[ afire love ;; wesley & freiah ]
Confirmo que era su nombre a la segunda llamada, dudaba que se tratara de otro estudiante. Además no perdía nada con asomarse. Hecho una rápida mirada hacia sus compañeros, para asegurarse de que no los había despertado todo ese barullo, y luego regresó la mirada al frente. Su rostro aun completamente confundido por la presencia ajena. Últimamente apenas se cruzaban en los pasillos, Wes se había puesto en plan de darle su espacio. Esperar a que se recuperara del todo. Y entonces, si le quedaba algo de fuerza para intentarlo, volvería a reconstruir lo perdido y olvidado. Sin embargo día a día veía su plan desmoronarse poco a poco, preguntándose si realmente llegaría a repararlo todo. Pestañeo un par de veces ante tal ocurrente broma, su boca abriéndose con incredulidad. Y si no fuera porque estaba apenas arrodillado, se hubiera desmayado. Mas dedujo, por las acciones ajenas, que se había arrepentido. Tragó en seco y retuvo el aire por un momento antes de dejarlo escapar en un pesado suspiro. Asintió algo relajado al enterarse que nada malo ocurría, un simple insomnio era todo lo que tenía.-¿No está algo frío para que te pasees por aquí así?-y por primera vez en un par de semanas, se permitió soltar una ligera risa con ella.-No existen osos en esta parte de Inglaterra si es lo que te preocupa-¿Qué acaso le había tomado de buen humor que estaba soltando toda palabra con un tono divertido? Sin embargo no descartó la propuesta ajena. Sonaba más interesante que dormir. Y aunque se cayera del sueño, encontraría la forma de mantenerse despierto. Negó con la cabeza ante la siguiente ocurrencia-No podía dormir de todos modos-mintió. Le dedicó una leve sonrisa, apenas visible, y se giró para tomar un abrigo. Un simple buzo negro que utilizaba de almohada probablemente le sería más útil allí afuera que ahí dentro. Deslizo el segundo cierre y salió de la carpa, asegurándose luego de cerrar la misma para que sus compañeros no fueran molestados otra vez. Una vez de pie estiró sus piernas y pasó una mano por su cabello, sacudiendo levemente. Y entonces, al momento de querer colocarse su abrigo, hecho una rápida mirada al cuerpo ajeno. Presionó sus labios entre si antes de extender su brazo, otorgándole tal abrigo-Lo necesitas más-se encogió ligeramente de hombros, y de repente la tierra del suelo le pareció más interesante.-Espero que conozcas más este sitio que yo, ya me he perdido en la mañana y no fue nada lindo créeme-compartió tal anécdota con una mueca-Me hice una herida en la mano y todo, ¿quién diría que las ardillas son tan malas?-se mofó, observando la pequeña mordida que había quedado en uno de sus dedos. Y entonces, se percató de que, nuevamente, estaba hablando demasiado.-Probablemente no te interesa-se recordó en voz alta, sacudiendo ligeramente su cabeza.-Confío en que no me perderé contigo-concluyó arqueando sus cejas. Y es que a su lado se creía capaz de todo.
