Ni siquiera se había dado cuenta, pero acababa de salir del trance en el que había entrado nada más mirar las claras orbes del joven. Estaba claro que aún le afectaban tanto como hacía un año, cuándo todo estaba bien y a la vez perfectamente mal. Realmente odiaba el haber perdido toda la confianza que una vez existió entre ambos y que, la verdad, fue bastante difícil de conseguir. Lo odiaba, y tanto. Deseaba tener el suficiente coraje como para abrazarle y volver a sentir aquel aroma, tan especial y tan familiar, entrar a través de sus fosas nasales una vez que ambos cuerpos mantuvieran cierto contacto. Quería todo, y a la vez nada, porque cada pequeño contacto con el pasado era un recordatorio de lo oscura que su vida algún día fue, y de lo mucho que le costó superar los distintos sacrificios que la misma decidió colocar a su paso. Le gustaba su presente, y por desgracia, en su presente no se encontraba la figura del castaño. ¿En un futuro? Tampoco lo sabía. No cuándo sabía que si ambos volvían a verse y crear un nuevo vínculo, incluso solo de amistad, existía la posibilidad de que el mismo desapareciese como ya había hecho una vez. No le parecería extraño, a decir verdad. Y tenía tantas preguntas por soltar, tantos recuerdos almacenados en un rincón de su cabeza que deseó olvidar pero que fue prácticamente imposible, y que justo en aquel momento se presentaban como una vieja película en repetición. Lo único que atinó a hacer fue sacudir con levedad su cabeza, esperando así deshacer dichos recuerdos. Pero, entonces, el joven soltó aquel cumplido y no tuvo más remedio que mirar hacía el suelo, notando cómo sus mejillas explotaban en un leve carmesí que aumentó a los pocos segundos—. Tampoco es para tanto —musitó con una media sonrisa, juntando fuerzas para observarle—, es solo un corte de cabello —una risa breve, pero sincera, fue soltada de nuevo. Agarrando los dobladillos de su vestido tal cuál niña pequeña, alzó sus hombros—. A mí me gusta —soltó inocente en respuesta a cómo se veía su cabello, como si aquel comentario no significase más allá de lo que las mismas palabras querían decir. Pero lo hacía, en aquel momento todo lo hacía. Y en parte lo sabía, pero aún así siguió—. De verdad, te queda muy bien —casi de forma inconsciente, colocó bien un mechón que caía rebelde sobre la frente del muchacho. Y justo a mitad de la acción realizada, se dio cuenta de lo que estaba haciendo, quitando así con rapidez su mano para no incomodarle—. Uhm, perdón —y con esa disculpa, se pudo ver lo mucho que habían cambiado las cosas. ¿Cuándo se disculpó alguna vez por hacer tales cosas? Nunca. Y ahora, en cambio, lo hacía—. Las estrellas —concluyó su frase sin pensarlo siquiera, recordando la primera fiesta en la que ambos estuvieron presentes, y en las que los besos fueron los protagonistas de la noche—. Aún lo recuerdo —se mordisqueó el labio. ¿Cómo podía doler tanto? ¿No se suponía que había pasado página?—. Todo va sobre ruedas, sí. No me quejo para nada —aseguró, omitiendo un par de cosas—. ¿Y tú, cómo estás? ¿Y tu hermana? No la veo tampoco desde hace mucho… La llamé un par de veces, pero nunca contestó. Espero que ya esté mucho mejor que cuándo la vi por última vez —una sonrisa, más parecida a una mueca, surcó sus labios. No quería dejar ver lo mucho que le dolió perder el contacto con ambos hermanos una vez que fueron considerados pilares fundamentales en su vida.
Y ahí estaba de nuevo, después de lo que parecía haber sido siglos, volvía a sentirse tan familiar como hace unos cuantos meses. Ese carmesí en sus mejillas, esa mirada hacia el suelo cuando se avergonzaba por cualquier cosa... La muchacha parecía brillar, tanto que todo a su alrededor se volvía borroso y la única imagen que quedaba clara era ella, ella y su perfecta piel, sus ojos cafés, sus labios rosados; ella por completo. Siguió cada movimiento de la morena con su mirada, intentando no perder detalle alguno de lo que había dejado de ver hace tanto tiempo. El destino los había vuelto a unir, eso debía significar algo ¿No? Sonrió con amplitud cuando ella misma lo hizo y se encogió de hombros levemente al escucharla. —Para mi si es bastante, de verdad, te ves alucinante, más alegre y viva que nunca. —comentó con sinceridad, frunciendo sus labios hacia un lado. Por primera vez después de mucho tiempo se sentía verdaderamente nervioso, no como cuando tenía que rendir un examen donde se jugaba el futuro de su carrera; si no que como cuando tienes mariposas en el estómago y no te dejan respirar tranquilo. Por los cielos, parecía un escolar de dieciséis años así. Se sorprendió al escuchar las palabras que la oji-café pronunció a continuación. Al parecer tenía la aprobación de su nuevo cabello, y él que creía que parecía un hombre de la calle así, barbudo y de pelo largo. Escalofríos fueron recorriendo todo su cuerpo cuando un mechón de su cabello fue tomado por la chica y prácticamente quedó estupefacto ante la situación. —No, no, no te disculpes, está bien. Gracias... uhm, por sacarlo de mi frente. —Ugh, estaba haciendo el rídiculo, casi balbuceaba y a duras penas sabía que hacer con su rostro intentando esconder el tinte carmesí que comenzaba a aparecer en sus mejillas ¿Desde cuándo se sonrojaba? —Yo lo recuerdo... pensé que tú no lo harías, ha pasado un montón. Creo que esas cosas no se olvidan, y sí, lo digo en serio, aunque parezca raro de mi parte —soltó una risita algo cómplice y se encogió de hombros. Porque sí, todas esas vivencias habían marcado de manera importante sus últimos meses, lástima que logró darse cuenta cuando ya era demasiado tarde. —Vaya... es maravilloso escuchar eso, realmente genial, me alegro muchísimo, Sienna. —sonrió genuinamente. Parecía que ella iba en el carro contrario totalmente, muy por el opuesto a Fred que aparentemente perdía su chispa cada día que pasaba. —Yo... podría ir mejor, la verdad es que he estado bastante atareado y estresado con las clases, me lo he tomado muy en serio y ya casi consume mi vida. Pero no me quejo tanto, podría ser peor. —hizo una mueca con sus labios y alzó sus cejas, resignado a lo que decía. —Ella está mucho mejor, el proceso de recuperación todavía está en cursoy ha sido muy largo. Sus doctores no le permitieron comunicarse con gente de la universidad o externa a su familia por un tiempo, es por eso que no respondió tus llamados probablemente. Fue bastante duro verla mal por tantos meses, ahora estoy mucho más aliviado de que se encuentre casi siendo al cien por ciento ella otra vez. —sonrió de forma genuina, pues el avance de su hermana realmente era notable y no podía estar más feliz por ella, aunque su propia vida fuera un desastre. —Pero bueno, quiero escuchar más de ti, siento que estoy frente a una Sienna totalmente renovada. La otra me fascinaba, pero creo que esta lo hará aun más. —Y sí, se atrevió a ir un paso más allá y sacar partido de ese encanto que todavía le quedaba. Si en sus manos estaba, sería capaz de hacer todo para recuperarla. Acababa de confirmarlo oficialmente.














