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@festindecuervos
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en la diestra de kayoung, el vaso de soju asciende a sus labios y no difumina el temple sereno. su corazón, sin embargo, está acongojado.
los invitados que la observan entre cuchicheos, saben que no ha de estar ahí. kayoung, por su lado, no se hubiera perdonado jamás la no asistencia. al fin y al cabo, se trataba de ella.
no espera verle llegar. el rostro al fin toma vida para fruncir el ceño y encararle. su secretario le juró que gideon no estaría allí.
pero él siempre la persigue como una maldición.
' ¿qué haces aquí? '
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ[ 𝐟𝐮𝐧𝐞𝐫𝐚𝐥 ] : sender and receiver are attending to a funeral. @festindecuervos
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ ✦ . ⁺ . ✦ . ⁺ . ✦
En las noticias había más que la muerte de una amiga, y Gideon lo sabía. La culpabilidad de Kayoung no era diferente. Solo otro tipo de muerte.
Entonces, ¿por qué se acercó a ella, como si fuera exactamente a lo que iba?
"Vine a despedir a Bada." A ver si estás bien, gritaba su mirada. Esperaba que fuera capaz de captarlo. En realidad, sabía que era así, pero la pregunta era estúpida de todos modos. No lo estaba, era imposible. Él había leído los artículos, el nombre de Kayoung como un anexo macabro a la muerte temprana de una inocente. "¿Te molesta mucho si me siento contigo? Por los viejos tiempos."
En el pasado, los tres se habrían sentado a compartir... lo que pudieran, realmente. Detalles sobre sus vidas, juegos, y cuando más grandes, cosas sobre sus estudios, sus parejas. ¿Qué compartían en el presente más que la culpa?
to @orqvideas
El equinocio de otoño se les venía encima, y Mingxia se encontraba atenta a los mortales que rondaban su montaña. Este año tenía que aportar la mejor especie. No se repetiría lo del año anterior.
Venía cambiando ese camino hace horas. La persona cayó directo en su trampa. En el último segundo, cuando ya era demasiado tarde, ella se le apareció.
"¿No te encanta esta montaña?" Le sostuvo por los hombros, masajeando ese lugar como un entrenador a su atleta. "La esculpí con mis propias manos⸺y tú eres el toque final perfecto. ¿Te interesa?"
Independiente de su respuesta, no tenía muchas opciones.
Sólo cuando la vio sentada sobre su cama es que se dio cuenta de que estaba en apuros. La idea que le había surgido había sido demasiado espontánea, ni siquiera le había dado tiempo de razonarlo. ¿Realmente era lo correcto? No lo encontraría incómodo, ¿o sí?
Armándose de valor, da una inhalación profunda. Se mueve hacia el closet, registra entre algunos pocos accesorios, la mayoría sencillos, y al dar con lo que busca se devuelve hacia ella. Aunque hay una pausa de vacilación, termina acompañándole a un costado.
"Creo que es egoísta de mi parte—" sonríe, sonríe porque es todo lo que quiere que recuerde de él, "pero me gustaría que te quedaras con esto." Al separar las palmas, hace emerger la imagen de una cadena sencilla. El dije de tulipán era fácil de reconocer, Ren solía llevarlo encima con regularidad. "Quizá podamos—" vuelve a tomar una bocanada de aire. Por la manera en que se humedece los labios, cualquiera pensaría que está tanteando si las próximas palabras son las correctas, "¿quizá podríamos hacer una promesa? De regresarlo la próxima vez que nos veamos." O no. Le gustaba más la idea de que ella se lo quedara, pero si con ello podía hacer más tangible un futuro encuentro, pues bienvenido sea.
En sus manos, la cadena parecía una promesa más seria, una que acaloraba con ternura su corazón. Tragó, intentando deshacer el nudo que se le estancó en la garganta una vez más, pero su labio inferior volvió a temblar. La mirada, borrosa, se humedeció apenas cerró los párpados. Empuñó las manos atesorando la joya en su interior, cercana a su pecho. Se apresuró a asentir, secando esas lágrimas locas que volvían a recorrer sus mejillas. Lo dudó por un segundo, pero pronto envolvió con los brazos el cuello ajeno. En el impulso del momento, pegó sus labios a los ajenos.