Esbozó una sonrisa nerviosa al notar que su broma le había tomado desprevenido. Estúpida Freiah con sus estúpidos comentarios. ¿Luego de haber sufrido tal pérdida le venía a hablar de fantasmas? Se golpeó la frente con la palma de su mano, intentando así deshacerse de todas las tontas observaciones que era capaz de soltar. Hace tiempo no le había visto si no se trataba de una breve mirada en el pasillo, que luego conllevaba a un tropezón por parte de alguno de los dos. Y, oh, cómo extrañaba verle. Quería establecer una conversación decente con él, informarse sobre los acontecimientos recientes de su vida y compartir un par de los propios también. Pero, luego del accidente, tales ideas resultaban prácticamente descabelladas. Se había alejado para procesar toda la información adquirida últimamente, y notó cuánto afectó tal acción al muchacho. Y por ésto mismo se detestaba. Devolvió los pies a la tierra ante el suspiro ajeno, cual llegó de lleno a su cuello. Se estremeció cuando percibió el aliento del menor contra su tersa piel, creyendo haberse sentido de la misma manera anteriormente. ¿Acaso las sensaciones experimentadas en su pasado perduraban en algún rincón de su memoria? Si era así, ¿qué debía hacer para recordar? ¿Cómo lograba distinguirlas, para así reconstruir momentos, situaciones, escenarios, ubicados previamente al accidente? Intentó despojarse de todo pensamiento o idea similar a aquellas, creyendo que se trataba de meras alucinaciones. Pero aquellas cuestiones no pararon de inquietar a la pequeña, provocando que su estómago se retorciese por la ansiedad y en el interior de su mente revoloteasen miles de imágenes que se desvanecían con la misma rapidez con la que aparecían; escurriéndose de sus garras milésimas de segundos antes de lograr agarrarlas. Intentó concentrarse en la calidez de la respiración contraria, el uniforme ritmo con el que la misma besaba la curvatura de su cuello, y finalmente logró retener un recuerdo. La melodía de una canción. No pudo reconocerla hasta que la repitió una y otra vez. Empero, su nombre se le seguía escapando. Más aún cuando el rubio habló, provocando que sacudiese su cabeza con suavidad y volviese a concentrarse en él. Ensanchó su previa sonrisa ante la broma ajena. “No me juzgues, no tenía mucha ropa de invierno” se excusó, puesto a que se encontraban en plena primavera. La diversión con la que entonó sus palabras le animó un poco, ayudándola a olvidarse de sus anteriores inquisiciones. Le golpeó el hombro con un puño, cual dolió únicamente por colisionar con la fornida anatomía ajena. Otra sensación conocida. Maldijo entre dientes por su accionar, creyendo que si revivía más momentos sólo empeoraría su confusión. “Ya calla, sabes que no me refería a éso” soltó, aplicando el mismo ápice burlón que el muchacho. Se relajó al comprobar que no le había despertado o molestado, ya que lo menos que necesitaba era que tuviese una peor concepción sobre ella. Aguardó a que se alistase, balanceándose sobre su propio eje, aún con aquella pieza musical impregnada en su memoria. Cuando pudo visualizarlo nuevamente una cálida sonrisa curvó sus labios, otorgándole a su semblante un aire dulzón. Ante su próximo ofrecimiento negó con su cabeza repetidas veces. “N-no... Te congelarás” advirtió con firmeza. Empero, el helado viento envolvió su piel al descubierto, provocando que la mandíbula de la castaña temblase y sus dientes castañetearan unos contra otros. “V-vale” finalmente accedió, enfundándose el abrigo ajeno sin vacilar. Inhaló el perfumado aroma que manaba de tal prenda, deseando enterrar su rostro en la tela y respirarlo una eternidad. Qué familiar le resultaba aquél perfume, y cuántos sentimientos arremetieron contra su memoria apenas lo percibió. Se viró en busca de cualquier pretexto para apartar la vista, clavando sus obscuras orbes en el frondoso bosque, cual presentaba un gran desafío para todo campista. Los árboles se alzaban amenazantes frente a ellos, poseedores de entrelazadas copas que bloqueaban todo haz de luz que intentaba colarse por ellas. De sus ramas pendía la fauna autóctona del lugar, cual los miraba con un deje curioso y expectante. Relamió sus labios, dirigiéndole una disimulada mirada al muchacho. “¿Preparado?” indagó, dispuesta a aventurarse en los desconocidos senderos de aquella arboleda. Sus comentarios siguientes le arrancaron incontables risas, cuales por más que intentó aminorar emergieron libremente por su garganta, siendo incapaces de retener. “Y-ya b-basta” suplicó, tomándose el estómago por el dolor que le producía reír con tanta continuidad. No obstante, la observación final logró que sus carcajadas se interrumpiesen. Se tomó el atrevimiento de cogerle de la mano, aún sin despegar la vista del frente. “Tranquilo, no te pasará nada” aseguró, con absoluta suavidad. «Al menos no conmigo» quiso añadir, pero no tuvo suficiente coraje como para hacerlo.













