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Motocicletas. {Josh Hutcherson}
Comenzó con una mañana soleada, un día más de trabajo, pero como siempre me levantaba casi sonriendo...digo casi porque ¿A quién no le gustaría dormir cinco minutos más? Hice mi típica rutina mañanera: Ir al baño, preparar el agua de la bañera, escoger la ropa que me pondría hoy, regresar al baño y meterme en la ducha, tardarme menos de 15 minutos para salir a peinarme, un poco de maquillaje, y vestirme. Con mis zapatillas color blanco, y mi falda a mitad de rodilla moviéndose, baje las escaleras para prepararme el desayuno. Todo marchaba normal, el mismo silencio vacío, la gotera sonando, mi gato maullando levemente, y un perro a lo lejos.
Prepare mis cosas para el trabajo, ¿qué era lo mejor de mi trabajo? Que sólo necesitaba mi bicicleta y nada más. Trabajaba como repartidora de obsequios en una florería cerca de mi casa. Todas las mañanas me levantaba a hacer felices a otras personas, o más bien a verlas sonreír (o extrañas veces llorar), les llegaban cartas, flores, peluches, chocolates, cualquier cosa de admiradores, novios, esposos o amantes. Algunas veces me había tocado que las regresan, así que por permiso de quedármelas, es por eso que mi casa esta llena de rosas y tulipanes (es un decir, en verdad hay otros tipos de rosas).
Cuando era casi la hora me dirigí hacia el local que no quedaba a cuantas cuadras, antes tome el periódico y puse un poco de comida en el plato de mi gato. Normalmente me iba toda la tarde, y regresaba a eso de las 6:00, la verdad es que no me pagaban mucho, pero tampoco era para quejarme, debido a que vivo sola se administrar mi dinero y como repartirlo entre mis necesidades y mis caprichos.
-¡Hola, Sam! -me resolvió mi jefa con una sonrisa- me alegra verte.
-Gracias, a mí también -le di un abrazo y continúe- ¿que hay para hoy?
-5 entregas por el momento, no es muy lejos pero lo disfrutaras, son por tus calles favoritas -dijo guiñando un ojo, a lo que yo sonreí- estas son las calles, las entregas están en aquella bolsa.
-Está bien, gracias, nos vemos al rato.
Guarde la lista en mi bolsa de la falda y de una estantería recogí las bolsas de regalos. Mi hermosa bicicleta tenía una caja atrás en la que podía colocar la mercancía sin que nada saliera herido, así que me dirigí hacia ella y arranque para hacer la primera entrega. Tenía un camino un poco largo, pero me encantaba, todo era parque, árboles y flores, y claro tráfico...pero eso es insignificante en las mañanas (a veces). Jennifer era una buena jefa, muy amable, siempre me recibía con una sonrisa al igual que yo a ella, al parecer a las dos nos gustaba trabajar en ese local, claro...siempre y cuando las ventas sean buenas, porque cuando no es así es mejor no dirigirle la palabra, sólo lentamente agarrar la hoja, checar los regalos e irse.
Para mi primera entrega era en unas oficinas, así que deje mi bicicleta estacionada y de la caja tome el regalo que entregaría.
*P.O.V Josh*
El trabajo de mi papa no quedaba a muchas cuadras de la cafetería donde me reuniría con mis compañeros, así que pedir un poco de dinero no estaría mal. Mientras aceleraba más la velocidad de mi moto para llegar más rápido veía como los carros pasaban a un lado de mí, y uno que otro pitaba, pero no me importaba, me gustaba la adrenalina que sentía con el aire en mi rostro y el cabello alborotándose. A unas cuantas cuadras de la oficina baje la velocidad para estacionar lo, pero debido a mi gran estupidez y falta de equilibrio, llegue casi exacto al estacionamiento y tire una que otra bicicleta. Sin darle importancia me baje de mi moto, pensé en recogerlas pero después vi el reloj y ya era muy tarde como para preocuparme por cosas que no eran mías.
-Hijo de... ¡ughhhh! -gritaron- ¿cómo te atreves a tirarme la bici?
Una chica con vestuario coqueto y una diadema de flores grito en frente de mí.
-Juro que si rompiste algo te romperé algo.
-Oye...lo siento, ¿si? Es mi culpa, no baje la velocidad.