"Veámonos otra vez." Era como si probara las palabras, como si fuera algo que tuviese prohibido pronunciar. Lo hizo contra su cuello. "Volvamos a vernos, no-- no nos perdamos. ¿Está bien? Que no sea... una promesa en vano." Su mayor miedo.
Se desapegó tan rápido como se pegó, y tironeó de algo en su muñeca. Una pulsera de gemas rojas, la figura de un ojo enchapada en plata era el centro de la pieza. Tomando su mano, pretendió ponérsela ella misma.
"Yo te daré esta," le comentó, intentando, con manos temblorosas, cerrar el seguro. "Y así... así... será algo de los dos. ¿Está bien?"
to @orqvideas
Haberse decidido no significaba estar por completo seguro de sus propias decisiones. Si le preguntabas... bueno, lo más probable era que no respondiera nada, pero en el caso de que sí respondiera, él diría que nunca fue muy bueno tomando decisiones. Siempre se sentían como demasiado.
Demasiado cerca, demasiado dentro, demasiado encima de mí.
Por eso dudó en acercarse. Y cuando lo hizo, fue por eso mismo que suspiró pesado, masajéandose el puente de la nariz.
"Al final sí tengo disponible la habitación, si es que aún te interesa." Su voz tensa, como si saliera en medio del suspiro. "Para mañana mismo, incluso⸺si no, entonces olvida que te dije algo."
El problema con jugar a pretender era ese. Le bastaba con verlo para reconocer que no podía cuando el problema tenía nombre, un rostro inconfundible, formas y maneras, peculiaridades únicas; cosas que, de tratarse de alguien más, seguramente habría considerado ridículas.
Elias no tenía remedio, de eso no había duda. Pero al mismo tiempo era incapaz de verlo por sus propios ojos, de verse a sí mismo gravitar inconscientemente a su alrededor. Solía preguntarse si acaso Keaton era consciente, si tenía la menor idea. La mayoría de las veces, se convencía a sí mismo con que estaba tan acostumbrado a su presencia en su vida, que su sentir era normal. Nada de qué extrañarse.
“Tú sabes de qué hablo” le retrucó con plena convicción, sin ceder ante el estallido de risa por más contagioso que fuera. “Ves, ni siquiera pudiste negármelo. ¿En serio ibas a decirme que nadie te invitó a nada en San Valentín? Vamos, por favor” embargado por la incredulidad y un mal presentimiento sobre quién había hecho la invitación, revoleó los ojos. Porque también lo habían citado a otros algos, pero en un destello de lucidez, decidió rechazarlos. Durante el segundo en que cruzaron la mirada, se le ocurrió pensar que ya no quería planes vacíos. No desde la última vez, al menos.
“Bueno, te tenía a ti en mente” eso era todo. Para cuando percibió cómo pudo haberse dado a entender, era tarde para echarse atrás. Lo único que le quedó fue encogerse de hombros con una sutileza muy propia, casi hasta perezosa. “Quiero decir, nosotros— tú y yo, nadie más” le confesó con suma naturalidad, como si nada. En el fondo, no había hecho sino ser honesto. “Traje algo de Vail para ti, y tengo algunas películas viejas. Pensé que podíamos tomar algo, pasar el rato...” tan simple como eso. Era lo que hacían los amigos, ¿no? Tal vez sólo había olvidado cómo se sentía.
“Ya deja de hacer eso, Keaton, no jodas” tuvo que hacer un esfuerzo por mantener la seriedad en vez de reírsele en la cara. ¿Qué se suponía que estaba haciendo con la nieve? En su lugar, lo señaló con el cigarrillo entre los dedos, acusatorio. “Vas a terminar cayéndote, y después no vengas con que no te lo dije.”
Las famosas mariposas revoloteaban molestas en su estómago con anticipación que Keaton se negó, en principio, a aceptar. Habían comenzado a molestar apenas iniciaron esa caminata sin punto, y se autoconvenció de que no era nada, y luego de que no tenía idea por qué se sentía así. Lo sabía perfectamente.
