A veces sólo quiero que me digas: no me esperes más días, ya regrese, seamos felices como antes a todas horas, cada día, en todo momento. Solo pierdo más trenes, porque parte de la vida ya la he perdido en esperarte, mi vida. Gasto mis noches en vela, mis ojeras llevan tu nombre en letra traslúcida y en cursiva llevan escritas todo lo que jamás te dije. Las calles que tránsito, en el trabajo, en mi casa, los lugares que visito, insisto! Todo me hace verte aquí. Después de este huracán, he llegado a la conclusión de que las personas que más quieres son también, en cierta medida, las que más noches de lágrimas te dejan sobre la almohada. Y cómo decirte que desde que no estás, comparto el estribillo de una canción triste con las estrellas y ellas ya no buscan ser fugaces para cualquiera, porque se cansaron de cumplir deseos como si no tuviésemos las ganas como para cumplirlos por nuestra cuenta. Desee tenerte otra vez en mi vera, luche para que eso se hiciese una realidad y no un simple sueño que dejamos pasar por alto. A veces es quien te empuja y otras veces es quien se tumba a tu lado. Incluso ella está muy ciega e irremediablemente rota, fingiendo amor en brazos de una persona que realmente no quiere, solo quiere no estar sola en cuerpo, pero en alma se siente vacía me lo ha contado el mismo pájaro que me ha dicho que no me has olvidado. Ojalá me reconozcas por este escrito que lleva tu nombre. Ojalá que ni terminando la primera línea te acuerdes de mí, de nosotros, y te des cuenta de que nadie te escribe tan bien como lo hago yo.
Yo sólo quiero que tan siquiera una vez en la vida me salves sin preguntar el porqué de mis tropiezos con alguna piedra que en mi camino se cruce. Y que no me digas nada, así como yo siempre lo hice contigo, solo bastaba una tarde de risas con mi sentido del humor loca maniática o la indecisión entre una película de miedo o una científica de la vida, que te acerques como si fueses aquella tormenta que se ve venir a lo lejos y que de pronto ya cae fuertemente. Sólo busco eso. Acaso ¿es tan difícil pedir que te quedes un ratito más, unos meses, unos años o un “Vivieron felices para siempre”?
A veces la vida separa a las personas para que puedan darse cuenta de cuanto significan la una para la otra. Si dos personas están destinadas a estar juntas tarde que temprano se encontraran al final del camino. Y es que el mundo puede no girar al revés, pero muchas veces te lleva al lugar donde prometiste nunca volver. Aquí me tienes respirando el mismo aire y mirando la misma luna que tú, observando desde un tercer piso en un balcón donde empezó nuestra historia de nuevo año.
“Reconstruyo de nuevo la añoranza,
tiro a la basura las miradas tristes,
mi sonrisa ahora es más curveada,
miro las fotografías para luego borrarlas, mientras me acuerdo del viejo lugar que tiene un gigantesco árbol en la mitad, que aun siendo el único siempre esta acompañado con cantidad de aves que le cantan, recuerdo una banca donde llorando de felicidad respondiste un “si” y la memoria de soñar con algún vez llenar los marcos con las mismas fotografías que se están eliminando”