-¡Pero claro que es tu culpa! Ahora la señora de la siguientes dos cuadras no obtendrá el regalo de su amante, ¡¿estas contentó?!
-No fue mí...inten...
-¡No claro que no! -dijo enojada-
-¿Puedo ayudarte?
La vi posar su mirada hacia mí, parecía como si de repente todo su mal humor se hubiera ido y estaba tratando de tranquilizarse por suspiro largos y agitados.
-Oye... -repetí tranquilamente- perdón, en serio.
-No... No importa, yo lo arreglo.
Se agachó a recoger todas las cosas que se habían caído y tomó su bicicleta.
-Creo que no vas a poder andar en ella.
-Qué más da, regresare caminando -dijo sería-
-Lo siento, en serio.
-No importa.
-Deja que te lleve a tu am...de dónde vengas.
-Estoy bien, gracias...
-Insisto, por favor.
Me quede ahí de pie esperando por una respuesta. Realmente me sentía mal, y no sabía porque.
*P.O.V Sam*
En algún momento iba a explotar, no sabía si quería golpearlo por estropear mis entregas que ahora tendría que pagar, o por ser tan estúpidamente guapo. Creo que por las dos. No regresaría de pie a la florería, y menos cuando hay colina arriba, así que acepte de mala gana. Deje mi bicicleta ahí para después ir por ella.
-Si me llevas, vas a tener que darle una explicación a mi jefa.
Cruce mis brazos enojada mientras esperaba al lado de la moto a que él se subiera, cuando lo hizo me vi obligada a abrazarlo por la cintura, lo que causó que mi cuerpo lentamente se derritiera y por al menos 10 minutos de camino estuviera en el mismísimo paraíso. Al llegar lo solté aun con coraje y entramos juntos. Jenn me miro extrañada y comencé a preocuparme, los obsequios se habían arruinado, mi bicicleta estaba rota, y el tipo que lo había hecho aún no salía perdonado.
-¿Qué paso, Sam? –dijo extrañada- Pensé que tardarías más.
Yo no sabía que decir, solo mire al tipo que estaba al lado de mi con chaqueta de cuero, pantalones ajustados y una camisa sin manga, barba de tres días y el cabello un poco despeinado. Lo mire haciendo gestos para que el hablará primero, pero solo levanto los hombros como si fuera inocente.
-Jenn…lo que paso es que…am… -tartamudee.
-Fue mi culpa -dijo con seguridad- Iba a estacionar mi moto cuando no aplaste el freno e hice que la bicicleta de… -me miro esperando a que le dijera mi nombre, y susurré “Sam”- de Sam se cayera.
-¿Cómo quedaron los regalos? –dijo Jenn frunciendo el ceño.
-No muy bien… -dije en voz baja- Los reparare, y hablaré a los clientes para avisarles del accidente.
Jenn quedo en silencio, por un momento pensé que empezaría a gritar o me regañaría, pero solo me hizo una pequeña sonrisa.
-Más te vale –tomó una caja y se fue de la habitación.
Eso fue inesperado, sé que ella se enoja muy fácilmente, pero cuando algo bueno le pasa solo sonríe y se va, así que tal vez debería de pedirle el chisme después. Siguiendo con mi problema, como buena mujer seguí con mi trabajo y mi orgullo detrás del mostrador.
-Oye, lo siento, vez que no se enojó tan feo –dijo el chico casi soltando una carcajada.
Arquee la ceja y seguí escribiendo garabatos, dibujando gatitos, y esperando a que se fuera para hacer las llamadas.
-Está bien, me rindo, si no quieres perdonarme es tu problema… Ya fui caballeroso y dije lo siento.
Sin decir nada más se dirigió hacia la puerta, y muy dentro de mí sentí algo raro… No quería que se fuera, había sido el chico que por poco hace que me despidan, pero sabía que era algo más que solo coincidencia. Levanté la mirada y lo vi detenerse a pocos pasos de la puerta ¿debería de hablarle? ¿Debería ir y decirle que no quería ser grosera? De nervios comencé a golpear la punta de la pluma sobre la mesa haciéndola sonar contra el vidrio. Pero antes de que me parara de mi asiento él se dio la vuelta y se dirigió directo hacía el mostrador. Hipnotizada por su encanto, seguridad y buen físico, me le quede mirando mientras él tomaba una flor y la ponía sobre el mostrador.
