Perdón por el flash, es que me gustás demasiado.
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@elfondodeburzaco
Perdón por el flash, es que me gustás demasiado.
Nacimiento.
Viajar anidada.
en una hamaca
de tela blanca.
sostenida por la brisa
del verano que me acuna
cuando el cielo ruge lejos
Y anuncia un nuevo parto.
en el centro
en el aire
es imposible derrumbarse.
camino a dos centímetros del suelo
y floto más allá
con la lluvia fresca que perfuma
al precipicio que siempre espera.
se pierden mis ojos si miro el infinito
buscando la respuesta de mi origen
y de mis cuencas se escapan
Brincando a las estrellas
que en códigos del universo
conservan mi linaje.
Sale mi voz y
desarma la esfera que me limita.
reviento en rocas de cuarzo.
y me transformo
siempre
siempre
en cardumen de deseos
que aletean casi muertos.
Quiero ser cursi.
Te beso hasta el fondo de tus ojos donde otros besos me esperan y capturan los míos.
Te beso y te miro las pestañas llenas de rimel que apenas se elevan con la fuerza de tus párpados sombreados, y una línea celeste como un día soleado, se asoma y brilla con el agua de mis labios. Purpurina del cosmo que tu luna de mármol, reposa en mis hombros. Sé a qué huele tu piel porque te soñé en un mar de coco y miel donde llenabas tu fuente de vida de fruta blanca para aliementarme desde tus entrañas.
Constelé, de un lunar a otro, el cielo infinito de tu piel. Hay una galaxia inexplorada en los remolinos de tu pelo, donde la punta de mis dedos, encaracolan tus sentidos. Tu mirada nebulosa, no puede decidir si mirar mi deseo sin retorno, o bajar las persianas y flotar en la penumbra, hasta el portal de ese viaje que te regalan mis estrellas. Te diría ahora que te extraño más temo que me llames cursi sin remedio y te avergüences de mi corazón palpitante. Oh, no te asustes de este amor, fuerte y joven como un potro corriendo bajo un sol brillante, ni de mi intensidad que diluye todo lo que lo que toca y lo vuelve agua turbia. No te deseo cristalina, quiero bucearte profunda, palpando el relieve, en un tiempo infinito, de tu cintura blanca. Me guardo en un cofre sin llave, pequeña y expectante, saboreando conocerte, para que sin misterios ni preguntas, vengas a buscarme.
Último Venus
Juntarnos un rato,
Tomar una birra.
La mesa del bar impone la distancia
que necesito para tocarte las manos.
Besarnos. Tus ojos. Festejo.
Preguntar que comemos,
levantar las persianas,
arear las sabanas.
Besarnos. Tus ojos. Festejo.
Los gatos te distraen y desnuda les tiras la pelotita.
Te pido una toalla, te uso el shampú.
Miramos tele.
Besarnos. Tus ojos. Festejo.
Las verduras del super,
Un vino en la mesada,
El curry de calabaza.
Besarnos. Tus ojos. Festejo.
Dormirnos cansadas,
Beso fugaz en el umbral de tu casa.
Regreso a la mía.
Riego las plantas.
Amaso la gata.
Te pienso. Tus ojos. Festejo.
Sé que la tormenta estaba pronosticada por la intensidad de mis sentimientos. Me siento volar en una calesita de plaza con arena, en caballos que giran estáticos a ningún lugar. Sé que vuelvo a la posibilidad de la buena fortuna pero se me escapa en las volteretas de lo que anhelo desde mis carencias. Sé que esta pasión me deja heridas y no lo voy a negar; me relamo lamiendolas
Antes que llegues tuve que escribir versos tristes sin melancolía. ¿Te imaginas algo más vacío? En cada palabra imprimí tu cuerpo, el color de tus ojos, tu pelo encaracolado, el sabor de vos. Pero sin vos, claro. Porque no tenía, aun, la luz de tu belleza o la sombra de tu ausencia y ,mucho menos ese agujerito donde puedo regodearme, delineando el gozo porno, el tormento de extrañarte
Ahí en el umbral de tu puerta, la despedida y tus besos, que siempre son como el primer chapuzón en el mar
Dispersa
Todo el día, entre textos y canciones, te beso la espalda. Salto de un lunar a otro dibujando constelaciones que hablan de vos y de mi y el misterio del encuentro. Pienso que el sendero de esos besos lo ilumina el calorcito que tiene tu piel, que imagino huele a flores blancas. El deseo por verte pronto me tiene dispersa y te escribo esto para sentir que estás mas cerca.
Una piedra en el zapato. Algo que no encaja; meter un cubo de madera en el vacío de un triangulo. La incomodidad vuelve como la marea de una playa mansa. Se parece al deseo repentino, a las mariposas tempranas, al beso que tarda en apagarse.
Un triunfo del despertar y el placer de flotar en las aguas del análisis.
