Días extraños
Me parece extraño que en todos estos años no te haya escrito nada. ¿Me he callado por vergüenza o porque nunca supe si era un inicio o el fin de algo?
Hoy tiré tu cepillo de dientes y ha sido de lo más difícil que he hecho en mucho tiempo porque significa que ya no vendrás, que ya no pasaremos otra noche juntos. Todavía conservo varias cosas tuyas que acomodé en la parte alta del closet, lejos de mi vista. Espero hagas lo mismo con mi cepillo de dientes y mis chanclas.
Todavía no encuentro valor para borrar nuestras conversaciones. Sé que soy aprehensiva y me cuesta soltar. No puedo evitar releer todas las palabras de amor que me dijiste y transportarme a esos bellos momentos donde nos amábamos, donde era feliz con tanto amor.
Es increíble cómo de una día para otro todo cambia. “En solo un minuto vi mi vida cambiar”, dice Nacho Vegas. Recuerdo la mañana de ese viernes, nos saludamos amorosamente, como siempre. Me da gusto saber que jamás escatimamos en palabras de amor. En la tarde de ese viernes todo cambió y han sido unos días caóticos, desconcertantes, tristes, solitarios, extraños.
Y durante casi dos meses hemos surfeado las olas del caos. En la mínima compañía indispensable.
Me dolió (y me sigue doliendo) la fragilidad del amor que me tenías.
Ya vaticinaba este final, aunque no con el caos con el que llegó.
Me duele haberme sentido tan sola durante el huracán que nos llegó. Cada quien hizo lo que pudo en el momento, lo entiendo, pero no estoy satisfecha con eso.
Parece que ya pasó la tormenta que nos trajo hasta aquí y es momento de soltar. Tu cepillo de dientes en mi bote de basura parece ser el inicio del fin. Ese cepillo de dientes en el baño de mi habitación; la habitación que, hasta hace unas horas, fue testigo de nuestra pasión y amor, un amor convertido en todo y en nada. La habitación donde tantos días reímos, inclusive anoche. La habitación del departamento que nos vio llegar hace casi un año, cuando compartimos la primera cena aquí, sentados en el piso porque no tenía ningún mueble, donde no había nada, salvo nuestra compañía y eso era suficiente, más que suficiente.
Cuántos días pasamos en la intimidad de nuestras casas, compartiendo nuestros espacios; abriendo las puertas de nuestra vulnerabilidad, haciendo evidentes nuestros defectos y apreciando más nuestras virtudes. Atesoro en mi corazón todos los momentos bellos que pasamos juntos y quisiera regresar el tiempo y sentirme de nuevo así, pero sé que eso es imposible, así que solo me queda la nostalgia.
Sé que vendrán tiempos mejores porque siempre ha sido así.
Hace unos días rompí cartas y escritos de años anteriores y de amores pasados. Confieso que algunas cosas que escribí me causaron risa, pero en ese momento seguramente eran emociones tan intensas como las que ahora siento. Entonces, esto también pasará.
Podría seguir prolongando este final con varios encuentros más, pero no serviría de nada; ya no quiero postergar lo inevitable.
Disculpa por mi enojo, me molesta cuando las cosas no salen como quiero, quizá no me queda tan bien la canción que dice “claro que sé perder”, porque por momentos te he odiado y te he deseado mucha infelicidad, al menos equiparable a lo que siento; equivalente a los malos ratos que he pasado intentando tener una relación contigo.
¿Sabes? Ya recordé y claro que te he escrito!!!, todo está en mis notas del celular, aunque debo confesar que todas las veces que lo he hecho han sido en momentos de dolor y sufrimiento. Me da tristeza pensar que en los momentos felices no escribí nada, pero es normal. Vivía feliz, y cuando eso pasa uno no quiere hacer nada más que seguir en ese estado de éxtasis y eso hice.
¡Vaya que son días extraños! Tengo un viavén de emociones, similar al día de hoy: hizo calor, se nubló, llovió, y ahora se siente todo fresco y en calma. Así quiero estar, en calma, pero sé que continuarán los días extraños.
*Calypso