-Me llamo Josh –sonrió tan tiernamente que podría dudar que fuera un motociclista con chaqueta de cuero que busca problemas. Me miró a los ojos y sentí mi corazón derretirse poco a poco- Te invito un café, ¿qué dices?
¿Y cómo decirle que no? Asentí con la mirada, y él se dirigió a la puerta de salida sin decir nada más que solo un guiño.
HE MISSED A NOTE AND HE WAS SO MAD AT HIMSELF IM SO SAD
*Criess*
6 days….Who’s coming? :)
"Belleza en el agua".
Me balancee sobre la orilla del muelle sintiendo la briza del aire en mi cabello un poco despeinado y mis pies descalzos tocando la madera húmeda. Estaba muy cansado y lo único quería era tener un poco de relajación y paz, todo el día había estado viendo nuevos lugares en Vietnam, riendo y pasándola de maravilla, pero ver el mar tan pacífico y tentador hizo que por un momento me arrepintiera de no haber tomado ese barco con mis otros compañeros. Vi varios botes a la orilla del muelle y me quede de pie enfrente de uno de ellos. ¿Qué se sentiría saber manejar uno? ¿Cómo se sentirá la briza del aire, junto con el olor del mar, a toda velocidad? ¿Podría ver alguna criatura fantástica? No sé, como el Monstro del lago Ness, o al menos un delfín. Sonreí para mí mismo al imaginarme en una aventura así. Iba a seguir con mi camino cuando una grave voz me sobresalto.
-¿Necesitas algo, compañero? –dijeron a mis espaldas.
Me di la vuelta para toparme con un señor mayor, tenía canas en el cabello y usaba ropa floja.
-No, gracias, solo estaba caminando –dije con la intención de caminar.
-¿Haz conducido un bote? –me pregunto cruzándose de brazos.
-No, exactamente –dije peinando mi cabello hacía atrás- He estado mirando y he visto documentales sobre cómo se maneja, y todo eso, pero yo solo nunca.
-¿Te gustaría intentar?
Lo miré extrañado y solté una risa floja.
-No, gracias, quiero seguir vivo.
-¡No es tan difícil! –dijo levantando los brazos y negué de nuevo con la cabeza- Ven conmigo
Dirigió sus pasos hacía el bote y este se tambaleo un poco al subirnos. Era pequeño, al parecer solo tenía un pequeño cuarto y parecía antiguo, no como las nuevas lanchas que pude haber visto unos cuantos metros antes.
-Se llama Carl –dijo interrumpiendo mis pensamientos- Te lo puedo prestar. Este amigo es muy viejo, pero muy fácil de manejar… No como cosas nuevas que con solo picarle a un botón puede convertirse en avión.
Me reí por lo bajo y sonrió. La verdad no pensaba que hablaba en serio, había manejado ya uno antes pero no estaba en mis planes hacerlo estas vacaciones. En frente de mi vi las llaves colgar de su mano. ¿Pero que sería venir de vacaciones sin una pequeña aventura? Con mucha seguridad y entusiasmo tome de ellas, el señor asintió feliz y me dejo solo en el barco.
-Lo quiero de regreso en dos horas, sino regresas mandaré a buscar a alguien, no te alejes mucho muchacho.
-Gracias –le dije amablemente y sonriendo.
Metí las llaves en su lugar y escuche el rugido del motor andar, sonreí victoriosamente aunque solo haya sido el primer paso, pero después de todo no creo que sea tan difícil. Después de que desamarro el bote lo miré dándole la oportunidad de que lo volviera a pensar.
-¡Ah! Y muchacho… cuidado con las sirenas, que pueden enamorar –me guiño un ojo y sonreí.
