Nadie puede saberlo, nadie puede enterarse que aún te extraño. Vivo el duelo en un silencio que me ahoga, que aplasta mi espalda. No tengo permitido hacer eco de la necesidad de tenerte aún en mi vida, dirán que estoy loca, que no dimensiono el daño que me hiciste.
Quizá no. No quiero hacerlo.
Pero en cada calada del cigarro siento la silueta de tu ausencia, en cada amanecer de las 6am escucho tu risa.
¿Cómo llamarte amigo? Nunca te interesó ese título, cuando era el único que podía otorgarte. No hay más que decir, que sostener, tu persona se desintegra en mi memoria y lo que creía especial se escapa de mis manos.

















