Una buena rebozada de realidad
Cuando le di al play a este pódcast donde Manuel Burque se encuentra con aquellos que están ‘dentrísimo’ de algo (siendo ese ‘algo’ plantas, juegos de mesa, la historia de la Roma antigua o, como en este caso, sartenes) para charlar sobre ello, no me imaginaba que era verdad aquello de que cuando miras al abismo, es el abismo el que te mira a ti.
Y es que cuando miras a tu sartén no solo ves teflón, restos pegados de hace 3 cenas, o una mancha que no sale ni con un estropajo de la Alemania oriental. También te ves a ti, con tus miserias y tus logros, con tus ilusiones y tus ‘rayadas’.
El viaje con Kike y Burque se inicia con la emancipación. Comienza un idilio con las sartenes antiadherentes narrado por estos Ulises del menaje de cocina. Pero, ¡oh, Dios mío! ¡la magia se rompe! Y es que todo empieza a pegarse y el teflón empieza a correr por tus venas como en un anuncio de Danacol. Entonces, viene la culpa. Te sientes inexperto, vulnerable. La sartén te devuelve una imagen de ti aún más negra de la que tú ya tienes.
Necesitas algo nuevo, una sartén que te devuelva la seguridad en ti mismo. Es ahí donde Kike abre un melón al que nadie ha golpeado nunca. ¿Existe la sartén perfecta? La respuesta nos deja, irónicamente, fríos. La sartén perfecta es la sartén nueva, un modelo insostenible para la mayoría, una muestra de precariedad de la cultura capitalista de consumo, ¡no podemos comernos ni un huevo frito con dignidad!
Como con todo, cabe conformarse. O no, y quemarlo todo. Pero podemos resarcirnos con la risa escuchando este programa, que está dentrísimo de todos los detalles, llevando el tema a horizontes de reflexión mucho más trascendentales. También en el cuidado del sonido, jugando con el reverb, los cortes de audio testimoniales (con expertos gastronómicos, nutricionistas, padres…) O en los efectos de sonido, dentro y fuera de la cocina. Además, cuenta con secciones, como esos datos con los que dárselas de entendido, acompañados por una música dinámica, casi 8-bit, que engancha casi como el teflón.
















