Puede que mi pintor favorito sea Edward Hopper. Todo lo que representa. Todo lo que trasmite. Camus describe una imagen como si fuese una pintura de la soledad de la vida en los lienzos de Hopper:
"Un hombre habla por teléfono detrás de una mampara de cristal; no lo oímos, pero vemos su mímica sin sentido: nos preguntamos por qué vive. Ese malestar ante la inhumanidad del hombre, esa incalculable caída ante la imagen de lo que somos, esa “nausea”, como lo llama un autor de nuestros días, es también lo absurdo".
Pero hay una obra que me trasmite algo más que esa particular soledad y esos escenarios de melancolía, en esta vida urbana y tintes de los 50´s. Jo In Wyoming (de 1946), tiene ese toque que admito, a veces me hace llorar. Ya no hay tanta soledad, hay un atisbo de felicidad entre todos estos paisajes tristes en ese mundo desolado y frio. Dentro de la obra cronológica de Hopper, tiene su momento particular. A su vez, dentro del mundo que terminó por construir, esta obra es una emoción jovial de aún-felicidad, de un sueño que yo mismo quisiera poder vivir, de un aún-libertad.