Arranque el bote a una velocidad media y sentí la adrenalina correr por mis venas dirigiéndome hacía todo aquello que era azul, y al parecer infinito. Siempre me había gustado el mar desde que estaba pequeño. Acompañaba a mi papá a varios cruceros por su trabajo, y en el atardecer veíamos como el sol se escondía lentamente. También me había dejado dirigir un bote, más bien él estaba manejando y a mí solo me hacía la ilusión. Sentía el olor del mar y la hierba fresca en mi nariz, y algunas pequeñas gotas que saltaban hacía mi rostro. En cuanto más avanzaba, las personas y las motonetas se iban quedando atrás y atrás, pero a mi no me importaba, al parecer no tenía conciencia de a donde me dirigía o que estaba haciendo, solo seguía el color del mar y las olas. En algún momento pensé en ilusionarme con ser marinero, o pescador, cualquier cosa que tenga que ver con el mar, pero eso era cuando estaba pequeño. El simple recuerdo me hizo suspirar y sonreír: Yo vestido de marinero en mi cumpleaños número dos, que ridículo. Pero después de todo lo que paso, me refiero a crecer, nunca volví a seguir ese sueño. Muy apenas tenía el tiempo libre para unas vacaciones de este tipo, definitivamente me gustaría más vivir en la playa que en la ciudad, pero mi trabajo definitivamente no me dejaría una oportunidad así.
Revisé si el bote tenía algún tipo de botón de “automatico” o algo por el estilo, pero no, al parecer era muy viejo y lo tenía que conducir yo solo. No era muy fácil, pero con los documentales y algunas que otras platicas, creo que lo pude dirigir bastante bien. Me alegraba poder hacerlo, sino me perdería de todo lo que estoy viendo. Peces salir del agua, las olas grandes chocar contra las rocas para hacer espuma, y con el simple hecho de imaginarme lo que podría haber debajo de este me daban ganas de saltar al mar, pero tampoco era lo suficientemente estúpido como para saltar a mitad de la nada.
A lo lejos vi algo que me llamo mucho la atención. Parecía una cueva, ¿será o no? Había visto esto antes en alguna foto o en la televisión, antes de venir investigue todo sobre Vietnam pero no estoy seguro de tener grabado el nombre de este lugar en mi memoria. Revisé la gasolina del bote, tenía lo suficiente como para ir y regresar, aparte no sería tan lejos y el viejo me ha dicho que vendría a buscarme sino regresaba. Y repito, ¿qué sería venir de vacaciones sin una pequeña aventura? Aceleré la velocidad y cerré los ojos al sentir el viento chocar más fuerte contra mi cara, era algo relajante. Al verme a unos pocos kilómetros intente pisar el freno poco a poco y desacelerar, pero algo había fallado. Sentí la adrenalina pasar por mis venas al momento de ver la gran cueva tan cerca de mí, no por el hecho de que era grande, sino porque no podía detenerme. Deje el volante y corrí hacía la parte de atrás del bote, al momento de sentir el impacto contra la gran roca yo salte al mar, esperando algo que en verdad no quería que ocurriera. Medí mal mis movimientos y solo sentí mi cabeza estamparse contra algo duro, después de eso todo fue oscuro.
P.O.V Anayancy.
Tire un clavado hacía el mar una vez que había tomado unas cuantas conchas en la orilla del lago. Al hundirme en el mar moví mi cola en zigzag hasta llegar al otro lado y dejarlas sobre una gran piedra, hice lo mismo varias veces. Era muy divertido. Mientras nadaba bajo el agua daba varias vueltas alrededor de los pescados y cantaba moviendo mis brazos de un lado a otro. Cuando salí a la superficie escuche un ruido venir desde la entrada de la cueva, baje mi rostro hasta dejar que solo mis ojos vieran y vi una cosa enorme querer entrar a mi pequeño refugio. Solté un sonido de sorpresa y me escondí bajo el agua, después de unos segundos el rugido se dejó de escuchar, pero en lugar de eso un golpe horriblemente fuerte resonó por todo el lugar y algo salto hacia el mar. Todos los pescados que estabas alrededor mío se espantaron huyendo de ahí, pensé en seguirlos lo más pronto posible, pero la curiosidad me estaba matando. Dejando mis ojos fuera del agua anduve lentamente hacía donde la gran cosa había golpeado una roca. Me sumergí de nuevo al agua al llegar hacía mi objetivo y vi un cuerpo caer lentamente hundiéndose, giré mi cabeza un poco dudosa. ¿Por qué no nadaba? ¿Por qué no flotaba? Y entre tantos recuerdos, historias y anécdotas de mi padre, encontré una memoria: “Los humanos no son como nosotros, Ann, ellos no saben nadar” ¡Santa almeja, era un humano!