El instinto le decía que comenzara a autocriticarse: ¿Quién iba a invitarlo a algo en San Valentín? Pfff, ¿a él? ¡Cuándo! Pero pensó en su papá, pensó en su padrastro, y junto a un bufido, escondiendo las manos en los bolsillos, soltó: "¡Por supuesto que me invitaron a algo! ¿Acaso no me viste?" Se hubiera peinado el cabello con las manos, como solía hacer Leo, pero... no le dio para tanto. Si antes las mejillas se le acaloraban, ahora de plano ardían. Aún así intentó mantener esa seguridad en sí mismo que definitivamente no sentía.
No con Elias, de todos modos.
"Solo decía que no porque... porque prefiero ir a lo que me invitaste tú. Quiero pasarlo contigo." Partiendo por los hombros, la confianza se fue desinflando de a poco, volviendo a patear la nieve frente a él. Asintió con la mirada en los montoncitos de nieve a los que se acercaba para desarmar. ¿Le había comprado un regalo? ¿Un regalo de San Valentín? Quería sonreír tan amplio que sus mejillas doliesen, pero Elias era tan... él, que en la intimidación intentó disimularlo. Una mueca adornó su rostro.
"Me... ¿me vas a--?" El regaño le interrumpió.
Se transformó con la arruga entre sus cejas con el regaño, justo en el momento en que... sucedió exactamente lo que Elias le dijo. En lugar de caerse, sin embargo, medio se abrió de piernas, tambaleándose.
𝓵. fiesta de compromiso, cerca de la barra de bocadillos. * they're such a happy couple, maybe too happy.
comentario ajeno le hace reír por lo bajo. él también lo pensó; misma idea, diferentes palabras. evento en sí parece un circo, demasiada felicidad en cada rincón del lugar. no se lo cree. ' las malas lenguas dicen que él le pone el cuerno en cada oportunidad. ' se inclina, cubriendo los labios con un canapé antes de consumirlo. ' y que a ella no le importa porque se ha acordado un gran acuerdo nupcial donde ella recibirá una cantidad estúpidamente absurda si algún amorío sale a la luz. ' no debería estar esparciendo ese tipo de comentarios. a su madre no le haría mucha gracia que inguk estuviera hablando mal del compromiso de su hermana mayor. ' yo creo que deben ser el uno para el otro. — persona horrible conoce a persona más horrible y deciden estar juntos por el resto de su vida. mejor que se jodan la vida ellos y no lastimen a gente inocente, ¿no crees? ' ( @ma6e )
"Oh, ¿eso dicen?" Asintió con una calma casi calculada, mirando en dirección a su hermano mayor. El hijo perfecto. Se llevó la flauta de champaña a los labios. ¿Sus padres sabrían de esos famosos amoríos, o de la plata absurda que tendrían que prestarle, al muy imbécil, si a su esposa perfecta se le ocurría atacar devuelta? No le sorprendería que sí, pero para autosatisfacerse decidió creer que no tenían idea.
"Tienes razón," concedió, entonces, con una sonrisa contenta. "¿Cómo te llamas? Creo que me hiciste el día." ¿Explicaría más? Tal vez después de unas tres flautas más. "Yo soy Tori. Vine obligada, y ya comenzaba a sentirme mal porque... ya sabes, en esta clase de cosas todos se juzgan entre todos." Lo que significaba que no tenía nada para ostentar. Solo una bonita presencia y... ya. No es que importara mucho. "Es uncanny valley. Demasiado perfectos, demasiado falsos. Pensé que sería la única que lo viera, porque todo el resto suspira con tanta belleza," recalcó, irónica.
¿Y si ella también era su red? Esperaba que lo entendiera, incluso si no se tomaba el tiempo para explicarlo. Ren podría ser comprensible con muchos, pero con ningún otro personal habría tomado una acción tan arriesgada.
"Sí, hay algo que quiero que se quede contigo," empezó a caminar con lentitud, como si sus pies estuvieran retrasando el momento en el que por fin llegarían a la habitación. En muchas otras ocasiones habían caminado a través de esos pasillos, del jardín, de los balcones, sin preocupación más que cumplir con las labores diarias. En ninguna, sin embargo, se habría atrevido a tomarle de la mano. Hacerlo se sentía— atrevido. Le había tomado semanas y meses sentir que la comodidad frente a la compañía del otro era mutua.
¿Ahora? Ahora no la quería soltar.
