reaparece, los objetos que mueve no regresan—. Esta conciencia de estar "devorando" un mundo finito la empuja a un aislamiento que no es solo autoprotección, sino un acto de amor y sacrificio ecológico.
Balle escribe con una prosa hipnótica, de frase larga y nítida, que avanza como una música suave con variaciones. Su mirada es filosófica sin perder sensibilidad, elevando lo cotidiano a lo sublime. Tara pasa de la confusión inicial a descubrir que "he encontrado caminos y senderos a través del día, angostos pasadizos y túneles por los que puedo circular". No es resignación, sino una nueva forma de habitar el mundo.
El volumen del tiempo I trasciende el género para convertirse en una meditación universal sobre la fragilidad de existir cuando ya no hay futuro posible. Es un estudio sobre la soledad, el amor suspendido y la resistencia de la conciencia humana.
Una novela sobre el tiempo que, paradójicamente, nos obliga a detenernos. Tara deja de luchar contra la corriente para aprender a fluir en ella, cerrando el volumen con una afirmación de vida en medio del estancamiento:
“Ahora nado. Me sumerjo.”
Ito Shinsui, Night in Ikenohata, 1921 Woodblock print. CJP auction
Hubo corazones que jamás escucharon cuánto los amé. El silencio fue, mi forma de dejar todo atrás. Los llevé en el alma, como quien guarda un tesoro que nadie pidió. Me quedo con el recuerdo, aunque sé que no bastara para mí.
-chipnervous.
Quizás forzamos algo que ya murió, hace mucho, y no nos dimos cuenta tal vez, por cariño a lo que no pudimos ser.
Camus Lionti