El rancho tiene varias cosas copadas. Tengo un balcón que da al cielo abierto y cuando baja la temperatura corre aire que huele a tierra húmeda En el medio del patio hay un árbol que florece solo de noche. No sé como se llama pero tiene las hojas del color de la lima y flores grandes y blancas que huelen a magnolia. La casa vecina tiene un paltero y un níspero y la de enfrente un limonero y varios rosales. Por toda la vereda distintos árboles crecen hace años. Uno en especial es mi postal favorita de todas las tardes. Es altísimo y con las ramas muy abiertas, cada una se abre formando un micro cielo de nubes verdes. Desde atrás el sol se pone y la luz se vuelve, dependiendo del ánimo de la lluvia, gris plata, rosa o violeta. Cómo es más alto que los faroles, de noche su sombra se eleva formando una figura que podría ser un conejo mirando la luna.
Sos como intentar hablar de lugares que solo conozco por postales. Es lindo, me encantaría, ojalá pueda pero ni idea. Es irracional si lo pensás. No tiene sentido la sensación de extrañar a un extraño. Es querer armar un cubo mágico que tiene todos los cuadraditos del mismo color.
No voy a esconder quien soy y mucho menos lo que deseo. Ahora te deseo a vos y a tu cama y repetirme muchas veces ojalá me escribas y volver a esas birras y a la luna llena de enero y caminar de tu cuarto a la cocina por agua y una fruta después de la estampida.
Me desarmo en tu simpleza, en la austeridad de tus palabras, qué es la belleza que empuja mis pensamientos. Como cuando viajo en el tren y pasa por Lanús. El corazón se me para y dejo de respirar. No mucho, un rato, apenas para dejar pasar la idea que quizás subas al mismo vagón porque tenés que ir a visitar a tu mamá y te encontrás conmigo. Te voy abrazar con todas las flores de mi vestido, sostenida únicamente por la médula del deseo.
Soñar con calor.
Una playa en Bs As, llena de gente iluminada por el sol pero bajo un cielo cargado de nubes negras. Todos miran al mar y saludan a un avión antiguo, muy negro y brillante que planea cerca de la costa. Veo un bebe de aproximadamente un año intentando bajar de una roca color arena. Su hermano mayor aunque no mucho más que él lo alienta, lo espera mientras le hace señas con el brazo “vení, ¡dale! bajá”. Está Sofía saludando al avión, la veo de espaldas con las manos extendidas. Me doy cuenta que muy cerca, hacia el oeste, el mar se agita y se empiezan a formar olas gigantes. Rápidamente una de ellas se levanta y el tsunami se acerca a toda velocidad. Comienzo a correr y llego hasta a una avenida. La ola gigante está a punto de alcanzarme, me doy vuelta y la veo inmensa como el cielo y entiendo que me voy a morir. Con los brazos en cruz me tapo la cara y bajo mirada. Ya está; me va atrapar. Pero cuando llega a mi pierde toda la fuerza y se desvanece en la punta de mis dedos como cuando el mar apenas hace espuma en alguna playa tropical. Desesperada por mis hijas, vuelvo a la playa a buscarlas pero me encuentro en otro lugar. La entrada de un edificio angosto y gris, con la puerta gris y una escalera gris. Más allá; oscuridad. Un hombre se acerca y me da una tarjeta color verde con letras rojas que dice: “Escribir es desenmarañar lo que observamos”. Me despertaron los martillazos del albañil y la gata vomitando.
Llevar lo que escribís a sesión es terapia diez veces.
No me alcanza solo con el cariño suave y compasivo.No quiero un nido de amor sin misterio. Quiero desear morirme por lamerte el contorno de la mandíbula. Quiero que tengamos charlas de horas largas y que seas mi momento favorito del día. Oler el sonido de tu voz cuando me hables del Sol. Que la luz de la mañana se filtre por las rendijas de tu persiana y te dibuje lunares en la piel. Me pienso en medio de dos ríos, con cauces contrarias y ninguna de esas suertes me llevan al mar. Sé que no es uno el camino, la verdad la llevo siempre conmigo pero me cuesta decidir.
Todo lo que soy, habita en mis recuerdos que flotan sin fotos ni registros. Si no estuviera viva hoy, con voz y manos ni letras que nacen del presente, nada delataría mi existencia.
El cielo de Lanús.
Ojalá me invites a tomar una cerveza,
pienso cada vez que vuelvo de tu casa.
Quiero escucharte hablar de Saturno
y sentir como se achinan mis parpados
porque las estrellas de tus hombros
titilan en mis ojos.
Es un deseo que imprime otra realidad,
no podría entender nada de lo que hablás,
mi atención estaría en el palpitar de mi monte de Venus
que se agiganta con el vaivén de tus pestañas.
Es probable que no escuche el sonido de tu voz
por la fuerza del deseo de meterme en tu cama
y que desordenes todos mis planeta
con la punta de tus dedos.