"Espero no te moleste pero—" abrió la puerta de su habitación sólo para ingresar la cabeza, "hay algunas cosas fuera de lugar. No quiero que te quede el recuerdo de que soy desordenado," se le escapa una risita nerviosa, ¡pero es que no quería dejarla afuera, esperando! "¿Te puedes cubrir los ojos?" Con una exhalación de derrota, empuja con un hombro y permite la entrada. Rapidamente empuja las sábanas a un costado para sacar la pijama y tirarla al cesto de la ropa sucia. A los zapatos les da una patadita debajo de la cama. El par de accesorios sobre la mesita de noche los empuja en el cajón de la misma. Caray, que tenía trabajo por hacer... "Ya puedes abrirlos." Y cierra la puerta del baño. Sólo por si acaso. ¡Ojalá lo hubiera pensado un poco más! "Puedes... tomar asiento."
Cotton cubrió sus ojos con las manos, el calor inmediatamente alcanzando sus mejillas. ¿Qué serían esas cosas que le quería ocultar? No supo detectar la verdad, pero su imaginación hizo un trabajo estupendo. Se le acaloraron las orejas.
Y se sentó en el borde de la cama, rodillas juntas, descubriendo de a poco la mirada para absorber el ambiente y qué cambió mientras ella no podía ver. "Me estás poniendo nerviosa," admitió. "¡Pero...! No te apures, solo quería decirlo." Apretó los labios en una línea. ¡Ella y su bocota! Esa noche no deseaba apresurarlo a nada. Quería que el tiempo que les quedara juntos pasara lento y calmado. No quería despedirse del lugar seguro que su compañía fue desde el principio. Sorbeteó. "¿Me vas a dar algo?"
¿Un recuerdo? Se adelantó, sus ojos brillando nuevamente con lágrimas.
Swan notó el escepticismo en la voz de su compañero. Y con toda razón, porque aunque ella misma hacía mucho que no tenía una casa de madera, uno de sus amigos del juego sí, y vaya que no había terminado bien en una de sus visitas.
"Por ahora podríamos tener una casa de madera," asiente, pensativa, "por lo menos para pasar las primeras noches, ¿cierto?" Consultó mirándolo por encima del hombro. "¡Traté de usarla como me dijiste! Con ella conseguí la carne de res." Sí, sólo la había usado para las vaquitas. Solía huirle a todo tipo de enfrentamientos cuerpo a cuerpo, su cerebro todavía lo tomaba bastante raro por el asunto de la realidad virtual. ¿Quién querría formar parte de una pelea con espadas de manera consciente? Ella no.
Mientras tanto, el cerdito volador se alteró cuando mencionaron su carne. Refunfuñó fuerte, quejándose ahora con Swan sobre la indirecta que le habían dirigido.
"No podemos comer carne de cerdo por respeto a nuestros compañeros," le recordó con voz solemne, pasando la mano para peinar los pocos pelitos del animal. ¡Era un npc tan lindo! "Así que espero que con la de res te baste." Dejó las carnes asarse. En los próximos minutos hundió estacas en el piso, para delimitar las dimensiones del terreno. "¿Te gusta hasta aquí Lu— Fan?" Ups, a veces se le cruzaban los nombres.
Fantome instalaba las mesas de trabajo con tranquilidad. Lo primero que hizo fue arreglarle la espada. Era un desperdicio que una espada tan buena solo matara vacas, pero a la vez, que fuera Swan quien lo hiciera... ¡Que lo juzgase quien quisiera, la mujer era adorable! "Toma," se la entregó. "Tengo un poco de material para hacer al menos el frontis de la casa no de madera. Ahí puedes poner tu fuego." Prosiguió a derretir material, mientras que siguiendo la guía que ella le dibujó, se propuso alzar las famosas paredes de madera. Construir era su parte menos favorita del juego, pero por desgracia, podía ver su utilidad. Cuando tuvieran mejores materiales y una idea más clara, dejaría que Swan tomara las riendas. "¿De qué color vas a querer esta casa?" No podía reprocharle que le llamase Luc. A él también le daba por llamarle Chiara. Y luego, volviéndose hacia el cerdo una vez más. "¿Sirve para algo? Podríamos ponerlo a trabajar. Hay mucho por hacer⸺¿Cómo va tu PvP? Podías practicarlo con él... ¿ella?"
to @kusturicas
Maldita tuerca de mierda, casi soldada al óxido de su último cacharro que obtuvo al módico precio de En realidad no tengo la plata pero me la consigo solo porque está muy barato y lo quiero. Lo tiene con la espalda en el suelo, la mitad más importante de su cuerpo completamente metida debajo. Hace demasiada calor. Pero Beto soñó una forma de sacar la tuerca y ahora está convencido de que era La Respuesta. No podía no intentarlo.
