Prólogo
[Nombres modificados. Obvio]
Empecé a consumir alcohol a los trece años. Tuve una pubertad y adolescencia con casi o derechamente nada de supervisión parental.
Aprendí a moverme solo por la ciudad perdiéndome, pasar desapercibido en mi casa, no molestar y volver un gran mentiroso. Entre menos supiesen de mí mejor.
Hice amigos quince o veinte años mayores que yo. No le contaba a mis amigos de mi edad, no iba a andar vociferando para hacerme el interesante.
La primera vez fue tequila y vodka con osos de gomitas refrigeradas. Luego me di cuenta que me gustaba el mucho el vino.
A los quince con mi grupo de amigos del curso (con quienes nos venos hasta la actualidad. ¿Veinte años de amistad? Oh)fuimos los primeros en llevar chelas a una junta. Medio que les sorprendió. No éramos ñoños, ni jugabámos computador, ni buenos pa' la pelota, ni los payasitos de la sala, ni mucho menos jotes. Capaz nos unía un aburrimiento enorme por la rutina y y aprendimos a ser rápidos con los chistes y meter vino en los termos para el café.
El papá del Pelao (ya, este nunca fue mi amigo, no lo soportaba. Cuico apestoso que siempre te ponía el pie encima. No le combio el apodo porque se lo merece. A los dieciséis años, luego de repetir dos veces primero medio, tenía más entradas que las que tiene y tendrá mi abuelo) nos compró un sixpack de becker, yo llevé una caja de tinto gato, el Andy solo tomaba Báltica, el Neira tomaba todo lo que lo mareara y el Guatón no tomaba y nos cuidaba la borrachera con cara de juicio. A veces nos moderábamos solo porque no queríamos verle la cara de molestia mientras no podíamos mantenernos en pie y él nos arrastraba.
Una vez el Andy llega con un cogollo, obvio todos querían. Molió pasto y orégano y repartió. Todos se volaron, el placebo o las ganas de pertenecer con curiosas a esa edad. Nosotros en el patio molimos la macoña real.
Lo pasé pésimo y entendí que las drogas no eran lo mío. Me gustaba el vino y nada más.
Faltan aún cuatro años para probar la cocaína.










