Qué sencillo es verte y no sentir urgencia
Oírte y no escuchar el mar
Leerte y no creerme nada
Tenerte delante y mirar hacia otro lugar
Qué fácil mi olvido
Qué suerte tener tantos rotos a mi alcance
Que no me permitan ver otra cosa de ti
Que no sean la furia, los rincones, los asaltos
Qué fácil es no taparme ya los ojos con tus manos
Y qué difícil, en cambio, haber llegado hasta aquí
— Elvira Sastre










