"MORIR INTENTANDO" CAPITULO II: Escapar
“¿De qué sirve ser tuya sin serlo en lo absoluto?”
Mi vida en ese entonces ya era un caos. Mi error fue pensar que todo ya iba a pasar y de a poco las cosas irían mejorando, realmente nunca fue así. Si mal no recuerdo, las vacaciones de invierno durante el año en el que repetí fueron las peores de mi vida, aunque en su momento yo las disfruté como las mejores.
Unos días antes de que las vacaciones de invierno comenzaran, yo con una tristeza y cansancio terribles, le mostré a mi entonces mejor amiga un cuaderno en el que contaba todas las cosas que me pasaban. Preferí que lo lea antes de contárselo, no quería olvidarme de nada y quería ser clara con las cosas, sin repetirlas. Por eso, opté por darle el cuaderno una tarde y que me lo devuelva al día siguiente. Ese cuaderno decía de todo: desde el momento en el que me empezaron a gustar las chicas (o hasta ese momento, sólo una) hasta la parte donde contaba que había cortado mis muñecas porque no sabía que más hacer y le pedida ayuda desesperadamente. Supuse que habría sufrido un gran impacto al darse cuenta que yo estaba así de mal, tanto como para llegar a hacerme daño.
Al día siguiente de haberle dado el cuaderno, falté al colegio una más de las tantas veces, no tenía ganas de ir y punto. Regresé el día posterior a eso y todo el ambiente era más extraño y más feo de lo normal. Saludé a mi amiga y le pregunté si había leído el cuaderno, y si era así, que me lo devolviera. Me dijo que mi cuaderno estaba en rectoría, que no supo que hacer y que tuvo que pedir ayuda a las autoridades del colegio. Me quedé petrificada. No podía moverme, no sabía qué hacer, tenía muchísimo miedo de lo que me puedan llegar a decir, o peor aún, que le digan a mis padres.
En la primera hora del colegio entró mi preceptora al curso y me llamó, miré a mi “mejor amiga” con cara de decepción y me fui para rectoría. Estuvieron dándome una charla de casi dos horas tratando de explicarme que había cosas peores y que no tenía que lastimarme porque no iba a llegar a nada con eso (lo que siempre dicen, todos). Lo único que pensaba en ese momento fue la bronca e impotencia que tenía por haber confiado en alguien que no pudo guardar mi secreto. Estaba demasiado enojada con las autoridades porque nunca iban a entender que mis problemas para mí eran mucho más difíciles de afrontar que para todos los demás, y eso lamentablemente no me enteré porque era hasta cuatro años luego de ocurrido. De todas formas, siempre pensé y todavía sostengo que soy adicta a algún tipo de dolor. No puedo afirmar que me gusta que me lastimen, pero me gusta estar mal o peor de lo que debería.
Se me hizo imposible sostener la relación con mi entonces llamada amiga, no podía mirarla ni hablarle, ni siquiera quería hacerlo, no quería verla nunca más en mi vida. Y así fue, le dejé de hablar y hasta el día de hoy nunca supe nada más de ella. Ni de ella, ni de toda la gente que concurría a ese colegio, fue como un año vacío de mi vida que quise y quiero olvidar. Tengo la habilidad, si así se le puede decir, de reprimir tanto las cosas que me molestaron o me dolieron que me las termino olvidando. Al principio sufro tanto que pienso que se me haría imposible, pero siempre de una forma u otra termino olvidándome y así tratando de aliviar ese dolor y vacío que me queda después de cada pelea.
Volví al colegio después de las vacaciones y todo empeoraba. Ya se me hacía rutina llegar al colegio y tener que pasar por rectoría para mostrar mis muñecas y que sepan que yo estaba “bien”. Ahí es cuando me di cuenta lo básica y estúpida que puede ser la gente. ¿De verdad creían que solamente podía cortarme las muñecas? No sabían nada de mí, ni siquiera como ayudarme y aún así fingían saber de todo. ¿Cómo mierda pretendían que yo esté bien sabiendo que todo el colegio pensaba que me quería suicidar y la chica que me gustaba solamente me usaba para lo que ella quería? Nunca iban a entenderme, ni ellos, ni nadie de ahí adentro.
Suelo ser exagerada con algunas cosas, pero recuerdo esos últimos cuatro meses como una continua agonía. Era una pesadilla de la que no podía despertarme y lo único que quería era irme de ahí y nunca más volverle a ver la cara a ninguno de todos ellos. Pasaron los meses, seguí sin estudiar y en diciembre todo empeoró (sí, aún mas). Para entonces, no solamente la chica que me gustaba me boludeaba terriblemente, sino que también una chica que me había empezado a gustar no iba a darme bola nunca. No le gustaban las chicas, yo estaba segurísima de eso, era esa persona a la que nunca ibas a poder cambiar ni aunque quisieras y dieras tu máximo esfuerzo. Además, era super católica al igual que toda su familia y por ende nunca se le metería en la cabeza salir o siquiera besar a una mujer. Por esta razón y todas las demás, no quería volver más a ese colegio.
Ya era diciembre y solamente tenía que rendir las materias mal para asegurarme de no volver nunca más ahí. Yo podría haberlas aprobado perfectamente, pero no quería, inconscientemente no quería volver más ahí. Di todas mis materias bien, excepto tres (podías pasar de año con solamente dos materias previas). Así no quedaba tan evidente, así simplemente parecía que era lo suficientemente difícil para mí ese colegio como para que finalmente ya pudieran cambiarme. Resignada y con mis vacaciones de verano totalmente libres, ya sabía todo lo que se venía encima: salidas, alcohol y drogas. No puedo decir que esté de acuerdo con las personas llamadas “malas influencias”. Cada uno es dueño de sus actos y siempre vas a tener la posibilidad de probar lo que quieras, más fácil o más difícil, pero al fin y al cabo la oportunidad existe y depende de vos decir que sí o que no. Yo siempre decía que sí, a todo lo nuevo y que podría llegar a dañar un poco más mi organismo le decía que sí. Me encantaba lastimarme de esa forma tan lenta que terminaría siendo letal en algún momento. Las malas influencias y todo lo que ellas me ofrecían eran las que finalmente me permitían escapar.











