La Conspiración Egipcia - Parte I: Set
"Discípulos míos, he vuelto de mi meditación con una larga historia que contaros.
Os acordáis del antiguo Egipto, ¿verdad? Bueno, quizá no en sentido literal (no se si Dios se acuerda siquiera con detalle: sus discos duros necesitan una desfragmentación urgente), pero ya sabéis, toda esa historia de las pirámides, faraones, el Nilo y los jeroglíficos. Dioses con cara de chacal, de pájaro o de muerto viviente. Todo eso.
El otro día le pregunté a Dios si alguna vez se ha preguntado, no se, cómo sería no ser la única divinidad en los cielos. Tener hermanos, primos, tíos divinos... el caso es que se horrorizó. Dijo literalmente "naranjas de la China", o eso creo recordar. Que es que eso ya ha pasado más de una vez, y que la cosa siempre acaba convirtiéndose en una casa de putas.
Mirad por ejemplo a la antigua Grecia. ¿Qué hicieron los dioses ahí? Soltar monstruos marinos, invocar tormentas, pelearse con titanes en medio de las ciudades (sí, algo así como en Godzilla pero con hoplitas)... incluso iniciaron una guerra de diez años después de un concurso de Miss Olimpo que salió terriblemente mal. Al final, son como niños jugando con dinamita.
Total, que no, que no quiere ni oír hablar del peluquín. Y a lo que iba: me habló de Egipto, del antiguo Egipto, con sus dioses tan estirados, tan formalitos, tan... 2D. Yo siempre he creído que, aparte de disputar o matarse alguna vez aislada, tampoco esos dioses la habían montado tan gorda.
Me equivocaba. Una diosa, astuta y maligna, tramó un plan para hacerse con el poder, y expulsar a todos sus competidores. Imaginad por qué Moisés tuvo que salir de allí cagando leches. Os contaré la historia de estos pobres tipos. La historia de una conspiración."
Y el primer protagonista de esta historia, el primer dios cuya historia se revela, es Set.
El dios de la fuerza bruta, de lo tumultuoso, de lo incontenible. Dios de las tinieblas, de la sequía, del desierto. Patrón de las tormentas, la guerra y la violencia.
No contento con ser todo eso, mató a su hermano Osiris, al más puro estilo Bruto y Julio César, y usurpó su trono, hasta que Horus, el hijo de Osiris y su mujer, Isis, le derrocó y restableció el orden.
Un pedazo de pan, vamos. El típico personaje que todo el mundo quiere salir de cervezas con él. Pero todo fue producto de una campaña de desprestigio (ya hemos dicho que la diosa que lo organizó todo, cuyo nombre espero poder revelar más adelante, era astuta).
Hay algo que sí es cierto, y es que Set (lo llamaremos así, aunque entonces aún no tenía nombre) era, cuando se creó el mundo, el dios del desierto. Ahora bien, esto es como ser el dios de los descampados, o el del aeropuerto de Castellón. Infumable. Es como "Los lunes al sol" pero todos los días. Y encima eres inmortal.
Como no podía ser de otra forma, Set estaba hasta los mismísimos, así que pensó: "¿Qué es lo que más poseo?" y se respondió a sí mismo "Joder, pues arena, Einstein" (Einstein no había técnicamente nacido todavía, pero ¿eso le importa a un dios?). Así que se figuró cómo darle utilidad a la arena, y a la vez conseguir algo que le quitase el aburrimiento. Imaginó un deporte en el que cada partido pudiese durar una eternidad, que se pudiera jugar bajo un sol abrasador, y sobre arena.
Hizo una primera prueba. En cierta ciudad, había dos vecinos acomodados, que se llevaban a matar, y cuyas fincas estaban separadas únicamente por una valla de piedra. Set llevó un escorpión del desierto, el más venenoso que encontró, y lo dejó caer en el suelo arenoso de una de las dos parcelas.
Cuando el "afortunado" vecino vio a aquel bicho, soltó un alarido, cogió un palo y, sin más miramientos, lo lanzó por encima de la valla a la finca de su odiado enemigo. Casualmente (o no), el dueño del segundo terreno lo vio todo; enfurecido, tomó asimismo un garrote y le devolvió el regalo. La cosa devino en horas y horas con el pobre escorpión de un lado para otro, por encima de la valla, hasta que al final, uno de los dos rivales no alcanzó a devolverlo antes de que saliese por patas (las ocho) de allí. Y entonces, la deidad se apareció ante ellos.
A partir de ese instante tomó su nombre. Set, el dios del tenis.
La popularidad del recién inventado deporte creció como la espuma. Se mejoró la arena hasta límites insospechados (es lo que a día de hoy se conoce como "tierra batida"), se probaron alternativas al palo, y hasta los esclavos que construían pirámides se montaron sus pistas para jugar entre bloque y bloque de caliza.
Desafortunadamente, el deporte rey por aquel entonces en Egipto era la natación. Cada año los atletas batían nuevos récords de velocidad, especialmente en las pruebas que incluían el uso de cocodrilos. Y el dueño de todas las tierras fértiles que rodeaban el Nilo y que se beneficiaban de este deporte era, sí, un tal Osiris, el hermano de Set. Osiris sintió su monopolio amenazado y quiso matar a Set, con la mala fortuna de que fue éste, en legítima defensa, el que acabó matando a Osiris.
Su reputación destruida, la práctica de su deporte terminantemente prohibida, Set huyó del país, y esperó durante mucho tiempo, hasta que encontró y poseyó al humano perfecto para esconder su naturaleza divina. A día de hoy, este "humano" es el mejor tenista de la historia sobre tierra batida. Quizá le conozcáis.