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15/6/2015
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Entró a la habitación habitual del motel y cerró la puerta detrás de ella. Dejó su bolso sobre la mesa redonda que se encontraba cerca de la puerta. Después se despojó de su abrigo, dejándolo cerca de su bolso. Pasó una mano por su cabello rojizo, despeinándose un poco a sí misma. Caminó hasta la cama y se sentó en la orilla de la misma, se inclinó para quitarse sus zapatos y al terminar, se lanzó hacia atrás en la cama. Sus ojos azules analizaron el techo de la habitación, ya se había memorizado cada una de las grietas en el mismo de tantas veces que había estado ahí adentro. Giró su cuerpo en la cama y fijó sus ojos en la puerta. No estaba segura si él llegaría esa tarde, apenas habían podido hablar pues él tenía mucho trabajo con todo lo que estaba sucediendo en la ciudad. Suspiró y entrecerró los ojos, sin darse cuenta en cuestión de unos minutos se quedó completamente dormida.
Dentro de esa gruesa armadura invisible que al alemán le fascinaba presumir, existía un ser humano capaz de sentir empatía por otro, así como también sentir cariño y compasión por determinadas personas o, en este caso, un animal. Entre sus brazos yacía un pequeño minino aparentemente malherido y demasiado delgado para el gusto de cualquiera; sin embargo, se aproximó a la primera persona que vio con el único objetivo de buscarle un buen hogar al felino— Hey. —saludó, fijando sus ojos en el gato— Uh, me encontré este gato hace un par de días. No puedo tenerlo en mi casa por… Cuestiones personales. ¿De casualidad no lo quieres? O si conoces a alguien que lo quiera también sirve. —expresó, ahora trasladando su mirada hasta la contraria— Después de los últimos eventos… —que, en realidad, no les tomó demasiada importancia— no quiero dejarlo por ahí solo. —humedeció sus labios, admitiendo implícitamente que su preocupación radicaba más en el animal que en el recién fallecido.
Birdie estaba parada fuera de una cafetería con un vaso de limonada en su mano. Su mirada estaba perdida entre los rostros de las personas que se paseaban por la avenida. Todos mantenían un aspecto tranquilo, pero ella bien sabía que todos tenían miedo. Hasta la gente que se creían intocables, estaban temblando a escondidas. Sus ojos cayeron sobre el muchacho de mirada intimidante que se acercó a ella, pero después de unos segundos los fijó en el pequeño gatito entre sus brazos. Evitó soltar un enorme ‘awwww’, pues no quería quedar como una tarada. “Oh….” Pronunció sorprendida. “Claro, yo me puedo quedar con él.” Admitió con una sonrisa y asintió suavemente con la cabeza. Amaba los animales y era un buen gesto salvar al pequeño gatito, después de todo el otro joven no lo podía tener. “Entiendo, pero no te preocupes….yo lo cuidaré, no dejaré que nada el pase.” Ella tampoco hubiese dejado al gato en cualquier lado, nadie estaba a salvo en esa bendita ciudad, ni los pobres animales.
te quiero, te extraño, me abandonas en whatsapp me vengo a quejar acá. wildfireheartstaz
Había pasado un día agotador entrevistando a gente que podía servirle como personal de su restaurante, aun quedaban un par de semanas para abrir pero quería se selecto con sus trabajadores, por experiencia sabia que un mal camarero o un mal ayudante de cocina podía salirte muy caro, y aunque tenía claro que buscaba no pintaba como una tarea sencilla.
Pero agradecía tener la mente ocupada, el anuncio en las noticias del asesinato de un hombre en un banco le había traído amargos recuerdos que había deseado olvidar inmediatamente. Ahora que el día había acabado y tendría que buscar otro modo de distraerse. Al terminar de cerrar decidió ir a tomar algo a un bar, no le parecía mala idea conocer la zona pero lo único que escuchó fueron comentarios asustados por aquel asesino, Tetsuya no tenía miedo, había visto cosas peores, cosas que harían estremecer a cualquier ser humano.
