...or maybe we can be friends
Habían pasado quince años. Aun así, cuando Frederick cerró la puerta principal de su casa, sintió el mismo golpe frío en el estómago que la primera vez que leyó el nombre de Owen Mulciber en esas publicaciones dónde lo vinculaban a la violencia y extremismo propias de un seguidor de Voldemort. A todo aquello que él jamás quiso cerca de su vida. Pero esta vez el miedo se sentía incluso más real, quizá porque ahora tenía algo que perder.
Se pasó una mano por el rostro, intentando controlar el temblor que lo había acompañado desde que recibió la confirmación. Era de lo único que hablaba la gente, en susurros que habían comenzado a multiplicarse por todas partes, el mismo mensaje repetido con inquietante claridad:
Fuga masiva. Azkaban destituida de los dementores. Mulciber entre los prófugos.
Antes de cruzar el salón, su mirada subió automáticamente hacia el piso superior, hacia la habitación donde Mikel solía dejar sus cosas cada vez que volvía de Hogwarts. El cuarto estaba vacío por ahora pues el muchacho solo regresaba a casa en vacaciones, pero Frederick sintió el instinto protector tan propio de él arderle bajo la piel. No importaba que el muchacho estuviera a kilómetros de distancia: su primera reacción había sido ir a asegurarse de que su habitación estaba en orden. De que nadie había entrado, de que nada había cambiado. Solo cuando estuvo seguro, bajó de nuevo a enfrentar la realidad.
Kassandra estaba en la ventana. Quieta y con la espalda recta, delatando esa tensión en los hombros que Frederick conocía demasiado bien. No se acercó todavía. Ella tenía una forma muy particular de cargar las malas noticias y él había aprendido a lo largo de años juntos cuándo mantenerse a cierta distancia.
— Confirmaron la fuga —dijo finalmente, sin elevar la voz.
Las palabras salieron tensas, pero firmes. No intentó llenar el silencio después de eso. No intentó imaginar su respuesta. Simplemente se quedó de pie, a pocos pasos de ella. Sabía que no había forma fácil de digerir algo así. Carraspeó apenas, intentando ordenar sus ideas antes de continuar.
— Él también escapó. Junto con Avery. Probablemente ya estén los tres juntos— agregó refiriéndose a Ophelia, no había necesidad de nombrarla.
Esa parte fue más difícil de decir. No por ellos Por Mikel.
La idea de que el muchacho, alto, curioso, siempre tan parecido a Kassandra en el brillo de los ojos, pudiera cruzarse con Owen, aunque fuera por accidente, simplemente lo hacía temblar más que de miedo, de enojo.
Se aferró al borde de la mesa más cercana para no empezar a caminar de un lado a otro, era un gesto suyo cuando una preocupación se volvía demasiado grande. Esta vez necesitaba autocontrol. Kass necesitaba que él fuera sólido, estable. El hombre que se prometió ser al unirse a ella.
—No voy a permitir que lo toque. Mikel es nuestro hijo. Ya me puse en contacto con el jefe de la casa Slytherin —añadió, manteniendo la voz baja.— No mencioné nombres. Solo verifiqué que las medidas de seguridad siguen siendo las mismas. No quise alarmar a nadie sin motivo.
Tampoco quiso decir que había pensado, por un segundo en pedir que Mikel regresara a casa de inmediato. No lo hizo pero el impulso estuvo ahí, fuerte, instintivo.
Respiró hondo.
Quince años criando a ese niño. Quince años construyendo un hogar con Kassandra después del desastre de sus vidas pasadas. Quince años caminando con cuidado para evitar que el fantasma de Owen Mulciber pudiera alcanzarlos.
Y ahora el fantasma no era un fantasma. Era una amenaza real y libre.
— No voy a permitir que se acerque a él —dijo, más firme esta vez.— A ninguno de ustedes.
No dio un paso más. No extendió su mano hacia ella buscando consuelo. Solo permaneció ahí, sosteniéndose en la convicción que lo había guiado durante más de una década.
Ella no estaba sola. Él no iba a retroceder. Y si Owen Mulciber volvía y se atrevía a buscarlos, Frederick tenía muy claro hasta dónde llegaría para proteger a su familia.
Pasaba la mayor parte del tiempo sola en casa con Mikel. Los elfos siempre estaban alrededor pero no los consideraba realmente compañía. Owen pasaba mucho tiempo fuera, por lo que el que no volviera a casa esa noche no le extrañaba. Creyó que se trataba de otra de esas noches, hasta que su padre apareció en el lugar en plena madrugada, pidiéndole que tomara al bebé y lo que pudieran necesitar, que ya le explicaría en casa.
Unas horas antes Owen había sido detenido durante una redada y enviado directamente a Azkaban. Lo que pasara con él no era una prioridad para su padre, si no desvincularla por completo tan rápido como fuera posible. Para esa misma mañana ya tenía a gente encargándose de disolver el matrimonio y hacer la custodia de su hijo.
Con Owen encerrado creyó que tendrían una vida tranquila, pero la noticia que había sido publicada esa mañana había cambiado todo. Ni siquiera se movió cuando Fred entró por la puerta principal.
— Lo sé.— Su padre se lo había confirmado apenas un par de horas antes. Estaba de pie mirando por una de las ventanas hacia el jardín. Había muchas cosas que quería hacer, pero ninguna de ellas sería realmente de ayuda. Echarse a llorar o algo parecido no tenía sentido.— Claro que lo están.— No le sorprendía en lo más mínimo saber que seguramente Owen y Avery ya se habían encontrado con Ophelia. Solo un idiota creería lo contrario.— ¿Quién, Snape? Por favor.— La idea logró sacarle una pequeña risa. Nunca le agradó el tipo, y al menos para ella nunca le convenció del todo su historia de ser una clase de doble agente, trabajando para Dumbledore. Que Snape dijera que los chicos estarían bien no le daba nada de tranquilidad.
— Voy a tener que decírselo.— Solo entonces se giró para mirarlo. La situación ya era bastante mala, pero además debía agregar un secreto que había guardado por los últimos diez años para casi todos excepto el mismo Fred.— Prefiero que lo sepa por mí antes de que él pueda encontrarlo y decírselo. O esperar a que Ophelia o sus padres lo hagan.— Además del peligro que corrían, tendría que hablarle lo que le había estado ocultando por tanto tiempo; su media hermana, hija de Catchlove, que estaba en su misma clase.