Mi cola se movió velozmente hasta alcanzar aquel cuerpo, y con una facilidad lo cargue entre mis brazos y lo dirigí hacía la superficie.
-¿Qué hago? ¿Qué hago? Mi padre me va a matar si se entera ¡Oh no! Necesito ayuda, no lo puedo dejar así.
Lo coloque en una de las piedras donde había juntado algunas conchas, golpee su cabeza torpemente.
-¡Lo siento, lo siento! –dije preocupada- ¡¿Y si está muerto?! Oh no, necesito cosas para curarlo.
Me sumergí de nuevo al mar, y con la mirada bien atenta a todo lo que hacía busque algunas plantas, arena, tierra, cualquier cosa. Con pedazos de algas enredados en mi cuello, en mis brazos y mi cabello, me dirigí de nuevo hacía la superficie.
-Tal vez esto lo cure, por favor –repetí nerviosamente- por favor. –desamarre una de las algas que se encontraba en mi cuello- ¡Agh agh! –tosí- Anayancy, no seas tonta, no te ahorques, es lo menos que necesitas ahorita.
Cuidadosamente la coloque sobre la frente y dando golpecitos limpie la sangre que salía de ella, pero no lo detenía. Empezaba a preocuparme más, y más, y pensé en pedir ayuda pero el reino estaba muy lejos y los peces no podrían salir el agua para ayudarme. Me senté al lado de él y lo miré un poco más atenta. Tenía el cabello negro y empapado, no podía ver muy bien el color de sus ojos, pero sus labios eran delgados, y la camisa blanca mojada lo hacía lucir fuerte. Me tenté en tocar su pecho pero en ese momento se movió desesperadamente escupiendo agua. Me tiré de un clavado al agua sumergiéndome en el por el miedo.
P.O.V Matt
Trate de recuperar la respiración a bocadas grandes de aire, y tosiendo todo el agua que había tragado. Tenía un dolor intenso de cabeza, y veía gotitas caer sobre mis pestañas, pensé que era agua pero al llevarme la mano a la frente vi que casi estaba desangrándome. Me quite la camisa mojada y la exprimí, con ella seque la sangre que estaba saliendo y la amarré alrededor de mi cabeza para detenerla un poco. ¿Pero qué paso? ¿Cómo llegue aquí arriba? ¿Por qué no estoy muerto?
Escuche un golpe en el agua y me sobresalte.
-¿Hay alguien por ahí? –dije asustado.
¿Cómo iba a haber algo? Seguro fue un pez, o alguna rama. El agua comenzó a moverse y a hacer pequeñas olas, mi corazón se aceleró y comencé a temblar un poco. Un cabello castaño y unos ojos cafés salieron de debajo del agua, por un momento me espanté pero luego sentí un gran alivio al saber que no estaba solo.
-¡Gracias a Dios! –solté un suspiro- No sabía que había gente por aquí, pensé que estaba solo –sonreí aliviado y ella dejo lucir su rostro fuera del agua, parecía tranquila pero mantenía su distancia- Hola, soy Matt –dije extendiendo mi mano. Ella se le quedo mirando de manera extraña e inclino la cabeza un poco- ¿Tienes algún celular o teléfono? Necesito llamar a la ambulancia – Ella no dijo nada tan solo me veía muy atentamente- ¡Oye! no sé si te das cuenta pero estoy desangrándome y probableme… -Debido a mi tono de voz se sumergió de nuevo en el agua, lo extraño fue que detrás de ella salió una cola disparada haciendo salpicar agua-
¿Qué…? ¿Qué fue eso? Me quede en shock por unos segundos y me aleje de la orilla lo más que podía. Minutos después de que yo aún seguía en un estado traumático, ella volvió a salir con una sonrisa tímida y una mirada más dulce.
-Ho..Hola.. –dijo dulcemente.
Por alguna extraña razón eso no me sobresalto, al contrario, una sonrisa se enmarco en mi rostro al igual que en la de ella.
-Hola –dije tranquilo- ¿Cómo te llamas?
-Anayancy.
Ella aún se encontraba a metros de mí. Su largo cabello castaño caía sobre sus hombros hasta sumergir las puntas en el agua, tenía ojos grandes y café claro.
-¿E…eres un humano? –dijo abriendo más los ojos de una manera graciosa.
-Sí, ¿tú eres una sirena?
