Parte primera: El estanque o el principio
Era un estanque blanco y brillante, con peces gigantes de colores reinando con sus bocas abiertas y ojos de espejo. Había algas fucsia y erizos de mar azabache fijando el tiempo sin tiempo con el toc toc de su corazón de mil años o tal vez más. Nadaba un tiburón bueno y viejo en él, desde que lo desterraran allá en la época del hombre-mujer hermafrodita de cromañón los de su especie, por haberlo pillado comiendo plancton plateado y perdonando las vidas de los atunes.
Había sirenas jugando al ajedrez y tomando el té. Los cangrejos eran naranja fluorescente y andaban hacia delante, -como al principio de la existencia de los cangrejos-, hasta el día en el que la cangreja Moraleja conoció a una marioneta con forma de gorrión, olvidada en el fondo del estanque alguna tarde de agosto, y se enamoró perdida, irremediable y tonta, muy tontamente, del susodicho muñeco de trapo.
La historia de la cangreja Moraleja merece ser contada. Una noche fría y calma como un muerto, andaba Moraleja con una bufanda gigante de cuadros azules y violetas, intentando ver reflejadas las estrellas de la noche a través de un trozo de espejo que encontró olvidado, entre dos rocas de sal. Cuál fue su sorpresa al ver, sin buscarlo, el reflejo de dos ojos negros. Se le giró el estómago, se le apretaron las mandíbulas, cambió el latir de sus pulmones y el corazón de cangreja se le achicó tanto que no le llegó la sangre a las tenazas. Todo fue muy rápido, como pasan todas las cosas que a uno le cambian la vida.
El gorrión de trapo y ojos ónix se movió debido a la corriente submarina y ella lo interpretó como un gesto gentil. El muñeco tenía un agujero para meter la mano y darle con ella y tu voz, el alma y la vida que quisieras. Moraleja la cangreja introdujo la tenaza derecha en el cuerpecito de la marioneta, pues el frío apremiaba y fue algo así como un instinto. La mente de la cangreja ganó la partida e imaginó que el gorrión sin vida, de trapo viejo, era un príncipe cangrejo venido desde el más lejano océano, en donde los tiburones son auténticos leones, las ballenas se pasan el día bebiendo champán francés y pesan mil millones de toneladas. Allá, en donde los calamares hacen de lutier y crean guitarras y arpas enormísimas que sintonizan con su música de alta frecuencia la rotación, translación, precesión, nutación y bamboleo de la Tierra.
El gorrión cangrejo de trapo y oro fue tornándose más vivo según los deseos de la mente inconsciente de la cangreja y a medida que ella más imaginaba la personalidad idílica, los gestos magnánimos, el amor correspondido, la mente se fue metiendo en el cuerpecito de Moraleja, hasta dejarla casi paralizada, con la frente en las alturas y una melopea de ilusión tan tan grande, que no supo discernir la realidad y el muñeco gorrión se le aparecía ya como un verdadero príncipe y un marido.
Esto sucedió así durante un tiempo y Moraleja dejó como de vivir en el fondo del estanque de colores y paz perpetua y se mudó a vivir a la azotea de su locura de amor imaginario. Pasó que una tormenta trajo el viento del norte al estanque y deshizo todo a su paso, despegando a las lapas de sus rocas y a los pulpos de sus cuevas. Claro está que cuando la tormenta pasara, dejó un halo de realidad en el agua del estanque y poco a poco todos los que habitaban allí, volvieron a sus vidas antiguas, pero Moraleja no pudo encontrar a Gorrión –había ido a parar a una de las orillas del estanque y unos días después, pasaron los barrenderos y lo tiraron a la basura, como buen trapo viejo e inservible que era-.
Moraleja, por primera vez en la historia de todas las edades y mundos sintió miedo. Miedo de estar sola sin Gorrión de trapo –aunque nunca hubiera estado con ella en realidad-. Y el miedo salió lentamente en forma de lágrima de cangrejo naranja fosforito y Moraleja abandonó el estanque buscando no sé sabe muy bien qué.
