It’s not too difficult to get the skeletons out of the closet with people, but to get the gold out is a different matter. That is therapy. Psychology is the art of finding the gold of the spirit.
Robert A. Johnson (via wellspringcounseling)

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It’s not too difficult to get the skeletons out of the closet with people, but to get the gold out is a different matter. That is therapy. Psychology is the art of finding the gold of the spirit.
Robert A. Johnson (via wellspringcounseling)
Maturity begins with the capacity to sense and, in good time and without defensiveness, admit to our own craziness. If we are not regularly deeply embarrassed by who we are, the journey to self-knowledge hasn’t begun.
Alain de Botton (via psychotherapy)
El terrible momento en que la esperanza se escurre con la última lágrima.
When Mary Shelley envisaged the creation of Frankenstein's lonely monster, she saw that, if the monster was to be a human replica, it would have to be like us in other ways than its physical appearance and its animal life. It would have to be capable of hope and despair, admiration and contempt, love and hate. And in her story the monster became evil, not because he was made that way, but because he searched the world for love and never found it.
Roger Scruton, 'The Uses of Pessimism'.
The most important thing in psychotherapy is that two people are there for each other [...] while two people are 'being' together, a phenomenon called 'cure' frequently happens as a by-product.
Hayao Kawai, «Buddhism and the art of psychotherapy».
Cosa vana y frívola es la sabiduría humana; a través de todos nuestros proyectos, nuestras decisiones y nuestras precauciones, el destino conserva siempre en su poder los acontecimientos.
Michel de Montaigne, «Distintos resultados de una misma decisión».
La crítica feminista debe explicar las afirmaciones totalizadoras de una economía significante masculinista, pero también debe ser autocrítica respecto de las acciones totalizadoras del feminismo. El empeño por describir al enemigo como una forma singular es un discurso invertido que imita la estrategia del dominador sin ponerla en duda, en vez de proporcionar una serie de términos diferente. El hecho de que la táctica pueda funcionar tanto en entornos feministas como antifeministas demuestra que la acción colonizadora no es masculinista de modo primordial o irreductible. Puede crear distintas relaciones de subordinación racial, de clase y heterosexista, entre muchas otras.
Judith Butler, «El género en disputa».
El papel de la constancia consiste principalmente en soportar con paciencia las desventuras que no tienen remedio.
Michel de Montaigne.
Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura; y, por el amor que me mostráis, decís, y aun queréis, que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y más, que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y, siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir ''Quiérote por hermosa; hasme de amar aunque sea feo''. Pero, puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas hermosuras enamoran; que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, sería un andar las voluntades confusas y descaminadas, sin saber en cuál habían de parar; porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos. Y, según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso. Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien? Si no, decidme: si como el cielo me hizo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades? Cuanto más, que habéis de considerar que yo no escogí la hermosura que tengo; que, tal cual es, el cielo me la dio de gracia, sin yo pedilla ni escogella. Y, así como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reprehendida por ser hermosa; que la hermosura en la mujer honesta es como el fuego apartado o como la espada aguda, que ni él quema ni ella corta a quien a ellos no se acerca. La honra y las virtudes son adornos del alma, sin las cuales el cuerpo, aunque lo sea, no debe de parecer hermoso. Pues si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo y al alma más adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por corresponder a la intención de aquel que, por sólo su gusto, con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda? »Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos. Los árboles destas montañas son mi compañía, las claras aguas destos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos. A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras. Y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Grisóstomo ni a otro alguno, el fin de ninguno dellos bien se puede decir que antes le mató su porfía que mi crueldad. Y si se me hace cargo que eran honestos sus pensamientos, y que por esto estaba obligada a corresponder a ellos, digo que, cuando en ese mismo lugar donde ahora se cava su sepultura me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad, y de que sola la tierra gozase el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él, con todo este desengaño, quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino? Si yo le entretuviera, fuera falsa; si le contentara, hiciera contra mi mejor intención y prosupuesto. Porfió desengañado, desesperó sin ser aborrecido.
Miguel de Cervantes, «El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha».
Las excelentes memorias van unidas con frecuencia a los juicios débiles.
Michel de Montaigne, «De los mentirosos».
Cuesta más interpretar las interpretaciones que interpretar las cosas, y hay más libros sobre libros que sobre otro tema: no hacemos más que entreglosarnos. Todo está lleno de comentarios; de autores, hay una gran carencia.
Michel de Montaigne.
Cuando somos pobres, nos abrimos mutuamente y nos convertimos en uno solo, más allá de la amistad.
Fumiko Hayashi, «Diario de una Vagabunda».
Me enamoré de Buda. Si beso sus labios ligeramente helados, ¡oh!, mi corazón se entumece, no lo merezco. Todo lo de usted es inmerecido. Mi sangre suave fluye a contracorriente. Estaba envidiablemente tranquilo; esa virilidad sedujo por completo mi alma. ¡Buda! ¡Usted es demasiado frío! Mi corazón lleno de agujeros como un panal de abejas... Buda, la capacidad de usted no es sólo hacer que yo comprenda, Namu Amidabutsu, la transitoriedad del mundo, sino que con su masculinidad descienda y zambúllase en mi corazón que es como una llama. El cuello de esta mujer impura por lo mundano, descienda y abráceme con tal fuerza que muera asfixiada, Buda, ¡el del Namu Amidabutsu!
Fumiko Hayashi, «Diario de una vagabunda».
Al pie del Monumento a La Madre, en letras de oro, hay una inscripción que dice: “A la que nos amó antes de conocernos”. ¿Se puede pedir algo más abstracto? Por cierto, que esta frase siempre me ha parecido incompleta. Debería decir: “A la que, en algunas ocasiones, nos amó antes de conocernos y la que, por lo general, después de conocernos nos echó a perder”.
Jorge Ibargüengoitia, “El Lenguaje de las Piedras”. (via freudchicken)