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Xuebing Du
🪼

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Origami Around

Discoholic 🪩
DEAR READER
he wasn't even looking at me and he found me

@theartofmadeline
Misplaced Lens Cap

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@elmiedonoesexcusa
“Llegó a ser tan sincera en el engaño que ella misma acabó consolándose con sus propias mentiras”
— Gabriel García Márquez / Cien años de soledad
“Si nunca te vuelvo a ver
siempre te llevaré conmigo;
adentro,
afuera,
en mis dedos,
y en los bordes del cerebro
y en centros
de centros
de lo que soy y de lo que queda.”
Charles Bukowski
“Durante un segundo de lucidez tuve la certeza de que nos habíamos vuelto locos. Pero a ese segundo de lucidez se antepuso un supersegundo de superlucidez (si me permiten la expresión) en donde pensé que aquella escena era el resultado lógico de nuestras vidas absurdas.”
— Los detectives salvajes, Roberto Bolaño
“A estas alturas enojarse es perder el tiempo. Y, lamentablemente, a mi edad el tiempo cuenta.”
— Roberto Bolaño
“Ojalá algún día volvamos a encontrarnos. Ya no tan jóvenes, ya no tan tímidos, ya sin miedo. Y ojalá, me quieras.”
—
“Uno siempre quiere ir donde ríe”, a donde las risas son fáciles, donde se puede estar en calma , pero “uno es de donde llora”, uno puede compartir las risas con cualquier desconocido, pero dime al finalizar la noche cuando todo esta en calma ¿Quién es la ultima persona en quien piensas?, cuando el silencio te acompaña ¿Cuál es la mirada que recuerdas?, cuando despiertas a media noche ¿Quién ocupa tus pensamientos?, ¿Por quien rezas esperando aun en la distancia se encuentre a salvo?, ¿Cuándo tienes ganas de llorar cuales son los brazos donde deseas estar?, a cualquiera podemos mostrar nuestra sonrisa, pero son pocas las personas a las que les mostramos nuestras lagrimas. “Uno es de donde llora pero siempre querrá ir donde ríe”, dime con quien te has dejado ser tu , y mostrar tus debilidades, quien te conoce con los ojos llorosos y el alma rota , ahi donde lloras es tu casa y tu refugio.
Bitácora de un corazón roto, Historias del divan , Luz Ojeda Saldaña
(via historiasdeldivan)
El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor.
Él no me quiere. Quiere mis buenos ratos, mis sonrisas, mis días soleados, mis rizos largos y mis ganas de viajar. Quiere el orden de mi vida y el desorden de mi cama, los abrazos que terminan en orgasmo y los besos que despiertan las ansias a mitad de la noche. Quiere mis manos en las suyas, sus piernas sobre mí, mi cuerpo y su cuerpo hechos nudo y mis pies apuntando al camino que anda. Pero no quiere que caminemos juntos. No quiere lágrimas, ni cielos nublados. No le gusta mi cabello corto, ni la pesadez que a veces me obliga a quedarme en casa. No busca salvar tormentas, ni abrazarme cuando soy huracán. Sólo quiere que le escriba sobre amor, pero no se aventura a amarme… Él quería ser marino, pero estaba cómodo con su miedo a las mareas. Así que no quiso intentarlo. Resguardó su corazón entre sus propios brazos y el mío lo dejó volando. Y aunque lo que yo sentía por él me llenaba y me hacía florecer, no, él no me quiso.
Tu amor se había agotado. Me dejaste viajar solamente para que lo entendiera. Pero sin embargo no lo entendí hasta arribar al aeropuerto y no encontrar tus ojos entre los que me esperaban. Y no lo acepté hasta llegar a nuestra casa y leer tu carta de despedida escrita con el horrible estilo de los que han dejado de amar.
La mosca dibuja espirales en la superficie de una copa de vino abandonada. El sol se empecina en meterse en la habitación con su alucinante claridad. Hay ropas desparramadas que aún modelan la forma que contuvieron antes de caer. Hay ceniceros, copas, botellas, polvo sobre los muebles, libros que ignoran su inutilidad. Hay sobre la cama un cuerpo de mujer.. Respira arrítmicamente. Hace una hora o seis que despertó. Corre de un lado a otro. La mente que desanima ese cuerpo es un martillo. Pregunta. Trabaja con minuciosidad la matería del sufrimiento. El cuerpo y la mente de una mujer que se niega o aceptar su nueva situación: está sola. El contestador telefónico registra llamadas de amigos y de algún pariente que supone que una gota de sangre en común le da derecho a comprender. La que no llega es la voz de la única persona que le importa en el mundo. Está sola. Trata de entender que se encuentra en un período natural de adaptación. Es lógico que le cueste retomar el ritmo anterior a la llegada del hombre que se ha marchado. Es una mujer inteligente, pero algo se desgarra dentro de su cuerpo. Se pregunta para qué y por qué y si fue verdad lo vivido junto al hombre que ya no está. Como si la existencia fuese una pugna de equivocaciones y aciertos se interroga por los errores cometidos. Ama la música, pero la ha olvidado. La casa está en silencio. Sólo la claridad empecinada hace un metálico sonido. El cuerpo se ha sentado en la cama. Los restos de un batallado maquillaje dibujan luces y sombras en su cara. Va al baño. Pasa sin interés delante de un espejo. El cuerpo ha recuperado los movimientos mecánicos para ejecutar los miserables actos cotidianos. Pero su mente continúa obsesiva en la tarea de sufrir. De no querer dejar de sufrir para que algo de alguien no desaparezca del todo. Las manos correspondientes al cuerpo de la mujer levantan las persianas y entra el sol como una orquesta. Por un gesto de torpeza se vuelca una copa de vino. La mosca sigue dibujando círculos en el vino derramado.
Marc, la sucia rata. José Sbarra. (via palidassombrasdenombresolvidados)
El no saber y el no querer se confunden en una gran interrogación sobre el mundo en que lo pusieron a vivir, es más, pienso que en esa interrogación nos encontramos todos, nosotros y los elefantes.
El viaje del elefante - José Saramago
• (…) en tiempo de paz, es una completa pesadez, hay que darle vueltas y vueltas a la cabeza para encontrar algo en que ocupar con suficiente provecho recreativo las horas muertas del día.
El viaje del elefante - José Saramago
• Una adulación repetida acabará inevitablemente resultando insatisfactoria, y por tanto será como una ofensa.
El viaje del elefante - José Saramago
• (…) no es gato que se roce en nuestras piernas, no es perro que nos mire como si fuésemos su criador, y, sin embargo, estamos aquí afligidos, casi desesperados, como si algo nos estuviese siendo arrancado.
El viaje del elefante - José Saramago
• (…) son palabras y sólo palabras, fuera de las palabras no hay nada, (…) una palabra que como todas las demás, sólo con palabras puede ser explicada, pero, como las palabras que intentan explicar, lo consigan o no, tienen, a su vez, que ser explicadas, nuestro discurso avanzará sin rumbo, alternará, como por maldición, el error con la certeza, sin dejar ver lo que está bien de lo que está mal.
El viaje del elefante - José Saramago