Unas pisadas le mataron la concentración. O eso se decía él, pero lo cierto es que podía o no podía estar entrando en alguna especie de locura gracias a la temperatura.
“El pendejito de allá afuera mintió, por cierto—” Todavía haciendo fuerzas, algo cedió. No era la tuerca. Beto se rindió en el suelo, pero respiró hondo. “Le anda diciendo a todos que aquí dentro vendemos helados, para joderme, pero… no. Aunque si vienes por el escarabajo que tengo en venta—” se movió, pero aún no lograba salirse. “Si vienes por ese, espérame un segundo. Es una joyita, no te vas a arrepentir.”
to @hxcuspocus ⸻ ❛ you just needed something they didn’t have in them to give you. ❜
“Me haces sonar como el tipo más mezquino del mundo.” Se llevó el vaso con whisky a los labios, la mirada perdida en la nada, meditando en lo que pudo tanto necesitar que no pudieran darle. ¿Realmente era tan difícil? En sus recuerdos no era más que reciprocidad. Pero los recuerdos siempre estaban contaminados de algo que torcía la realidad. Decidió ignorarlo. “Yo creo que simplemente nunca me amó como dijo. ¿Tuviste a alguien así en tu vida alguna vez?”
to @orqvideas ⸻ ❛ i don’t think i really wanted you to go on with your life, without me. ❜
Sus labios no se movieron más que para mostrar la derrota en su sonrisa. Las palabras pronunciadas de labios ajenos eran eco de pensamientos que ella no quiso entretener, ni ahora ni en el pasado tan cercano, y por lo tanto, agradecía que fuera él quien las entregara al universo.
“No sé qué puedo decirte. ¿Es una mezquindad que puedas permitirte a estas alturas?” Hipócrita ella en su propia mezquindad, convencida de que, aunque la respuesta fuera no, si él lo pidiera… cedería
to @okkotsiu ⸻ ❛ at the same time i want desperately to be loved. ❜
“¿Y todavía te queda para pensar en eso?” Suspiró una risa, incrédula. No. Confundida. Liderar una vida que se trataba de pensar en agentes exteriores a ella se había vuelto, sin que ella pudiera evitarlo, una segunda naturaleza. ¿El amor? El amor no tenía espacio. ¿Si quiera lo quería? “No lo entiendo, si te soy sincera.”
"Justamente estaba esperando que lo preguntaras, mira lo que conseguí en el camino—" de su inventario hizo aparecer una cantidad sustancial de madera que flotó por encima de su cabeza. También había lingotes de oro, azurita, palitos, una espada encantada con la mitad de vida, y otro poco de piedra mohosa para nada relevante. Con todo junto, a lo mucho les serviría para construir una habitación. "Podemos hacer algo simple y rápido para pasar la noche, ¿qué te parece?" Y antes de que él accediera, porque sabía que podría haber una réplica en cualquier lado, se adelantó: "¡Perfecto! ¡Me encanta cuando me das la razón! Yo haré la fogata para cocinar..."
Al lejarse, se acuclilló en el piso y construyó una pequeña estructura que encendió con su afinidad por el fuego. ¿Quién hubiera pensado que meses después se divertiría tanto con aquella habilidad?
"¿Quieres carnita de res o pescado?" Inquirió en voz alta. Si había una tarea que se tomaba muy personal, era mantener a Fantome alimentado. De lo contrario, lo mataban. Y si lo mataban a él, significa que también la mataría a ella, duh.
Entre todas las cosas que le mostró, solo agarró la espada y la madera. Todo lo demás era basura a sus ojos.
"Entonces... ¿quieres hacer una casa de madera?" Para él no era buena idea. Entre todos los materiales disponibles, era el más débil para Luc, considerando que Chiara⸺Swan⸺manejaba el fuego.
