Feliz día a todas esas mujeres que han sabido ser una verdadera madre, a las que han amado incluso a los ajenos como si fueran suyos, a las que han hecho el papel de padre y madre al mismo tiempo, a las que han salido adelante y han sido un ejemplo, a las que nunca descansan, a las luchadoras de tiempo completo, a las que nunca fallan ni faltan a su palabra, a las que siempre están sin importar el mal tiempo, a las que han sido luz en la oscuridad y guía en todo momento, a las que más que traer un hijo al mundo lo han cuidado con su vida. Porque decirse madre no te hace madre ni ser padre, porque a lo mejor el padre se la pasa padre y la madre siempre llega tarde. Pero en verdad, porque este homenaje no es de un día sino para toda la vida, no es algo que se acaba al pasar 24 horas, es algo que dura más allá del tiempo, más allá de lo inexplicable, dura lo que el corazón idolatra a esa guerrera inalcanzable. Para todas esas madres que han sabido ser madres sin necesidad de gritarlo al aire ni reclamar ni pedir nada al mundo. Para quienes han sido fieles a sí mismas y rebeldes contra la adversidad. Para quienes más que engendrar una vida, marcan una época o dejan huella en cada siglo que pasa. Para todas ellas es esta celebración infinita, que nunca acaba, que continuará por siempre. Para tu madre, para la madre de tu madre y la madre de tu madre de tu madre y para todas las madres del mundo. Porque es muy hermoso contar con una madre. Una luz o una sombra que nos cuida en secreto. En secreto la amamos, sin decirlo. Y en silencio, nos ama. A veces también vale gritarlo. Sin miedo, sin pudor, con orgullo. Porque toda madre es temporal, es prestada, es un regalo. Y hay que saber aprovechar su presencia inigualable y gozar de tenerla con nosotros, mucho o poco, aunque sea un ratito. Y dar gracias por haber tenido una madre cuando otros no la han tenido y saber que madre no es cualquiera, madre es la que alegra nuestro corazón con tan sólo mirarnos a los ojos o sin decir una sola palabra decirlo todo. Ella conoce nuestra alma.
—Homenaje a la madre, Joseph Kapone