D E J A R T E I R
¿Dejar ir qué?
¿La vaga e incierta idea que creé de ti en mi cabeza? ¿La ilusión de lo que pudo haber sido, que nunca fue y nunca será?
No lo sé. Pero sea lo que sea, lo dejo ir, te dejo ir.
Ello no quita que extrañe y añore tu presencia, tu palabra, tu piel.
Que te sienta cada día más lejos e inalcanzable.
Y que en algún momento seamos verdaderamente extraños, que vivamos a la altura del “no ser nadie para el otro”.
¿Y qué si te extraño? ¿Y qué si te pienso? ¿Y qué si te busco?
¿Y qué?
Es lo único y último que me queda.
Antes de matar cualquier rezago de ti.












