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tormento_babasónicos.mp3
Marzo. Buenos Aires.
Dante la miraba con notas musicales en los ojos, olvidándose de su propio nombre y su prestigio, colocándola siempre en un pedestal que le daba terror. Nibia no lo veía a él tras el lente de la fama, la pesada carga de su apellido o su lugar dentro de la música argentina. Solo a veces se acordaba de quien estaba frente a ella y usualmente era ahí, donde estaban, en un estudio de grabación. En el escenario era otra cosa, fluía algo diferente que ni siquiera se atrevía a intentar describir. Dante buscó descomprimir esos pensamientos que sabía la acechaban. Prendió un porro del tamaño de un habano, obsceno pero a tono, y le señaló la lata de cerveza con las cejas.
—Estoy bien—, se excusó Nibia, pero al porro no pudo negarse. —De verdad, re bien.
Tosió un poco, le picó la garganta. Hizo un gesto con los hombros y rendida cuando tuvo que darle un trago a la cerveza que se conservaba fría para calmar lo rasposo.
—¿Entonces cuál es el plan?—, le preguntó Dante. Hubo una pausa en la que Nibia lo miró con la misma desazón que había demostrado antes. Así que él insistió. —¿Quedarte, no?—, él ya sabía, — Vas a ser gigante acá vos, lo presiento. Tu talento es increíble, hay que meterle. Nada más.
Había que meterle y nada más.
Quiso ignorar esos planes idealistas que se interponían al pensar en lo que iba a pasar. En general no sabía que le hacía sentir más confundida: pensar que Joaquín quizás no llegara nunca y que esperarlo era en vano, o saber que si emprendía ese camino del que Dante hablaba, la vida que tenía planeada con el hombre que amaba como a nadie era difusa. Pero qué no lo era últimamente, si había apostado todas sus fichas a esperar y el tiempo no pasaba. Ella realmente sentía que el tiempo no pasaba, no podía evitarlo. Y qué clase de planes eran esos planes que habían dibujado dos años atrás y nunca parecían concretarse. Si, después de todo, el futuro era tan incierto como el desenlace del mundo.
Si todo se torcía y no salía, pensaba, no podía culparlo a él. A Joaco. Y sabía que esa posibilidad estaba todas las veces que se acordaba de esa charla con Liber, en un pleno verano sofocante. Su inseguridad era mucho más profunda desde ese día, y le costaba manejarlo.
Dos meses antes. Montevideo.
—Qué onda, ñeri
—Te lo juro por Dios que no entiendo como de todas las personas vos estas firmando contratos millonarios. Ñeri.
Nibia doblaba ropa, Liber se había acercado con un vaso de whisky que parecía traer pegado a la mano. Lo vio, después de reírse por el comentario que había hecho, y se dio cuenta que estaba del orto. Las pupilas dilatadas y los párpados haciendo una fuerza descomunal para no caerse.
—Son las cinco de la tarde, Liber.
—Son mis vacaciones y técnicamente siguen siendo las fiestas. Hay que celebrar.
Estaba flaco, pero dejó caer el cuerpo sentado como si le pesara toneladas sobre la cama. La miró desde ahí, renegando.
—Dale, no te pongas la gorra ahora Nibia.
—No quiero que te vayas así, me preocupa.
—No hay nada de qué preocuparse. No estoy solo además, sabes que si necesito algo Joaco está allá…
—Pero no va a estar siempre allá con vos, Liber—, lo interrumpió.
Liber se quedó a media respuesta y con los labios entreabiertos. No pudo evitar endurecer las facciones, tensar los músculos de la cara tratando de tragar aquello que le decía.
—Por eso—, soltó entre dientes, trató de relajarse para seguir pero no pudo. Se paró, Nibia lo miraba desde el otro lado de la cama, parada. —¿no te alcanza con traértelo para acá, lejos, que me tenés que romper todo el día los huevos?
Alguien parecía haber soltado un balde de agua helada sobre Nibia. Se le notó en los ojos. Cuando atinó a responderle la voz salió más débil que de costumbre, como si anticipara el cachetazo.
—No me digas así. Estoy enamorada de él, ya sabes, no entiendo por qué tengo que explicártelo como si fuera una noticia…
Bajar la guardia no era costumbre de Nibia, así que la respuesta de Liber antes de irse, con una mirada penetrante a los ojos, la hirió de muerte.
—Yo también—, ella lo miró confundida cuando le devolvió la interrupción. Tuvo que ser más claro antes de irse, y novedosamente no sintió piedad al hundir un poco más el puñal. —Yo también siento eso por él pero te elige a vos así que te felicito. Ganaste. Ahora dejá de romperme los huevos.
