Es aquí donde empiezo a sentir que existe mucho más de lo que hasta este momento de mi vida he sentido, algo más por dentro, que me hace sentir que el universo está lleno de más magia de la que quiero creer. Le temo a la magia, es demasiado impredecible. Su esencia, extrañamente es algo que jamás he conocido, es un misterio, es un imán lleno de incógnitas del que cada vez me dejo atraer más, me consume. Me consume la necesidad de conocer, conocerla, conocer esa magia que me aterra y que sé, no sé porque, que solo en su esencia existe, que solo entre sus piernas, la comisura de su boca, la intimida de sus canciones favoritas, y sus poemas más escondidos voy a encontrar.
Sin embargo, esta sutileza no es tan sutil, es un universo infinitamente complejo, y descubrirle es sentirse capitán Nemo perdido en un inmenso mar de posibilidades, y sentirse Don Quijote, luchando contra molinos de viento invisibles. Descubrir la suavidad de su cuerpo es acariciar con fuerza las cuerdas de una guitarra, encontrarse frente al brillo de su mirada es alcanzar Júpiter, Saturno, Urano y Plutón, todo en el mismo efímero segundo en el que su escudo baja guardia porque se cansa. Sentir su respiración cerca, muy cerca, es sentir un soplo de la vida misma, el viento fresco y frío que me encuentra en la cima de la montaña en las primeras horas del día. Y ni hablar de sentir el calor de sus manos, que es como ponerse en pie en el balcón con un jugo de naranja en la mano, después de una noche larga y que el sol me pegue suavecito en la cara, cegándome un poquito la consciencia.
No todo es tan sencillo de definir, de asociar, continúa vivo el misterio. Siempre se sienta a contarme de sus días pasados, y yo sigo preguntándome ¿qué pasó en su vida para que cargue esa constante mirada vacía? Verla llorar no se compara con nada, tal vez con caminar con el corazón roto bajo la lluvia, sin saber a dónde correr, sin saber si gritar o callar, si ahogarse o tomar una bocanada de aire que de pronto me mueva el cuerpo. Su misterioso dolor, la ausencia poderosa que carga en el alma, sus anhelos más profundos, los momentos en los que conozco otra mujer, no al rayo de sol, sino al rayo que cae fuerte y estalla durante la tormenta. Así es, también es una poderosa tormenta que arrasa con todo cuando se desata los límites, que es capaz de tomar un corazón vivo y acribillarlo sin contemplaciones, sin pausas, sin respirar un poco. Que usa toda su “sutileza” a su favor y mueve las fichas de su tablero de ajedrez como si fueran maniobras de ejércitos entrenados por siglos, con sigilo, sabiduría y malicia. Es mala, es la perfecta mala por la que todos correríamos el riesgo de ser rotos sin contemplaciones, sin pausa, sin un respiro para ver pasar la vida.
Entre el encanto de su cuerpo lleno de tinta, sus caderas pequeñas, sus tetas pequeñas, sus nalgas de la proporción adecuada para mí y su voz, me encuentro como un crío pequeño en medio de la calle empinada de un barrio feo en Bogotá, me encuentro con la soledad esperando una cerveza en un bar feo en el centro, me veo de lejos corriendo sin moverme un centímetro, sintiendo que el universo me sabotea a cada segundo en el que decido quedarme allí.
El imán no se daña nunca, no pierde intensidad, no pierde poder. Dejé de sentir el viento fresquito en la mañana mientras me tomo un jugo de naranja en el balcón, me fastidia el sol. La música deja de ser alivio, y ahora solo es una estúpida excusa para fumarme un cigarrillo en el balcón y pensar en ella, en cualquier cosa que me atraviese la cabeza que tenga que ver con la feminidad fatalista que es toda su existencia.
Respiro de nuevo, la calle ya no se ve tan empinada y fea, el bar del centro se llena de amigos estúpidos y caderas sin gracia, sigo sintiendo la soledad en cada sorbo de cerveza, pero tomé la bocanada de aire que me movió el cuerpo.
“Conocí a mi femme fatale” ¿De qué putas me habla este man?
Femme fatale: Misteriosa, seductora, peligrosa, hipnótica. Pocas veces opera a través del deseo sincero, sino más bien mediante una coerción que inmoviliza intelectualmente a sus objetivos; dejándolos obnubilados por ella. Su encanto oscuro no es una cualidad innata; no nace con ella, sino que se desarrolla a partir de algún tipo de trauma en el pasado que la conduce. Figura destructiva y fascinante. Se trata de mujeres que han estimulado y representado el arte, un universo femenino muy cautivador y transgresor.
Entre más leo sobre esto más creo que la encontré, la amé, la perdí y me acabó. Acabó con la vida que inyectó sin preguntar en la cabeza, el corazón, el alma.
No sé si es una femme fatale pero ya conocí y amé, a la mujer más… que se pudo atravesar en mi camino por la calle fea de un barrio de Bogotá, con un rap español que yo no conocía acompañando sus días, un poema escondido entre sus labios, una película intimista, y un café dulcecito en un lugar que es mágico si es ella quien lo recorre con sus ojos en busca de una buena foto.