"Arreglaré esto para tí." Le enseñó la espada, revisando en su propio inventario por la herramienta que necesitaría para ello. "¿Probaste usarla como te dije? Veo que está gastada... ¿O no es la que te pasé?" Se veía algo diferente. Pero... era un juego. A veces se le olvidaba ese pequeño detalle.
"Marca exactamente dónde quieres la casa, veré qué puedo hacer con lo que tengo yo⸺pero te advierto que por hoy no será mucho." Mientras hablaba, armó un baúl en el suelo. "La carne de res me gusta más, por cierto," respondió. "La de cerdo también."
"¡Decidido! Nos mudaremos para acá." Se detuvo en lo más alto de la colina, extendiendo los brazos de par en par. "Pondremos unas ventanas en esta dirección, para que coincidia con la salida del sol, y en esta otra también, para que coincida con la apuesta. Habrá un jardín grande, muy grande—" extendió los brazos hacia arriba, "¡y serán dos pisos! Nuestras habitaciones estarán arriba." Continuó haciendo planes mientras el cerdito con alas que había adoptado le seguía de aquí para alla, rebotando en el aire con la misma energía que su dueña.
La practicidad quedó de lado en todo el proceso. Estaban un poco lejos de la ciudad, no habían muchos árboles en la zona, y se decía que había un grupo de forasteros asechando la zona en busca de víctimas a las cuales robar. En su mente no es que importaran mucho, ¡Luc era el más fuerte y ágil de todos!
Luc se enderezó, girándose lentamente hasta quedar cara a cara con... Swan. "¿Decidido?" Justo cuando pensaba que era el terreno más incómodo de la historia. Lo único positivo es que no habría que limpiar mucho la zona. ¿Pero y los materiales, la protección? "¿Con qué materiales construiremos dos pisos? ¿Tienes materiales para iniciar?"
Apostaría: No.
Pero era Chiara. A esas alturas, él sabía exactamente con quién lidiaba y, dicho sea eso... le gustaba.
"Solo dime si los materiales que tienes en mente están muy lejos." Aunque la apuesta por eso no era tan segura como la anterior, aún así se inclinaba por un sí. "¿Por qué quieres iniciar? ¿Cómo estás de hambre?" Con la pregunta, fijó su mirada en esa cosa que la seguía para todos lados.
Le correspondió el gesto de forma inconsciente, pero a su manera. La sonrisa que tiró de sus comisuras fue cauta, momentánea incluso, un rastro de ingenuidad dibujándose unos cuantos segundos sobre un rostro cansado, para difuminarse después. O mejor dicho, esconderse, puesto que no le sostuvo la mirada mucho tiempo. Sólo el suficiente.
El suficiente para observar sus movimientos. El suficiente para preguntarse cuántas sonrisas ganadoras más tendría, o si todo era tan casual para él como lo hacía sonar.
Claro que había pensado que se iría, ¿quién no lo haría? Si se hubiera ido, no lo habría culpado. “Pensé que podía tratarse de algo privado, no quise entrometerme” se encogió de hombros sutilmente, pues después de todo, no era asunto suyo. Supuso que quizá tenía algún lugar al que regresar, alguien a quien volver a ver. La clase de cosas que cualquiera daría por sentadas. La clase de cosas que había prescindido en bien de otros objetivos. Que ella no las tuviera, no significaba que él tampoco.
“¿Y se puede saber de qué tratan esos papers o es confidencial?” quiso saber, un deje de gracia colándose en la interrogante mientras sus ojos lo estudiaron de reojo, con una ceja en alza. “Si necesitas ayuda, puedes decirme. No hago mucho últimamente, como verás” era un ofrecimiento genuino, aunque no dejaba de existir una cierta ironía en el medio. Según sus entrenadores, hacía más de lo que debía. Su perspectiva, no obstante, decía totalmente lo contrario.
No dijo ni una sola palabra ante la sugerencia de compañía. No porque no la necesitara ni quisiera, sino más bien porque aceptarla con un simple sí sería igual que aceptar una derrota. Aceptar que la soledad en la que se había hundido a sí misma estaba ahogándola viva. “Estoy bien, no necesito nada” le respondió del mismo modo que le respondía a los demás, con calma y sin inmutarse, como si fuera un mantra que tenía que repetirse una y otra vez hasta el cansancio para convencerse de que estaba bien, no necesitaba nada, porque si no podía por su cuenta, ¿entonces qué más quedaba de ella?