Gunn Broderick
Russell Tovey photographed for Attitude Magazine (May 2021)
si el sol me querés tapar dejándome en la penumbra no vengas a buscar mi sonrisa
Whisky para tres
Dos por tres el fantasma de su padre lo visitaba para servirle un whisky. El viejo se paraba en el umbral de la puerta y le guiñaba un ojo. No decía más nada y se acercaba al barcito que había barnizado con dedicación hasta dejarlo perfecto. Le servía un whisky a su hijo, se lo alcanzaba, y solo después de mirarlo mientras Liber daba el primer trago volvía para servirse uno para él. Entonces brindaban y se quedaban en silencio, mirando el líquido dorado que quemaba la garganta con la dulzura de un amor inagotable.
Ese amor de Liber por el whisky era de otro planeta. Una conexión celestial de herencia que parecía una maldición cuando la nostalgia demandaba protagonismo. Como esa noche. El barcito era otro y nadie le había servido el whisky. Él mismo había hecho todo, hasta se había tomado la licencia de alcanzar el freezer para poner dos hielos en el vaso. Brindó al aire, como si su padre estuviera ahí. Pero no estaba. Estaba solo y podía decir que por elección.
Con la constancia de la nostalgia y el acompañamiento del alcohol, al pibe más sociable de La Teja se le había agotado la energía necesaria para entablar vínculos. Ni siquiera cuidaba los que, con los años, se habían vuelto fundamentales. La soledad por elección a veces se sentía como una condena pero no había nada que lo motivara a cambiar algo de aquella situación. Quizás era que una parte de él se había ido con el viejo, pensaba. Una parte de él se había quedado en Uruguay, en alguno de los últimos chapuzones en la playa antes de que el invierno lo devolviera a la realidad.
Así que ahí estaba, en Nueva York y rodeado de la vida que había elegido y construido con éxito. Pero que no le conformaba.
Su vaso vacío le hizo creer que algún tipo de magia había hecho pasar el tiempo muy rápido, y ni siquiera recordaba haber pasado de ese primer trago mientras divagaba sobre lo contrariado de su vida. Pensó en llamar a Joaquín pero no sabía que decir. Miró el celular pero le resultó tan lejano que la sola idea de estirar el brazo le resultaba agotador. El muy perro, vibró. Vibró insistente y no le dejó escapatoria.
—¿Qué dice el uruguayo más codiciado del primer mundo?
—Luis Suárez me dicen. ¿Cómo estás Pochita?
—Un poco cagada de frío, ¿y vos?
—Acá. Revolcado en la mierda. Pará. ¿No debería hacer calor en Montevideo, o el herrerismo también se robó la primavera?
Liber quiso hacer un chiste en medio de la confusión de aquella videollamada. A Nibia era a la única que le atendía el FaceTime sin vacilar. Ella se rió un poco, pero no le contestó nada. Solo entonces se dio cuenta que tenía un gorro de invierno en la cabeza pero para cuando atinó a preguntarle, sonó el timbre de la puerta.
“Bancá”, le pidió sin poder atar los cabos sueltos. Caminó hasta su puerta y la abrió. Nibia estaba ahí, una sonrisa enorme en la cara de la persona que más necesitaba en ese momento. Los ojos se le humedecieron más rápido de lo que pudo pronosticar. No la esperaba. Ella se dio cuenta que las cosas no estaban del todo bien, pero no dijo nada. Solo se abrazaron largo sin necesidad de explicar mucho más.
cositas que me aburren/desmotivan en el rol:
-que por subir todo el contenido que existe de quienes usan, parezcan influencers de baja monta en un universo en donde, la mayoría, no son influencers. me resulta ridículo
-en consonancia con esto último, la pobreza de las historias y el background de los personajes. son todos y todas iguales o es mi sensación?
-la falta de imaginación para generar situaciones cotidianas o extraordinarias: insisto con eso de que para rolear un paseo por el parque o tomar helado en la cama, si eso no implica un conflicto y desarrollo, una conversación profunda o ALGO, lo que sea, me aburre. no me sitúen esas mierdas, gracias
-volviendo a esto, muchas personas escriben a sus 50 personajes igual. no me refiero al estilo al escribir, todas tenemos un estilo particular, me refiero a describir las mismas acciones, los mismos gestos, que todos los personajes sientan igual sin matices de personalidad. cómo hacen para tener personajes que rozan los 30 que actúan igual que los que llevan en sus 20 pocos años? me perturba. y no, no es una sensación mía, comparemos sus respuestas con personajes diferentes y embarquémonos a buscar las diferencias: plot twit, no las hay
-la constante necesidad de generar vínculos heteropatriarcales con el único fin de alcanzar el sueño americano. corta, creo que no es necesario explicarlo.
-que pretendan que una esté pendiente del rol como si fuera la vida real. si, últimamente contesto lento, demoro, la vida real me insiste en dejar este lugar de lado porque no es compatible. y para peor ustedes se ponen demandantes. se ponen demandantes y sitúan cosas que son menos emocionantes que un capítulo de doctor milagro. mejor me tomo un vinito y me miro una serie, es más divertido.
