Pese al “monstruo” que representa la urbanización descontrolada en nuestra ciudad, existen barrios donde mantienen sus tradiciones reforzando el sentido de identidad que ha sido heredado generación tras generación.
Tal es el caso del Pueblo del Peñón de los Baños, a un costado del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México; donde por más de 80 años se llevan a cabo dos de sus festividades más representantivas. El carnaval a realizarse dentro de los primeros meses de cada año y la representación de la batalla del 5 de mayo.
Días previos al inicio de la cuaresma con el primer miércoles de ceniza, los habitantes pertenecientes a los 3 barrios del Peñón de los baños: Los Reyes, La Ascención y Del Carmen, se disfrazan de alguna indumentaria ya sea tradicional o innovadora, en compañía de sus cuadrillas para recorrer las calles de su colonia acompañados con música de banda tradicional, e invitando a los espectadores a unirse a la fiesta previo a los días “de guardar” marcados en el calendario católico.
El anonimato detrás de las máscaras, antifaces, maquillajes y disfraces anuncian el deguste de la diversión y los excesos previo a la fecha marcada. La representación de los disfraces es una mofa a los personajes que elige cada habitante que participa.
A lo largo de varias horas de recorrido entre las calles del Peñón, las comparsas alegres y coloridas son acompañadas de los “escopeteros”, personajes que sin distinción de disfraz o barrio cargan sus escopetas con pólvora de grano para hacerlas detonar durante los recorridos. Acto que intimida o atemoriza, principalmente; a los visitantes ajenos a las tradiciones.
El Pueblo del Peñón de los Baños es también conocido por algunos como la “Colombia Chiquita”; y es que este sobrenombre tiene una de las representaciones más destacadas dentro de aquel barrio, pues es la cuna que ha visto nacer a una legendaria orda de “sonideros” que no pueden faltar en las festividades anuales. Este año no fue la excepción y durante el domingo de cierre de carnaval, un gran baile en el kiosko central del barrio del Carmen puso a mover a los asistentes.
A decir de algún habitante de la calle de Colones; “esta tradición ya es casi genética”, pues desde el primer año de vida muchos de los habitantes salieron a “carnavalear” con sus familias.
Si bien estas nuevas generaciones representan la vida dentro del carnaval, también se rinde tributo a la muerte por medio del recuerdo de los herederos de la tradición, así como de los padres, hermanos o amigos que ya no pueden disfrutar el festejo al lado de los suyos.
Una celebración que para los habitantes representa en sí, una forma única de ver la vida a partir de sus costumbres, tradiciones e identidad; siendo esta última característica el pilar principal para que sus tradiciones se mantengan vivas.