Starter para todos.
Tenía los ojos cerrados, escuchando el sonido de las olas reventando en la costa, podía sentir la arena bajo sus piernas desnudas. Aunque estar sola en la oscuridad de la playa no era la mejor idea, ya que podía pensar con mas claridad (la que su estado de ebriedad el permitía, claro) había repelido la idea de ir a un bar. No quería estar cerca de idiotas igual de borrachos que ella. Crys solo quería un poco de paz.
Por esa razón compro no una, sino tres botellas de vino tinto, ya que no le gustaba otro licor, en el supermercado del centro y había caminado hasta ahí. se sentía pesada y cansada. No sabia si era por el alcohol en sus venas o por la reciente pelea que había tenido horas antes con Toby, la cual había terminado en la irremediable e eludible: separación.
No estaba preocupada por haber perdido a un buen chico, sino, por no sentir nada al respecto, no había derramado un lagrima, no había sentido arrepentimiento cuando le dijo: “Es mejor que sigamos nuestros caminos por separado Toby” Nada. No sentía nada. Y eso era lo peor: se sentía terrible de no sentir nada.
Empino la botella para darle un buen trago a la segunda botella, la primera yacía a unos metros, vacía. Escucho un par de sonidos sordos que no podía reconocer de primero, pero después de media docena, pudo saber que eran pasos y se acercaban hacia ella.
— Ya le dije que no me iré ahora, cuando termine de embriagarme, le llamare a mi madre o al Sr. Reed para que vengan por mi, señor justicia. — Dijo arrastrando las palabras, pensando que se trataba del policía que la había interrumpido una hora antes. Crys le había dicho el apellido Reed y el hombre había cambiado totalmente su semblante. Era increíble lo que un apellido hacia.
Levanto la mirada esperando ver al hombre regordete, pero se sorprendió al vislumbrar entre sombras a un rostro conocido. — Ah, solo eres tú — menciono mientras giraba su rostro nuevamente hacia el mar y le daba otro trago a la botella.
Había ido a comprar algunas porquerías y golosinas a una tienda de conveniencia para pasar un rato agradable y sano con sus hermanos, pues hacía más de medio año que no se daban ese espacio de convivencia e interacción íntima y de alguna u otra manera creían necesario llevar a cabo. En realidad, era sólo una excusa para quitarse de la mente la ansiedad que tenía por ver a Emaly y quién mejor que la familia para hacer olvidar las penas del corazón por un rato, aunque fuera minúsculo e insignificante. La agonía masoquista producida en su interior tenía que parar de alguna forma y el alcohol en definitiva no era una buena opción. La época de descontrol y experimentación había pasado. En cierta forma lo que las personas veían era alguien con una madurez bastante desarrollada, asegurando encontrar a una excelente persona en él, seguro de lo que hacía, con firmeza en cada paso que daba...bueno, casi.
Tenía que pasar por la playa para llegar a donde se estaba hospedando. La luz de la luna acariciaba su piel y la brisa marina lo tocaba con delicadeza. Todo resultaba de lo más común hasta que vio a la muchacha en su camino, sobre la arena y con un gesto ilegible. La curiosidad lo consumió y no pudo evitar encaminarse hacia ella.
— Estás un poco arriesgada a que te pase algo aquí sola, ¿no lo crees?— preguntó de manera seria, demostrando cierta preocupación hacia la muchacha.








