{Will you marry me?}
— ¿Ah no? Entonces me temo que vas a tener que explicarme.— Tenía que hacer su mejor esfuerzo por no reírse de él en ese momento.— ¿No lo sabías? Puedo cambiar las reglas en mi casa cuando quiera.— Ahora fue ella quien dio un paso para acercarse más. Seguramente estaba acostumbrado a que las cosas se hicieran como él quería todo el tiempo, pero no había nada de divertido en eso.
— Si quieres algo mejor que un brownie, puedo darte un poco de cheesecake.— No era una persona paciente, así que le daba curiosidad el qué tanto podía jugar con él antes de que terminara por desesperarse.— Las amenazas no son exactamente lo mío y sobre intentar retenerte, bueno, si tienes que irte yo lo entiendo…— Agregó, encogiéndose de hombros. Si lo que esperaba era que le pidiera que se quedara, no iba a hacerlo simplemente por jugar un poco con él.
— Eres un muy mal mentiroso. Ambos sabemos que no viniste aquí para ver la televisión por seis horas.— Estando tan cerca no pudo evitar llevar una de sus manos hasta su camisa que seguía mojada por intentar lavar los vasos.— Y que tampoco tienes lo necesario para quedarte quieto tanto tiempo.
La televisión seguía encendida, aunque ninguno de los dos estaba prestándole atención realmente.
Las luces azuladas del aparato parpadeaban sobre la sala mientras la lluvia afuera convertía el departamento en algo aislado del resto del mundo.
Owen seguía demasiado cerca. Siempre demasiado cerca cuando estaba con ella.
La mano de Greta aún descansaba sobre la tela húmeda de su camisa cuando él inclinó apenas la cabeza, observándola como si intentara decidir cuánto más podía resistirse antes de dejar de fingir interés por cualquier otra cosa.
— La televisión está haciendo un esfuerzo admirable —murmuró él—, pero creo que ya perdió la competencia.
Los ojos de Owen descendieron apenas hacia sus labios. La sonrisa apenas ladeada apareció de inmediato, esa que siempre parecía anunciar problemas. Se acercó todavía más, hasta que la distancia entre ambos dejó de existir realmente.
El beso llegó antes de que Greta pudiera responder. No apresurado ni desesperado. Exhaló apenas contra sus labios, como si besarla le quitara por fin algo del peso que llevaba encima desde hacía horas.
Porque se había casado. Y aun así estaba allí, con ella. No en la mansión llena de invitados ni junto a Kassandra. No cumpliendo el papel perfecto que su familia esperaba.
El beso se profundizó lentamente y Owen dejó escapar una risa baja contra su boca al sentir que Greta se aferraba a su camisa.
— Ah, así que ahora sí quieres retenerme.
Ella quizá iba a responder algo más, pero Owen volvió a besarla antes de darle oportunidad. Esta vez con menos paciencia. Con algo mucho más honesto debajo de toda su arrogancia habitual
La televisión siguió sonando en el fondo durante varios minutos más. Hasta que nadie volvió a escucharla.
La mañana llegó envuelta en una luz gris suave entrando por las ventanas.
El departamento estaba en silencio. La televisión apagada. La ropa de Owen seguía parcialmente abandonada cerca del sofá, evidencia suficiente de que ninguno de los dos había tenido demasiada intención de dormir temprano.
Owen Mulciber todavía estaba medio dormido cuando salió buscando a Greta fuera de la habitación.
Y por un instante todo pareció peligrosamente normal. Hasta que la vio con el periódico junto a la puerta.
Un escalofrío recorrió su espalda al ver qué se trataba de El Profeta.
No se necesitaba ser un genio para imaginar que ahí estarían. Al menos un par de fotografías y un encabezado llamativo.
La unión entre dos importantes familias mágicas siempre era una noticia para las personas que dedicaban la vida a opinar sobre la de otros.
Las imágenes mostraban a Owen el día anterior, impecable con ropa de gala, sosteniendo la mano de Kassandra frente a decenas de invitados.
Greta ni siquiera pudo abrir la boca cuando él ya tenía la varita en alto para borrar su memoria.