“Quédate,” le concedió, sintiéndose absurda ante el sonido de su propia voz. Como si hubiera suplicado para que no se fuera. “Un rato, si quieres. Prometo no desvelarte demasiado” se corrigió sobre la marcha, improvisando un tono de humor que carecía. Esa, también, era su manera de sonar casual sobre el tema menos casual de su mundo. “Hay pizza fría allí, sobró de la cena” le señaló con la vista en dirección a la encimera. “Aunque no sé si te guste” o qué te gusta, le habría preguntado, en realidad.
Sí, uh, Hugh no lo pensó muy bien. Y es que en realidad no lo había pensado nada. Pateó su bolso para guardarlo un rato más, y abandonó su laptop en la mesa más cercana al mismo para no olvidarlo cuando sí se dispusiera a irse. Miró en dirección a Rue antes de encaminarse por la Pizza. Era magnética, tanto como en la cancha, pensó. Pues sí la había visto, más de una vez.
"¿De verdad quieres saber sobre los papers?" Porque, si de verdad estaba interesada, tenía mucho para decir. Al final, era lo que le gustaba. Incluso más que practicar los deportes él mismo, que bien hacía. "Solo hablamos sobre músculos. Grupos musculares, cómo pueden dañarse, y cómo pueden arreglarse. Cuánto tiempo demoran en sanar, o si sanan por completo. Ese tipo de cosas, entre otras."
Mientras sacaba un pedazo de pizza fría y la metía al microondas, volvió a dedicarle una mirada. Quería ver si era algo que pudiera interesarle, porque lo dudaba. Una parte de él no lo ponía en completa duda, sin embargo, con ella siendo una atleta profesional y todo eso.
"¿Quieres ver una película? O un partido. No sé si hay algo hoy, pero podemos ver una repetición." Se encogió de un hombro, justo en el momento en que el microondas sonó con un ping. "Ahora es tu momento de arrepentirte por decir que no quieres nada. ¿No quieres una bebida o algo? Habla ahora o calla para siempre."
“Así que cuéntame, Keaton...”
Había venido espiándolo de soslayo durante todo el camino, de tanto en tanto y con un cierto grado de moderado disimulo. Casual, al margen. El par de semanas fuera le sentaron bien, le cambiaron el semblante mas no de realidad; si acaso, no la cambiaría por nada, no en ese instante. Sólo no quería arruinarlo.
“¿Tienes algún plan para hoy?” pretendió curiosear, como quien no quiere la cosa mientras intentaba que su encendedor funcionara de una vez. Un chasquido tras otro, sin éxito para un vicio sin propósito. Que tuviera las manos entumecidas por el frío no era de mucha ayuda, y que la única forma de caminar fuera prácticamente arrastrando sus pies sobre la nieve tampoco. “Pensé que tal vez podíamos...” no concluyó la propuesta, no porque no se atreviera sino porque la idea de que Keaton tuviera otra cosa en mente que no lo incluyera a él era una posibilidad. Sólo no quería aceptarla. “No me habrás reemplazado por alguien mejor en mi ausencia, ¿o sí?”
Keaton se enfocaba en nada más que sus pies, pateando la nieve fuera de su camino. Era casi un reto no mirar en otra dirección, pues sentía cómo la mirada ajena de vez en cuando se posaba en él... ¿O sólo lo estaba imaginando? De cualquier manera, y pese a toda resistencia que él pudiera forzar, su rostro estaba cubierto de color a través de ambas mejillas y hasta sus orejas. ¿Elias sabía que fecha era? Se venía diciendo a sí mismo que no, que nada que ver. Que cómo se le ocurría.
"Uh," rió, pasándose una mano por la nuca. "¿Por alguien mejor? ¿De qué hablas?" No podía dejar de reír, ¿por qué no podía dejar de reír? "No. En realidad...⸺bueno, en realidad sí me invitaron a algo, pero no tengo ganas de ir." Presionó sus labios juntos, y finalmente... ¡Finalmente! Se atrevió a mirarlo. Aunque nada más un segundo, antes de continuar pateando la nieve. "¿Por-por qué? ¿Tenías algo en mente? Porque estoy... estoy disponible. Si quieres. Podemos⸺podemos... Síp." ¿Qué?