—Si dale, no hay problema —cedió, indiferente—. Igual yo quiero la que está más cerca de la puerta, me pone mal dormir muy lejos, por si pasa algo. No va a pasar nada, pero igual. Yo con mis manías y vos con las tuyas —bromeó, dedicándole una pequeña sonrisa.
—Y... es útil por si a los boludos estos se les ocurre hacernos una jodita —se encogió de hombros—. Yo tengo que dormir mirando a la pared porque sino no me duermo —la observó entornando los ojos, sin recordar con claridad su cara—. ¿Vos estuviste en la fiesta? No me acuerdo.











