Viva Las Vegas || Quick
Read More
Me dejé llevar por el momento, por sus besos, y por la presión que su entrepierna hacía sobre la mía. Cuando Noah se separó de mi intimidad y comenzó a subir lenta y tortuosamente por mi piel, dejé que cada centímetro de mi cuerpo se relajara y se preparara para lo que se me venía encima: él. Cuidadosa y pacientemente esperé hasta que volvió a mis labios, y cuando me obligó –en sentido figurado—a hundirme en sus labios, les correspondí como si nunca los hubiese besado, y seguí prestando especial atención en la manera que sus manos trabajaban sobre mis pechos, y mi espalda delicada.
Luego, cuando detuvo sus caricias y labios para soltar ese gruñido tan poco infantil, me aproveché de la situación, y me acomodé sobre su cuerpo de manera que mis piernas quedaron a cada uno de sus costados, y cada centímetro de mi torso hizo contacto con el suyo. “¿Qué sigue ahora, Mr. Puckerman?” Le pregunté con la intención más provocadora que tuve en la noche, y poco a poco deslicé mis manos hasta que se encontraron cerca del botón de sus jeans, los cuales desabroché y lentamente deslicé hacia abajo, hasta que toparon con la parte más prominente de su trasero, dejando casi al descubierto aquella gran erección.