Asintió con una sonrisa y dejo ver su cola por un lado de ella, quede atónito de lo que estaba viendo, no podía creer que veía una sirena y aparte una realmente hermosa, digo…supongo que ha de haber sirenas feas ¿no?
Se sumergió de nuevo y al salir del agua quedo más cerca de mí, me hice para un lado y todo su cuerpo se apoyó hacía la roca para sentarse al lado mío. Su largo y abundante cabello tapaba la parte de arriba de su cuerpo, y una gran cola se extendía en la roca dejando solo una parte bajo el agua. Nunca pensé ver algo así de maravilloso. Dirigí mi mirada hacía la de ella y sonrió sonrojándose.
P.O.V Anayancy.
No quería quitarle la mirada, tenía unos ojos muy hermosos color azul, y con el cabello alborotado hacía que se viera guapo. Me sonroje al momento de sentir su mirada junto a la mía. No había tenido un humano tan cerca, tal vez lo había visto muy muy pero muy lejos de mí, y nunca había observado a alguien tan atractivo como él.
-¿Qué paso? –dijo rompiendo mis pensamientos.
-¿De qué? –lo miré confundida.
-¿Cómo es que sigo vivo? –frunció el ceño.
-¡Ah eso! –solté una risita nerviosa- Creo que mis algas te salvaron –dije dándome aires y aplaudiendo para mi-
-¿Algas? –dijo riendo.
-¡Sí! Mira, caíste de aquella cosa grande…
-El bote… -se quejó-
-¿Bote? –Asintió y moví mi cabeza para concentrarme- Bueno, caíste de ahí, después recordé que los humanos no pueden nadar…
-Los humanos si podemos nadar.
-No, no creo, tú no nadaste.
-¡Por qué estaba inconsciente!
-Entonces no siempre puedes nadar –levanté una ceja.
-Bueno, continua –rodeo los ojos con una sonrisa burlona.
-Después…después… ¡Ah sí! Después fui por ti y te cargue en mis brazos, al parecer alguien entendió mal el cuento ¡oye! Tu eres el que debería de salvarme, yo no. –me miró confundido- ¡Ya sabes! El cuento de la princesa y el príncipe y bla bla.
-Claaaaaro…
-Sí, bueno, luego te traje aquí y te acosté y fui por algas para secarte la sangre pero no se cortaba, las deje ahí arriba ¡Y al parecer funciono porque estas vivo! –volví a aplaudir festejando por mi gran victoria.
P.O.V Matt
Sabía que las algas no me habían ayudado nada en absoluto, pero al parecer esta mujer era muy testaruda y terca, así que preferí no pelear.
-Entonces gracias, sirena…
-¡Ann! Me llamo Anayancy, pero puedes decirme Ann.
-Gracias, sirena Ann –dije sonriendo amablemente.
-De nada, humano Matt –solté una carcajada.
Al parecer estar con una sirena a mitad de una hemorragia no era tan malo como pensaba, y menos si la sirena era tan hermosa que podría quedarme aquí por el resto de mi vida.
-¿Cómo fue que te estrellaste? –pregunto tímidamente.
-No sé, perdí el control y creo que los frenos no funcionaban, esa cosa es realmente vieja.
-Pues espantaste a mis amigos, tienes suerte de que soy curiosa y no me fui, sino estarías muerto.
-Y te lo vuelvo a agradecer.
Hubo un momento de silencio, no incomodo, ella veía hacía la nada y yo…yo estaba perdida en su rostro. ¿Cómo podía existir algo tan perfecto? ¿Y si en verdad estaba muerto y todo era un sueño? ¿O solo estoy inconsciente y ahorita estoy en el hospital? Ella volteo a verme y dirigí mi mirada hacia otro lado. Quería hacerle tantas preguntas, quería pasar más tiempo con ella, no importaba si estaba desangrándome ya no había ningún dolor ni nada.
-¿Nunca haz soñado en ir a tierra? –pregunte.
-No, no me gusta –dijo moviendo su cola de arriba hacía abajo-
-¿Por qué?
-Todo lo que se de ella no es bueno, nada bueno, prefiero quedarme aquí disfrutando del mar y de mis amigos.
-Te entiendo.
-¿En serio? ¿Por qué lo dices?
