Oh…¡Oh! — Alzó sus ojos, entendiendo entonces la postura de la muchacha ante los musulmanes, algo que hizo que le sacara una gran sonrisa en sus labios.— Siento mucho lo de antes, me imagino entonces ahora todo lo de la conversación de antes.— Apretó sus labios, encogiendo de nuevo sus hombros, como mera costumbre.— Oye, ¿Y si el asesino soy yo?
— Descuida, solo he vivido allí, nunca llegué a practicar la religión. —explicó con una sonrisa divertida.— No tienes pinta de asesino y si lo fueras, es posible que yo lleve un taser en el bolso. —bromeó intentando parecer seria.







