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No te arriesgarás?
Decidí que yo también me permitiría ser todo aquello que quisiera ser
Albert Espinosa
La que fue capaz de apostarse y perdió
Pobrecita, no sabe que quererte es la peor forma de llegar a vos.
Que no parezca amor
Vos decís libre y yo digo cobarde. Cobarde todo aquel que no es capaz de comprometerse con el instante. Cobarde todo aquel que no esté presente cuando el otro está desnudo y vulnerable. Cobarde todo aquel que puso un límite desde el principio. Es que no quiero nada serio. Como si no fuera lo suficientemente serio estar dentro, físicamente, de otro ser humano. Es que no creo en las etiquetas. Como si ponerle nombre a las cosas fuera algo malo. Es que busco pasar el rato. Como si la vida fuera para siempre. Hay algo tan neurótico en nuestra manera actual de relacionarnos. Tan irrespetuoso con la vida. Tan impaciente. Y queremos más: más picante, más gorda, más grandes, más altos, más guapas, más fuertes, más delgadas. Nos aburrimos porque no nos soportamos a nosotros mismos. Porque no queremos que nadie nos conozca. Porque es más sencillo empezar de nuevo a cada rato vendiendo nuestra mejor cara. Porque es mucho más sencillo coger que limpiar lo cogido. Porque tenemos miedo a que en el fondo seamos un auténtico fraude. A que cuando el otro arañe un poco vea que no hay nada. Nada serio. Y aquí seguimos rascando, cambiando cromos repetidos, poniéndonos ropa interior cara para que otros se limpien los pies al entrar. Haciendo del Amor una servidumbre de paso. ¿No sentís a veces que vales más que todo eso que haces? Que tus ojos todavía pueden ver. Que tenes tus pies moviéndose para llevarte al lugar que quieras. Que tu boca es capaz de dar las gracias. ¿No sentís a veces que te mereces más que lo poco que te dan? Dos besos mal pegados. Tres minutos entre las piernas. Y un WhatsApp: No me agobies. Lo más triste es que esta sociedad ha conseguido invertir los papeles. Ahora si decís que sentís algo, estás loco. Es muy pronto. Muy arriesgado. Poco inteligente. Decime vos, cómo haces para no sentir algo cuando lo haces. ¿Cómo se finge la vida?
Recuerdo
Quizá les haya pasado en alguna ocasión. Quizá, alguna vez, caminando por la calle les pareció ver entre el tumulto de la gente a una persona a la que amaron hace mucho tiempo. Apenas fue un instante, un breve destello de luz, el suficiente como para dejar una quemadura en la retina y en el alma. El suficiente como para dejarte paralizado en mitad de la vereda sintiéndote a contracorriente de todo, sin saber muy bien que hacer o que decir. Y se le llena a uno la cabeza de recuerdos, y el caso es que no estás seguro de que se trate de esa persona.
Porque... Primero como digo fue un breve instante, y segundo porque hace tanto tiempo desde la última vez que se vieron que…Todos hemos cambiado en este tiempo. Y vos también aunque te niegues a reconocerlo. Y está bien que así sea.
El caso es que uno queda dudando en mitad de la calle, pensando si no será que uno confunde la realidad con el deseo. Quiero decir que quizá sí se trate de esa persona, pero a lo mejor no. A lo mejor uno la desea tanto que la inventa entre la gente. Desapareciendo y apareciendo, apareciendo y desapareciendo.
Y no digo que quedara algo urgente por decir, algo pendiente… Quizás no sea eso, quizá sea sólo un deseo inconsciente, y uno sólo quiere encontrarse con ella para decirle cualquier tontería. Quizás para recuperar un pedazo de aquellos tiempos en los que éramos eternos e invulnerables. Quizás sólo para decir “¿Qué fue de vos en todo este tiempo?” “¿Qué fue de nosotros?” “¿Qué fue de mi?”…
¿La historia se repite? ¿O se repite sólo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla? No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca. El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa. El derecho de recordar no figura entre los derechos humanos consagrados por las Naciones Unidas, pero hoy es más que nunca necesario reivindicarlo y ponerlo en práctica: no para repetir el pasado, sino para evitar que se repita; no para que los vivos seamos ventrílocuos de los muertos, sino para que seamos capaces de hablar con voces no condenadas al eco perpetuo de la estupidez y la desgracia. Cuando está de veras viva, la memoria no contempla la historia, sino que invita a hacerla. Más que en los museos, donde la pobre se aburre, la memoria está en el aire que respiramos; y ella, desde el aire, nos respira. Olvidar el olvido: Don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó que tenía mala memoria y se acordó de todo. Recordar el pasado, para liberarnos de sus maldiciones: no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos, se decía recordar para decir despertar, y todavía la palabra se usa en este sentido en algunos campos de América Latina. La memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia; pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron.
EDUARDO GALEANO
“Patas Arriba, la escuela del mundo al revés”
Sin embargo, ni tus ojos ni los míos tanteandose en la noche muestran signos de vértigo
John Berger
"Seré quien sea o tenga que ser frente a los demás, el tema es mas jodido de la puerta para acá.
AB
Las palabras que sobran
Creo -Y diciendo esto, me baso en muchos días de retrospección- que nunca tuve tanto miedo de decir algo. No se si será miedo, vértigo o que, pero no puedo exteriorizarlo. Me cuesta. Y lo único que quiero es ir y decírselo a las personas que más amo en el mundo entero. No va a suceder. No, claro que no. No necesitamos una mirada altanera más.
Desviadita
Si faltaba algo para terminar de ser la distinta de la familia...
Sobre todo cuando la única forma de hablar, es escribiendo algo que nadie va a leer
A veces digo cosas que me sorprenden despues que las releo.
LetÃcia Durlo - Photographer
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TAN BELLAS!!!
Ando buscando luces en las sombras, una palabra y un oído fiel. Ando queriendo que me den la mano, que no la suelten, que la agarren bien.
Ando buscando risas en los llantos, algún abrazo que ahorque mi temor. Ando queriendo que no duela tanto, este camino ruin por donde voy.
Quiere liberar su euforia Y echarse a volar. Y no hay que perder, jamás, de vista aquella razón que le da sentido a esta historia. Adentro tuyo hay un mar que avanza fuera de control...
- Cerró los ojos y se encomendó a su brillo-
Y, sin embargo, amor mío... apenas tuvimos tiempo de que nada se convirtiera en una costumbre de verdad. Excepto la de dormir abrazados. Si, a eso sí que se habian acostumbrado nuestros cuerpos.