La mire seriamente pensando en alguna de las razones por las que preferiría estar en el mar que allá, y a mi mente vinieron todos mis problemas pero ninguno podría mencionar.
-Porque a mí me gusta vivir ahí.
-¡Ven a vivir conmigo!
-Claro, como si fuera tan fácil –sonreí para mí mismo.
-Tal vez si te atamos esas cosas –dirigió su dedo índice hacía mis piernas- pueda funcionar como aletas.
-Sí, pero no me refiero a eso, tengo muchas cosas allá.
Asintió comprensible y se sumergió de nuevo en el mar.
-¿Quieres que te lleve hacía el muelle? –pregunto nadando hacía atrás- Puedo decirle a unos delfines que te lleven.
La idea parecía brillante, y alguna escusa se me ocurriría al llegar al muelle, tal vez decir lo que ocurrió omitiendo la parte de la “sirena”, pues pensarían que estaría loco.
-Me parece genial –dije sonriendo.
-¡Perfecto!
Hizo un sonido con la boca, como un chiflido y canto a la vez, y su cola golpeo el agua cuatro veces seguidas. A los pocos segundos escuche el sonido de uno de los delfines y sonreí por lo estúpido y genial que esto sería.
-Vamos, ven al agua, no te harán daño –dijo acariciando a los dos que estaban a su lado.
Con cuidado me sumergí en el agua y me agarré de la aleta.
-No te preocupes, si te llegas a soltar ellos te sacaran del agua –dijo sonriente.
Por alguna extraña razón estaba confiando en todo esto, no era un sueño, estaba seguro que era real. Pero por un momento me entró un remordimiento al saber que probablemente esta sería la última vez que la vería, y eso era lo que menos quería. Sentía el agua arrastrar mi cuerpo y de vez en cuando los delfines se sumergían en el agua haciéndome ver todo lo que había deseado mirar cuando estaba arriba del barco. Peces, manta rayas, plantas, era maravilloso todo lo que podía encontrar abajo del mar. Ann iba riendo y nadando mientras daba brinquitos junto a los delfines, su risa resonaba de una manera cálida y dulce, haciéndome entrar en confianza y alejando el pánico de mí. En unos minutos estaba casi en la orilla del mar, y por obvias razones no podría llegar nadando gracias a dos delfines. Me quede en sostenido de una piedra y Ann se colocó al lado de mi mirándome con la cabeza ladeada, no sé qué tanto pasaba por su mente, pero quería saber.
-¿Qué piensas? –pregunte.
-Probablemente esto no lo vayas a olvidar nunca, no es un sueño –dijo sonriendo. Saco sacó una pequeña concha de su cabello y la coloco sobre mi mano- Solo para que lo recuerdes en caso de que creas que esto no es verdadero.
Sonreí tranquilamente y la coloque en el collar que ya empapado.
-Gracias de nuevo, Ann, fue un gusto conocerte.
-Igualmente –dijo sonriendo tímidamente. Al parecer ninguno de los dos quería despedirse, porque nos quedamos en silencio hasta que ella lo rompió- Matt… ¿puedes hacerme un favor ya que te salve la vida? –rodeo los ojos con una sonrisa, y yo asentí divertido- ¿Podrías darme un beso? –sus mejillas se sonrojaron y agacho la mirada de manera tímida.
Muy a fuerzas me acerque a ella apoyando un brazo sobre la piedra para no caerme. Tomé su barbilla y levanté su rostro para que me viera a los ojos, y ahí me di cuenta que tenía dos hermosas joyas adornando sus ojos, tenían un brillo que nunca había visto antes y nunca olvidaría. Me acerque lentamente y junte mis labios con los suyos para formar un lento, cálido y corto beso, al separarme le sonreí y ella correspondió.
-Gracias… -Fue lo único que pude decir, ella sonrió y pestaño varias veces de manera dulce.
-A ti.
Quien diría, pensé que lo más mágico que podría encontrar en el mar sería un delfín o acaso un tiburón, y termine encontrando una belleza en el agua, un ángel en la playa, había besado a una sirena.
extraño tus oneshoots:(..
