Un poco de banda sonora para terminar con esto: https://www.youtube.com/watch?v=4BrVmAiHIvU Cuando empecé a dibujar este arco hace ya más de tres años no tenía muy claro a donde quería llegar. Sí, sabía que queria contar una historia sobre dos personas intentando hacer algo de provecho con sus poderes. Quería contar una historia de idiotas bienintencionados metiéndose donde no debían y juntandose con quien no deberían. Quería hacer, también, una historia que sirviese de excusa para introducir, más allá del simple tutorial que fue la primera parte, un poco el trasfondo que habita en los bajos fondos de Álamos. Y creo que lo he conseguido, y por el camino he contado cosas que no tenía en mente. He contado una historia de amistad profunda que lucha por ser sincera pero que no lo consigue. He dotado de más capas a un personaje ya de por sí complicado como es Murphy, que ahora parece que tiene algo de humanidad y un secreto que contar. Pero, sobre todo, he dado vida a dos personajes que, al principio, no tenian ninguna importancia para mi. Ibrahim y Sandra eran unos meros títeres pensados para servir de actores en la obra que quería contar, como tantisimos otros. Y, sin embargo, empezaron a crecer sin darme cuenta, a adquirir importancia y a ocupar un hueco en mi corazón. No existian en la primera versión del cómic, y de hecho son de mis personajes más recientes en el imaginario de El Efecto Icaro, pero no he podido evitar enamorarme de ellos. Ibrahim, y sobre todo Sandra, representan partes de mi que ni yo sabia que tenía. Se han desarrollado de tal forma que no he podido sino darles el puesto que van a ocupar a partir de ahora en el comic. Porque, oh si, volverán. Porque no iban a volver. Porque eran dos personajes de paso. Porque iban a morir. Pero no pude, de verdad que no pude. Los quiero demasiado. Nos vemos en el tomo 3, espero que pronto. Gracias por los comentarios, si los hubiere. Y si te ha gustado, piensate lo de apoyarme comprandome el comic en papel, donde encontrarás esta misma historia y una extra. Os juro que merece la pena.