Yo tenía diecisiete años y el mundo me quedaba enorme, peligroso y brillante.
Él tenía veinte, y una forma silenciosa de sostener el caos sin intentar apagarlo.
Yo era la que se desangraba entre grietas donde crecían flores у Xanax.
La que pedía que la recogieran en lugar de pedir ayuda.
La que temía que la ambulancia no llegara.
Y él llegaba.
No siempre puntual.
Pero llegaba.
Después de las fiestas donde yo lloraba en baños ajenos,
después del alcohol y las personas que no sabían pronunciar mi nombre, él estaba ahí.
A veces sólo para manejar,
porque a él le gustaba la velocidad y a mí mirar por la ventana como si el mundo
pudiera curarse en movimiento.
Hubo madrugadas en las que él también se rompía,
y yo aprendía que amar no es rescatar, es quedarse mientras el otro tiembla
Fuimos salvavidas uno del otro, aunque ninguno sabía nadar del todo.
Nos sostuvimos y durante años,
lo hicimos lo mejor que supimos.
Después estaban los otros momentos;
Los de "after party",
cuando las luces hacían que el mundo pareciera menos cruel entre canciones elegidas para no hablar del miedo;
Cuando sus dedos en mi mano eran suficientes argumento para quedarme,
Cuando me enseñaba a bailar bajo la luna y yo fingía no saber, sólo para que me tomara de la cintura otra vez.
Prometimos Italia.
Prometimos ríos que lavaran el pasado.
Prometimos que los castillos de arena se volverían cimientos.
Pero el amor también tiene su último estado.
Ese que no se ve venir, pero cuando llega, lo reconoces.
La lluvia que golpea durante días hasta perforar el techo.
La gota que insiste.
La verdad que sale a la superficie.
Y el silencio enfermo que alguna vez fue
contagioso
Se soltó de mi cuerpo.
Porque la claridad puede ser
ciega,
pero también despierta.
No fue poético,
No tue digno
Fue humano
Y dolió como sólo duele lo que se creyó eterno.
Pero
Lo perdoné.
No porque lo que hizo estuviera bien.
Sino porque el hombre que me recogía en la madrugada,
el que me decía "mañana plantaremos más
flores" también existió.
Y ese hombre me ayudó a sobrevivir a una versión de mí que ya no soy .
Y eso también es verdad.
El amor, como la lluvia, insiste.
Golpea
Perfora
Y al final limpia lo que ya no puede sostenerse.
A veces el amor no es para quedarse,
Es para transformarte.
Y aun así, recuerdo la carretera, la música, el asiento trasero, las manos entrelazadas, sin rencor,
Solo gratitud.
Hoy ya no necesito que me lleven a casa.
hubo un tiempo en el que alguien me miró como si yo fuera hogar.
Y yo aprendí que puedo serlo, incluso cuando nadie más se queda.