Lo siento :( jkfhdkjha se me ha cortado la inspiración, pero espero volver a escribir pronto!! Acabo de subir un corto, como "mi regreso" daaaj jdshkha muchas gracias! :c
Escuchar: Owl City - Lonely Lullaby
http://www.youtube.com/watch?v=govSp6P-598
Canción incluida: Kate Voegele - Hallelujah
http://www.youtube.com/watch?v=k29JxVCKBBM
Limpió las lágrimas de mi rostro y trato de que no vuelvan a caer. Dejo caer mi cuerpo por la pared hasta llegar al piso y cruzo mis piernas delante de mí. Me quedo viendo hacía la nada, paralizado, sin siquiera respirar.
¿Y qué más da? ¿De qué me sirve respirar? ¿De qué me sirve vivir? ¿Qué seré sin ella? Sin su sonrisa, sin sus besos, sin su caricia, sin su gracias. Sin ella, así de simple. Quiero verla, quiero sentirla, quiero tenerla. Daría mucho por estar con ella en estos momentos.
Y los recuerdos vuelven a inundar mis pensamientos. Me recuesto en la cama y abrazó la almohada imaginando que es ella.
La veo acostada sobre mi pecho, suspiro y su delicioso aroma a vainilla me tranquiliza, tenerla abrazada hace que me sienta seguro, con el deber de protegerla para tenerla en mis brazos.
-Canta una canción –dice acurrucando su cuerpo más sobre mi pecho.
-¿Otra? –suelto una risa.
-Sí, otra –cierra sus ojos de una forma tan tierna que no encuentro la forma de negarme.
Comienzo a cantar su canción favorita “Hallelujah” de Leonard Coheny. Repentinamente se queda profundamente en mis brazos.
Abro los ojos y me encuentro abrazando una almohada empapada de lágrimas, y solo en mi habitación. Te extraño, te extraño, te extraño.
-¡JODER! –grito y las lágrimas vuelven a caer por mi rostro- ¡MIERDA! –golpeo la almohada una y otra vez pero es imposible, sigo llorando como un solitario.
Nadie responde. Nadie va por mí a calmarme. No hay nadie, no está ella, no hay nadie. Araño mis brazos hasta sentir dolor, o no sentir nada, solo desquitarme conmigo mismo. No dejo de hacerlo hasta dejarlos rojos y con un poco de sangre y rasguños. Aprieto mi cabello, con desesperación golpeo todo.
¿Por qué te fuiste? ¿Por qué me dejaste? ¿Por qué no fui yo? ¿Por qué no fuimos los dos? Dijimos que nunca nos separaríamos, que haríamos todo junto… creo que la muerte también estaba incluida en esa promesa. Dime que haré sin ti. Dime que haré sin tus besos, sin tu olor, sin tus abrazos, sin tus caricias. ¿Quién me dará los “buenos días, amor”? ¿A quién le cantare al oído antes de dormir? Eras mi sueño hecho realidad.
Quiero devolver el tiempo, regresar a esta mañana y detenerte en la puerta, tan solo unos segundos más. Besarte hasta hacer el amor, abrazarte infinitas veces, despedirme de una forma tan lenta que probablemente haría que llegara tarde al trabajo. Solo así tal vez no te hubieras ido tú, no hubiera ocurrido el choque, no te hubiera perdido. Quiero que regresar el tiempo y que tu carro no tenga gasolina, que una llanta haya tronado, que el volante no funcione, cualquier cosa para que no te vayas.
Oh Annmarie, te amé.
Pero ahora esas solitarias canciones de cuna solo amortiguan mis lágrimas porque no puedo olvidarte.
Y me deshago junto con la lluvia que suena contra el cristal. Solo quiero gritar, golpear algo, sentir algo, sentirte a ti y a tu cuerpo cálido.
Pero ya no hay nada que hacer, solo te fuiste, y tendré que vivir con eso ¿o no?
¿No prometimos “Hasta la muerte nos separe”? Resulta que no quiero ni que la muerte ni nadie nos separé. Lo hago por ti, porque quiero estar contigo, porque mi vida sería un desperdicio sin ti. Espérame, princesa, te veré en poco tiempo.
Annmarie, ¿me recuerdas? Nunca te olvidaré.
- Estoy feliz. - Creo que yo más. - No, yo mucho más. - Yo de aquí a Barcelona. - Yo de aquí al cielo. - ¿Sí? Pues yo muchísimo más. - ¿Cuánto? - A tres metros sobre el cielo.