Una vez salió no pudo evitar observa la vida que había por la calle, mucho más calmada que en su ciudad que siempre estaba lleno de gente y nunca se podía caminar en paz. Aquí la gente no tenía prisa, y eso le gustaba.
Estaba tan absorto en observar la calle que tropezó con la raíz de un árbol que no había logrado ver, chocándose con una persona desconocida que estaba parada delante.
-¡Lo siento! Yo…lo siento -se disculpó al instante.
Al parecer a su jefe no le importaba que hubiese un asesino serial por la ciudad. El hombre le había dicho a Birdie que debía cerrar la tienda de música a la misma hora de siempre, sin excepción alguna. La pelirroja no tuvo otra opción que obedecer las órdenes del hombre, no podía perder su empleo principal, ya que su empleo secundario no le proveía tanto dinero y solo era de vez en cuando. Birdie decidió tragarse sus quejas, su miedo y su paranoia, para poder continuar con su trabajo en paz.
Las horas pasaron con una terrible lentitud y eso solo logró desesperarla. Cuando llegó la hora de cerrar la tienda, la ojiazul lo hizo en cuestión de minutos. Organizó todo lo antes posible y recogió sus cosas para salir del lugar. Cerró la puerta, asegurándose que nadie pudiese entrar a la tienda y guardó las llaves en su bolso. Giró su cuerpo y acomodó su abrigo, mientras sus ojos iban de un lado a otro, observando a las pocas personas que había en la calle a esa hora. No podía esperar a llegar a su casa y encerrarse.
Comenzó a caminar con rapidez y buscó su móvil en su bolso. Al encontrarlo le echó un vistazo, quizás si se apuraba podría alcanzar el autobús. Decidió mandarle un mensaje a su hermano y dejarle saber que ya iba de camino, para que no se fuera a preocupar. Se detuvo a lo que escribía el mensaje y lo menos que esperó fue que alguien chocara con ella. Su cuerpo se tambaleó y automáticamente se agarró de la otra persona, sin importarle si eso parecía raro. “Por favor, no dejes que me caiga al suelo.”
¡No podía creer que su hermano la hubiese dejado sola esa noche! ¿Cómo se atrevía a dejarla completamente indefensa en la casa cuando había un asesino suelto en la ciudad? Su única compañía era el perro del mayor, el cual se encontraba sentado al lado de ella en el sofá. La pelirroja tenía sus ojos claros fijos en la televisión, mientras acariciaba al canino entre las orejas. ‘Ambos’ estaban viendo una película de terror y realmente, los gritos de las víctimas perseguidas por un loco no estaban ayudando en nada. Birdie se sentía completamente tensa y no podía evitar que la paranoia comenzara a carcomerle la mente. Estiró su mano libre y agarró el control de la televisión, apagándola. “Es mejor que no veamos el resto, luego no vamos a poder dormir.” Le dijo al perro en tono bromista, como si éste le fuera a entender. No tardó en ponerse de pie y caminar hasta la cocina con el canino detrás de ella. Fue directo a la nevera y la abrió, buscando algún ‘snack’ que le calmara la ansiedad que sentía. Se inclinó hacia al frente, pero un ruido hizo que se sobresaltara. Cubrió su boca con sus manos y giró su cuerpo, mirando la puerta de la cocina, la cual daba con el jardín. No podía ser su hermano, él tenía la llave de la puerta principal y además, el pequeño perro ladraba como si fuese alguien desconocido allá afuera. “¿Por qué a mí?” Se preguntó con molestia y agarró lo primero que encontró, ¡un maldito sartén! “¿Lo atacarás?” Miró al perro y suspiró, caminando a la puerta de la cocina, abrió la misma y salió afuera. Comenzó a mover el sartén de un lado a otro, lista para golpear a la persona que estuviese ahí afuera.
tsss!! chiquitita!
“Chiquitita la tienes.”
lameboyclub:
Ginger and Rosa (2012)