Despedida a mi 80% Monster.
Después de años buscando a Francisca me encontré a mi misma. En una nueva casa, con poco espacio, pero con todo aquello inapreciable para la vista, pero básico para el corazón y el alma.
Me sobraba todo y lo quería todo. Eran mis dos mundos enfrentados, mi futuro y mi pasado. Un futuro blanco, minimalista y lleno de luz contra un pasado gris donde reinaba el más es más. Sí, fui una shopaholic y lo seguiría siendo hasta que no me librara de todo aquello. Siempre he creído que un armario dice mucho de una persona y hasta hoy evitaba ver lo que reflejaba el mío. El caos en persona, el abarrotamiento del todo y del nada a la vez. ¿Quién era? ¿A dónde iba con todo eso? Estaba atrapada en una espiral de ropa de la que no podía escapar, … ¿o no quería?
Hace poco leí que la mayoría de las personas usan alrededor del 20% de su armario el 80% del tiempo. Así que eso significa que hay un 80% de ese armario que probablemente nunca vaya a pisar la calle. Exacto, la oportunidad de tener un 80% de espacio libre en mi casa y lo más seguro, en mi vida.
Para ello rebusqué en los miles de artículos que hay en internet para encontrar la mejor forma de librarme de ese 80% de peso que me ahogaba día a día, que por la mañana se convertía en un monstruo que no me dejaba escoger el mejor outfit para salir a vivir. Lo que en ese momento decidí bautizar como el 80% Monster.
Me vestí con mi mejor outfit de ir por casa y me decidí a luchar contra ese monstruo maligno que me hacía las mañanas imposibles y llenas de agresividad y rabia. Excluí la ropa deportiva (gimnasio, surf, ski, etc.), la lencería, la ropa de dormir e ir por casa, y los zapatos y accesorios. Para ello tuve que ser fuerte y no caer en la tentación de guardar ropa “para ir por casa”. Ésta última la podríamos calificar como la criptonita del 80% Monster.
Primero analicé mi día a día. Debía conocer mis necesidades para poder librarme de aquello que estaba en mi armario de más. A cada “actividad” le relacioné un estilo. Por ejemplo, a los fines de semana un estilo casual. ¿Sorprendente verdad?
En este paso me di cuenta de que lo que yo quería no iba acorde con lo que estaba haciendo en este momento. En el trabajo quería un estilo informal pero arreglado y casi siempre, por las prisas, acababa siendo simplemente un estilo informal. Es importante aprovechar este momento para visualizarte y dar un paso al frente para verte como quieres y poder reflejar quién eres. Como decía en este momento me di cuenta de que parte de mi frustración diaria con la ropa era el no reconocerme cuando me vestía.
Una vez hecho el análisis fui a por todas con la regla de #30wears:
Abrí el armario, y localicé toda aquella ropa que me había puesto más de 30 veces o que vi que me iba a poner como mínimo 30 veces. El resto lo saqué.
Cogí 3 cajas para clasificar la ropa en los 3 estilos que había definido anteriormente para mis actividades: Formal, Arreglado pero informal, e Informal. La ropa que me quedaba en el armario tenía de encajar en una de esas 3 cajas, si no, se iba al montón monstruoso.
Una vez clasificada me dispuse a volverla a colocar en el armario, pero antes tenía que asegurarme de que no volvía a alimentar al 80% Monster. Así que primero me probé toda la ropa. El momento es ahora así que toda la ropa que no era de mi talla fue directa al montón monstruoso, y con ella fue toda aquella ropa desgastada, rota, o similar.
Me sentía bien. Parecía que mi yo interior empezaba a ver la luz y empezaba a respirar después de haberse pasado años atrapado en el estómago de un monstruo que iba creciendo con el paso del tiempo.
Pero aun quedaba mucho por hacer. Me encontraba con una montaña gigantesca de ropa y con 4 piezas sueltas sin sentido clasificadas en unas cajas.
¿Qué iba a hacer con ese monstruo aún presente y más visible que nunca? ¿Cómo iba a darle vida a ese armario que me había quedado?
Respiré y mirando a ese monstruo a los ojos decidí darle una segunda oportunidad.
Aún era nueva en esto de la moda sostenible y todo lo que le rodea así que opté por una opción sencilla y cómoda: Dar todo aquello que ya no necesitaba.
Todo aquello que estaba en buen estado y mucho de ello con etiquetas lo doné al centro social de mi distrito, seguro que acabaría en manos de alguien que lo necesita más que yo.
El resto lo llevé a mi tienda H&M mas cercana, no solo sabía que esa ropa iba a ser reciclada, si no que me iba a hacer con unos vales para mis futuras compras. Os dejo aquí el link con toda la información: “Recogida de Ropa”














