...or maybe we can be friends
blondie-greengrass :
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— Creo que los nombres similares para gemelos son adorables. — Le tomó unos segundos responder. El que dijera que le encantaría escuchar lo que tenía para decir la tomó por sorpresa, pues normalmente su opinión no era algo que realmente le importara a los demás, especialmente a los chicos con los que se rodeaba. — Definitivamente elegiría algo así en caso de que los tuviéramos.
Aunque le había dicho a Parkinson que quería la opinión de Owen, una parte de ella sabía que a él no le interesaban ese tipo de cosas y que el tener por lo menos un bebé, y pronto, era solo parte de sus obligaciones. No iba a obtener de Mulciber alguna reacción como la de Parkinson.
— Pero por ahora eres tú el que debe comenzar con su propia lista de nombres.
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— Tienes razón, aunque supongo que la madre del bebé tiene mucho que opinar al respecto — respondió encogiéndose de hombros, completamente relajado. No podía dejar de sonreír, disfrutando de verdad ese pequeño momento con ella sin poder realmente explicarlo —. Pero me gustaría que se llamara Patrick si es un chico, mi padre ha hecho mucho por mi desde que mi madre no está… Bueno, es sólo una idea porque Attycus Patrick suena realmente terrible y seguramente a Ophelia le gustaría que llevara el nombre de su padre antes que el del mío…
Habían pasado quince años. Aun así, cuando Frederick cerró la puerta principal de su casa, sintió el mismo golpe frío en el estómago que la primera vez que leyó el nombre de Owen Mulciber en esas publicaciones dónde lo vinculaban a la violencia y extremismo propias de un seguidor de Voldemort. A todo aquello que él jamás quiso cerca de su vida. Pero esta vez el miedo se sentía incluso más real, quizá porque ahora tenía algo que perder.
Se pasó una mano por el rostro, intentando controlar el temblor que lo había acompañado desde que recibió la confirmación. Era de lo único que hablaba la gente, en susurros que habían comenzado a multiplicarse por todas partes, el mismo mensaje repetido con inquietante claridad:
Fuga masiva. Azkaban destituida de los dementores. Mulciber entre los prófugos.
Antes de cruzar el salón, su mirada subió automáticamente hacia el piso superior, hacia la habitación donde Mikel solía dejar sus cosas cada vez que volvía de Hogwarts. El cuarto estaba vacío por ahora pues el muchacho solo regresaba a casa en vacaciones, pero Frederick sintió el instinto protector tan propio de él arderle bajo la piel. No importaba que el muchacho estuviera a kilómetros de distancia: su primera reacción había sido ir a asegurarse de que su habitación estaba en orden. De que nadie había entrado, de que nada había cambiado. Solo cuando estuvo seguro, bajó de nuevo a enfrentar la realidad.
Kassandra estaba en la ventana. Quieta y con la espalda recta, delatando esa tensión en los hombros que Frederick conocía demasiado bien. No se acercó todavía. Ella tenía una forma muy particular de cargar las malas noticias y él había aprendido a lo largo de años juntos cuándo mantenerse a cierta distancia.
— Confirmaron la fuga —dijo finalmente, sin elevar la voz.
Las palabras salieron tensas, pero firmes. No intentó llenar el silencio después de eso. No intentó imaginar su respuesta. Simplemente se quedó de pie, a pocos pasos de ella. Sabía que no había forma fácil de digerir algo así. Carraspeó apenas, intentando ordenar sus ideas antes de continuar.
— Él también escapó. Junto con Avery. Probablemente ya estén los tres juntos— agregó refiriéndose a Ophelia, no había necesidad de nombrarla.
Esa parte fue más difícil de decir. No por ellos Por Mikel.
La idea de que el muchacho, alto, curioso, siempre tan parecido a Kassandra en el brillo de los ojos, pudiera cruzarse con Owen, aunque fuera por accidente, simplemente lo hacía temblar más que de miedo, de enojo.
Se aferró al borde de la mesa más cercana para no empezar a caminar de un lado a otro, era un gesto suyo cuando una preocupación se volvía demasiado grande. Esta vez necesitaba autocontrol. Kass necesitaba que él fuera sólido, estable. El hombre que se prometió ser al unirse a ella.
—No voy a permitir que lo toque. Mikel es nuestro hijo. Ya me puse en contacto con el jefe de la casa Slytherin —añadió, manteniendo la voz baja.— No mencioné nombres. Solo verifiqué que las medidas de seguridad siguen siendo las mismas. No quise alarmar a nadie sin motivo.
Tampoco quiso decir que había pensado, por un segundo en pedir que Mikel regresara a casa de inmediato. No lo hizo pero el impulso estuvo ahí, fuerte, instintivo.
Respiró hondo.
Quince años criando a ese niño. Quince años construyendo un hogar con Kassandra después del desastre de sus vidas pasadas. Quince años caminando con cuidado para evitar que el fantasma de Owen Mulciber pudiera alcanzarlos.
Y ahora el fantasma no era un fantasma. Era una amenaza real y libre.
— No voy a permitir que se acerque a él —dijo, más firme esta vez.— A ninguno de ustedes.
No dio un paso más. No extendió su mano hacia ella buscando consuelo. Solo permaneció ahí, sosteniéndose en la convicción que lo había guiado durante más de una década.
Ella no estaba sola. Él no iba a retroceder. Y si Owen Mulciber volvía y se atrevía a buscarlos, Frederick tenía muy claro hasta dónde llegaría para proteger a su familia.










