“¡Joder!” Maldijo en voz alta sin poder evitarlo cuando unos libros, derribados desde el otro lado de la estantería, cayeron e interrumpieron abruptamente su lectura. Automáticamente Luce miró a la bibliotecaria, quien le dedicó una mirada reprobatoria no sólo por el ruido generado sino también por la grosería que acababa de soltar sin pensar, y articuló un lo siento con sus labios. Luego se dispuso a recoger rápidamente los libros del suelo para estirar su cuello y mirar a través del espacio vacío en el estante con el objetivo de hallar al culpable de tal alboroto.













