Hay momentos en los que de repente, ¡me acuerdo! y me abraza una cosa desde adentro, como en la forma opuesta de los abrazos, siendo el más bello y completo; como cuando una flor se desenvuelve, y se le enroscan al final las puntas de los pétalos, eso siento, en un momento que parece infinito, pero es cortico, es un afán. Pasa en el pecho y me alegra; un fueguito se queda ahí por un rato, y si estoy de buenas, me dura la semana entera. Me acaba de pasar, me acabo de acordar y estoy contenta: estoy viva.














