Nos enviábamos cartas de amor a pesar de vernos seguidas veces a la semana, nos gustaba ver películas en blanco y negro, y a veces caminar por la playa cuando el cielo estaba a punto de echarse a dormir. Parecía nuestra historia un film antiguo, de esos en donde te llevan rosas y llegar tarde a casa era una completa aventura.
Nunca estábamos de acuerdo en las cosas que decíamos, según él, hacer cosas locas me llama, me grita en el odio bien fuerte diciéndome "que vengan esas ganas de hacer lo imposible" y allá iba yo, sin miedo a perderlo todo, por dar unas pisadas en terreno prohibido.
Fue divertido recorrer tus manos mientras fueron mías, besar cada extremo de tu piel sabor chocolate, pensar y pensar en las simples personas que somos en este gran mundo, y en lo grande que a veces llegabas a ser en mis pequeños instantes.
Llevabas la mirada de alguien enamorado, que dice tonterías y dedica poemas sin pensar en lo estúpido que a veces uno puede llegar a sonar, eras de esos que dedican canciones y cruza la calle con semáforo en rojo, sin darse cuenta que a veces pone su vida en juego solo para cruzar al otro lado y recibir un simple beso.
Creo que eras de esos que daban todo o nada, no te gustaba a medias, te gustaba recibir lo mismo en igual cantidad, y según tú yo no entregaba nada, querías llenarme como a veces se llena un vaso de agua, querías que me desbordara y que por fin saliera todo aquello que esconden mis manos. Nunca pensé que de tal forma el vaso se rompería, y saldrías herido de toda esta travesía.
Como la cobarde que soy, huí, dejándote a ti destrozado, mientras miro desde lejos como de apoco alguien mas venda tus heridas de la piel, pero sabemos que las del corazón la única persona que las puede curar soy yo.
De todas formas sabia que todo iba a salir mal, (ya sabes) me gusta quedarme a mirar los desastres que yo misma causo en los corazones de los demás.