Llegó hasta un mundo nuevo y allí las cosas eran más densas y los colores menos intensos y esta vez lloró de verdad, como nunca había llorado un cangrejo o una cangreja o nada. El miedo salió y salió y los cangrejos de las siguientes generaciones no quisieron nacer, pero hay cosas que no las elige uno, así que a partir del enamoramiento mental de Moraleja, todos los cangrejos del mundo, empezaron a andar al revés, intentando desafiar a la vida y volver a la muerte de no haber nacido nunca.
Desde que Moraleja perdió la cabeza y los cangrejos recién nacidos empezaron a andar al contrario, guiados por el miedo invisible, el estanque ya no fue nunca más el mismo. El agua, que antes fluía por las rocas y llegaba al otro lado del mundo por los túneles subterráneos y a través de las dimensiones de la realidad sin obstáculos, como una información ultra sónica y sin manchas, se estancó. Empezó a pudrirse y a faltar el oxígeno. Las hojas caídas de los árboles se pegaban en el agua sucia como si fueran abejas muertas y los peces se fueron marchitando como se marchita el perejil en verano. Lo extraño fue que los seres del estanque, adaptados a la vida submarina, felices antes con sus colores de maravilla y quehaceres, parecían ahogarse, les faltaba el aire, les sobraba la sal natural de su estanque de mar y océano. El dios Poseidón recibió un pergamino que una caracola se había encargado de transportar hasta él, después de dos años y dos meses de viaje. La tortuga milenaria había dictado el desorden, el desdén y el desasosiego de los que habían sido antes felices en aquel lugar a las sepias, para que le escribieran con tinta al dios que algo andaba mal, al revés.
Cuando la caracola le entregó a Poseidón el mensaje desesperado de la tortuga, ésta se posó a su lado esperando una respuesta capaz de invertir el nuevo orden establecido y poder retornar al pasado. -Antes de que Moraleja encontrara a Gorrión de trapo, antes de que el miedo existiera, antes de que la mente perversa de los animales se fuera apoderando de ellos con sus trucos para hacer de la realidad un sitio hostil.- La caracola había releído el mensaje unas mil doscientas o más veces durante su viaje transoceánico y entendió muy bien que no había enemigo, que no existía un qué o un algo contra lo que luchar. Para que el mundo fuera el de antes, solo tenías que saber verlo. No se debía de hacer nada más allá que vivir a secas. Vivir y punto. Sacar el cuchillo, arranacar una a una cualquier ilusión, cualquier planificación o cualquier esperanza. Al final, -y al principio-, si eres feliz ahora, es imposible pensar en un mañana o en un pasado mejor.
Después de un tanto esperando Caracola se arrastró hasta el dios y vio que el preciado mensaje estaba como flotando en el fondo de la cueva del Olimpo marino. El paciente mensajero quiso hacerle saber a Poseidón que había muchas criaturas esperando su dictamen, pero Caracola, como sabe todo el mundo, no tenía voz. Los moluscos encontraron en la protección de sus conchas y el silencio de sus bocas el elixir, la ventaja de estarse protegidos y poder vivir y pensar como les viniera en gana. Nunca pudo Caracola explicarles a los demás el secreto, la clave para ridiculizar al miedo y olvidarse de él. La fortaleza terrena de los moluscos es sabida por todos, ellos han sobrevivido al infinito paso de las eras y las edades, testigos intactos de los tiempos anteriores a los tiempos, desde el primer estanque, el hielo, el deshielo, los monumentos de piedras enormes, las pirámides o las estatuas de ancestros de la Isla de Pascua.
– Lo curioso del asunto es que haya viajado tanto para esto -pensó caracola al ver que el dios que iba a encerrar el miedo en el pasado, era solo un trozo de palo con una careta de dios y una mantilla tejida de oro y cubierta de flores.- ¡El dios Poseidón es una imagen, un muñeco inerte rodeado de bienes, oro, joyas y perlas!
Caracola le dejó el mensaje, le rezó tres avemarías y tomó el camino de vuelta. Descubrió cómo funcionan los dioses y le dio una risa tonta.