Éstos últimos días estuve pensando mucho en la muerte, en lo efímeros que somos y lo poco que a veces disfrutamos el momento y, lo más importante: la vida misma.
¿Si muriera mañana? Tantas cosas que perderían sentido y dejarían de ser preocupación en un supuesto desahucio.
Somos tan poco (tiempo) y nos preocupamos tanto para el tiempo que duraremos. Si muriera mañana mis preocupaciones cambiarían radicalmente:
¿Disfruté realmente los pequeños momentos del tiempo que viví?
¿Cómo me recordarán? ¿Lo harán con alegría?
A ese punto, nada podría hacer para cambiar algo, no habría tiempo suficiente y sería imposible volver atrás para disfrutar todos aquellos momentos que no disfruté.
Originalmente ésta carta se titulaba «Por si me secuestra el narco». Un nombre bastante apropiado para el lugar y la situación actual, pero, ¿Y si muriese por otra cosa? ¿Qué dejaría dicho a mis seres queridos? (que aunque son pocos, les aprecio), Sinceramente me gustaría despedirme, dejar plasmado todo aquello que disfrutaba, amaba, me apasionaba, me hacía feliz y aquello por lo que vivía; en vez de dejar una evidencia para un estudio sociológico de los efectos psicológicos del narco en México.
Me voy a morir, ¿por qué tantas veces me he privado de cosas que quiero y que hasta necesito? Dinero de todas formas no tengo, por qué me privo de cosas tan simples solo por ahorrar unos cuantos pesos? Cuando me muera eso no va a importar un carajo.
Mayoritariamente mi vida no ha sido fácil ni feliz y hasta hace realmente poco conocí lo que es la felicidad, ¡¿Cómo no?¡, ¡Cómo vivía! Y si por algo he decidido haber hecho un pacto con él amor de mi vida y entregarle mi vida, es porque me trae una de las pocas cosas que me traen lo único para lo que vale la pena vivir: Felicidad, Zoriona.
Creo que la corrección de mi nombre legal es un buen comienzo para comenzar desde cero, como el ave fénix.
Si estáis leyendo ésto y yo ya he muerto, no te sientas mal por mí, no vale la pena, sólo queda lo que vivimos juntos.
Hace unos días miré a Giuseppe Curto y por fin pude ejemplificar lo que me era imposible de explicar con palabras de lo que quiero para mi vida.
Cursi, «muy de Tulum/Zamá», hippie, o como lo queráis ver, pero es lo que quiero para mi vida; simplemente ser feliz, ayudar a otros a serlo (obviamente desde metodologías basadas en evidencia), disfrutando todo, especialmente las pequeñas cosas y momentos, lo demás es irrelevante, especialmente lo que no está en nuestro control.
No me voy a morir de hambre, tengo muchas habilidades; tampoco moriré de frío ¿Y qué importa si en algún momento tengo que dormir cubierto por el manto de las resplandecientes estrellas? Hasta eso se puede disfrutar y sentirse afortunado. Y música, música hay mucha, suficiente para cantar al estilo Shakira (desafinado y con gallos) y bailar como Maddie Ziegler (como loco).
Mientras la salud, seguridad y necesidades básicas lo permitan; es mejor ocuparse en lo único por lo que vale la pena vivir: ser feliz.
¿Y qué si me robaron el móvil? Es mejor preocuparme, y ocuparme por mi salud, lo material vuelve, la vida y el tiempo no.
Cuando muera, haced un festejo, y regalad lo más valioso, regalad vida: Donad mi sangre, mis órganos, desde la piel, huesos, cabello, todo… y los pocos restos que puedan quedar (ojalá y no queden, ojalá todas las personas necesitadas posibles alcancen felicidad) sean esparcidos como cenizas al mar. A éste punto no me pondré exquisito, y aunque admito que adoraría descansar en la playa de la Concha en Donosti, no importa, el mar es grande y ahí podré ser libre.
Ni al caso repartir mis cosas y decir quién quiero que se quede mis cosas, que se las quede quien las necesite.
El ordenador es de mi madre, ella lo compró… El móvil (si es que tengo)… Formatead y usad a vuestra necesidad, mis juguetes serán bien recibidos por Rodrigo/Marina (alguno de vosotros debe tener su número), están todos nuevos, apenas los recibí y los guardé.
Más de valor, no tengo, lo único que tengo, por ahora, es la vida.
Libertad, Arte y Felicidad.
Euri a Diciembre 19 del 2024