-que insistan en boicotear los vínculos de mis personajes con otros porque no me fuman y no son lo suficientemente valientes para decírmelo. estoy cansada de ignorar a algunas personas que son como la mugre, leave me alone bitch. consíganse una vida.
-que no se hagan cargo de su inmadurez y vengan a pedir disculpas sin siquiera decirlo. reina, si me vas a bloquear bancate la toma y las consecuencias de tus propias acciones. bye.
-que no chequeen sus privilegios. la falta de representación. sean honestas, con cuántos de sus personajes se identifican realmente? cuánto tiempo más vamos a jugar a la vida del yanki de clase alta que tiene problemas de adicción o qué sus padres no le quieren y por eso es problemático? un poquito está bien, pero todes? for real?
-si se toman este post como algo personal. recuerden, no nos conocemos, no hard feelings, solo una opinión
i love them too much
Bathroom jam session. [x]
Jonathan Groff as Holden Ford in Mindhunter (2017)
Tengo pensamientos recurrentes sobre James Durham y acaba de llegarme una notificación diciendo que es su cumpleaños. Curioso. Curioso como que su mejor amigo era Harry Gaingsbourg (el og Harry) y que le gustaba mucho Jon Bon Jovi. O que fue el único Durham que manteniendo el apellido de su padre se acopló al matrimonio de Kiki y Matt. Y actuó en consecuencia aka como un Broderick.
Creo que un poco tiene que ver con que estoy mirando Mindhunter.
John Gallagher Jr. as Rob in Modern Love (2019)
Me dijo que no todo lo que le pasa tenía que ver conmigo, y que debía entenderlo. Como si fuera estúpida. Si de algo estoy segura es que todo lo qué pasó tiene que ver con él y no conmigo. Así que cuando lo aclara de esa forma es más específico en hacerme entender que lo mejor que podía pasar era que se esfumara de mi vida, por más doloroso que eso sea. Y me pone furiosa, su suerte es estar ahora mismo a un océano de distancia.
Miércoles 4 de agosto. 1.01 am. Brooklyn, Nueva York.
Inmóvil y con los ojos pegados al techo de su habitación, Sean luchaba por vencer al insomnio en un intento fallido de conciliar el sueño. Contar ovejas jamás le había funcionado, meditar tampoco, así que se había resignado a esperar que su cuerpo se rindiera ante la presión de la noche y la hora de descansar. Necesitaba ese descanso, pero en su mente deseaba sentarse a oscuras en el living del apartamento a tomar whisky sin más. Cómo si aquello saciara esa especie de vacío nocturno que en ocasiones lo atormentaba. Pensó entonces, que ocasionalmente lograba dormir bien, y generalmente pasaba cuando estaba con Marzia. Aunque se distrajeran mutuamente, las pocas horas que destinaban a dormir eran profundas y pacíficas. La idea le robó una sonrisa.
Y en eso estaba, agradeciendo la presencia de la italiana en su vida cuando sintió su celular vibrar. Se preguntó si era ella mientras se movía a alcanzar el móvil, pero descubrió que no era un mensaje sino una llamada al ver la pantalla. El nombre en la llamada entrante le hizo contener la respiración un momento, y aunque dudó, logró aceptar la comunicación antes de que se cortara.
—¿Darcy?— preguntó, la voz más baja de lo esperable porque el silencio en su entorno era ruidoso.
Del otro lado, hubo una pausa, pero el sonido ambiente delataba a alguien presente del otro lado, respirando rápido. Inmediatamente el irlandés se preguntó si Darcy estaría en problemas.
—¿Eres Sean Silver?—, preguntó una voz un poco infantil con acento inglés que desconocía, pero a la que contestó afirmativamente sin dudar. El joven que entonces reconoció como adolescente más que como niño volvió a hacer una pausa pero al tomar la palabra nuevamente, Sean sintió que le lanzaba una bomba. —Soy Jack, Jack O'Connor… Quería que sepas que… creo que eres mi padre.
No tuvo respuesta. En su mente nada de aquello tenía sentido pero había una voz muy lejana que decía que si, que las posibilidades estaban ahí y que si buscaba razones para entender todo aquello no iba a encontrarlas de manera inmediata. Otra parte de él quería terminar la comunicación y olvidar que acababa de escuchar lo que Jack le decía. La reacción no demoró tanto como sintió mientras lo procesaba, pero solo atinó a decirle: —Jack… ¿puedo hablar con tu madre?
—No es buena idea, me odiará si sabe que te llamé. Por favor no le digas porque me meteré en problemas.
—Yo…
—Tengo que colgar. Espero volver a hablar contigo pronto. No te olvides de mi nombre, por favor. Soy Jack.
Para cuando el joven cortó, Sean se encontró sin aliento y los ojos húmedos de lágrimas que esperaban un parpadeo para caer. No sabía si todo aquello era cierto o no, pero si ese no era el momento para sentarse a beber whisky en la oscuridad, no sabía cuando lo sería. Dormir ya no estaba entre sus planes.