“So close no matter how far It couldn’t be much more from the heart Forever trusting who we are And nothing else matters”
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“So close no matter how far It couldn’t be much more from the heart Forever trusting who we are And nothing else matters”
Las cosas habían acontecido a una velocidad que no le había permitido a su cerebro procesar toda la información. Y es que, aquél parecía ser uno de esos días. Así, le fue suficiente un paseo nocturno por los alrededores del campus para encontrar lo que estaba buscando. Un sujeto, del cual no podía identificar como Cou Blanc o Cou Rouge, como conocido o desconocido o como buscador de problemas o no. Una llamada de atención por parte ajena bastó para hacerle volver a situarse mentalmente a las zonas suburbiales de San Petersburgo, sintiéndose de nuevo como si tuviera dieciséis años y todas las personas a su alrededor fueran enemigos. Se detuvo frente a él, observándolo en silencio hasta que éste fue interrumpido por nuevas palabras del contrario, que no le importaron demasiado. Antes de darse cuenta, su puño ya había impactado en el pómulo y nariz contraria, movimiento que se repitió unas cinco veces. El dolor de sus nudillos junto a que emanaba de su piel por los recibidos, le causaban una satisfacción que nunca aprendería a describir. En el momento contrario en el que su rival cayó al suelo, se giró para encontrarse con una mirada ajena en él. “No has visto nada.” Habló en su ruso natal, al tiempo que un camino de sangre salía de sus fosas nasales para alcanzar sus labios fruto de algún golpe recibido. Era como si su cerebro hubiera distorsionado el espacio y el tiempo a su antojo, como si nunca hubiera llegado a St. Gideon.
"¿Estás loco? ¿Qu-u-u-ué estaba pasando por tu mente?” cuestionó sulfurada, la sangre, las agresiones jamás habían sido de su agrado. Y sus latidos agredían de manera abrupta su pecho, derrochando dolorosas vibraciones. “Estás sangrando, tengo que llevarte a enfermería” y por el simple hecho de ser espectadora de los hecho, de nominó enseguida como la encargada de los fluidos rojizos que drenaban la nariz del ruso.
it was only a kiss (made and julien)
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it was only a kiss (made and julien)
Observó con detenimiento cada movimiento por parte de Made, sus ojos siguieron el recorrido de sus delicados dedos. Ver como se deshacía de aquella prenda era simplemente…majestuoso. Podía ser él quien lo hiciera, podía ser él quien le diera lo que toda chica esperaba para un primer encuentro, ¿pero cual era el sentido se de seguir las ‘reglas’? Nunca se había limitado a hacer lo que los demás esperaban, no comenzaría esa noche. Su respiración se volvió más pesada conforme la chica exploraba su propio cuerpo por una orden que él había dado instantes antes. Lo había hecho, aquel rostro inocente, aquella chica que desbordaba ternura se había atrevido a posarse frente a él y cumplir su capricho. Relamió sus labios y fue en busca de el brillo que irradiaban esos ojos marrones bajo la luna que se encargaba de bañarlos en un dulce mar de plata, pero ella no lo miraba. Su mirada se intensificó ante aquel acto. “Mírame” ordenó aquello en un gruñido provocado por las sensaciones que comenzaban a recorrer su abdomen, por la necesidad que sentía en las puntas de sus dedos por tocarla y la manera en que su sangre comenzaba a transitar cada vez mas rápido por todo su cuerpo.
Sus orbes se presionaron por unos segundos ante la suma de peticiones, aquello le regalaría ciertas llamas de fuego al interior de su inexperto cuerpo. Su sangre comenzaba a hervir bajo la parte más débil de su piel, ardía pero al mismo instante aquella sensación provocaba que brotara aquel sabor tan dulce de su boca. Después de segundos de haber recibido el mensaje verbal dela posesiva voz, arrastró los zafiros bajo la luz blanca, hasta encontrarse con los ajenos, benditas orbes dignas de arrastrarla hasta la sima del infierno aquella noche. Y con la mirada engranada a la de él, liberó su cuerpo de aquella prenda blanca, dejando caer la tela de su piel, sintiendo como aquella se liberó con tal facilidad. Sus piernas no se quedaban quietas, mierda no sabía como era posible desear algo que jamás había sentido. “¿Se le ofrece algo más?” cuestionó con aquella inocencia lanzada por la borda, dio un paso al frente, seguido de otro, dejando aquella ropa en el olvido. Entonces sus traviesos dedos buscaron los botones restantes de la camina que aún arropaba al varón, y con movimientos temblorosos hizo un torpe intento de concluir con ello, mientras sostenía aquel contacto visual, el momento en que descubrió lo placentero que sería provocarlo, lo mucho que eso estaba agradándole.
it was only a kiss (made and julien)
Quería jugar, era evidente, por más que deseara que la castaña se dirigiera hacia él contorneando las caderas, haciendo aún más notables las curvas que lo hacían perderse es pensamientos intensos, necesitaba jugar. Tantas promesas se resguardaban debajo de aquel vestido. Sus parpados cayeron un instante, mientras intentaba regular su respiración y su ansiedad, pues carajo, no era primerizo en aquello. Desabotonó algunos botones de su camisa blanca y una vez sintió un poco de control sobre sí, abrió los ojos. La observó a lo que le parecía una innecesaria distancia, se encargó de recorrerla con esa mirada que quemaba sus propias retinas, y al final, señaló un lugar exacto, a tan solo dos pasos de donde él se encontraba. “Acércate” su voz se tornó más profunda, ronca, deseosa. “Necesito que me ayudes con ese vestido que solo me ha fastidiado toda la noche” comentó con ansiedad en su voz imposible de ocultar. “Necesito que lo hagas lento” sus ojos se mantenían fijos contra aquella inocente mirada. “Necesito mirarte…” dejo escapar en un pesado suspiro. “Y necesito que lo hagas ya” retuvo su propio labio entre sus dientes, a la espera de la respuesta que tendría por parte de su contraria.
Calor invadía diversas extremidades de su cuerpo, y aquello se intensificó más al escuchar la petición que hasta cierto punto sonaba de modo posesivo viniendo del tono de voz masculino. Sus piernas se tornaron en una consistencia flácida y débil, más de lo proporcionando al inicio. Todo aquello estaba fuera del contorno, todo aquello estaba lejos del patrón que tenía organizado para ella misma esa noche. Tomó una bocanada de aire, y lentamente se colocó en el lugar indicado, aquel juego aquel donde él ponía las reglas comenzaba a intrigarle más a aquello. Julien, con solamente una abrazo repentino, unos cuantos mensajes de texto y una incontable cantidad de caricias, estaba regalandole la experiencia más delicada de su vida. Sus orbes bajaron, hicieron un cambio de posición, pues aquello iba hacerla explotar en los brazos de la vergüenza, jamás imaginó que su primer experiencia intima sería ella la encargada de despojar las prendas. Mordió su labio inferior con fuerza, y comenzó bajando tirante tras tirante sobre la suavidad de sus hombros, y entonces la imagen de los delineados dientes hundiéndose en su piel, asistió en ese momento, provocando que un leve sonido abandonará su garganta, sonaba inocente hasta en los momentos más eróticos de su historial intimo. Concluyó liberando ambos brazos del par de tirantes, prosiguiendo con el cierre de la prenda blanca, aquel que adornaba el costado derecho de su cadera, todo aquel proceso evitando el contacto visual con el varón que se encontraba tan cerca a ella, pero ni así, podía evitar la manera en que su entrepierna temblaba por él.
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¿Experiencia? ¿Quien la necesitaba cuando en aquellas situaciones el ser humano era guiado por reflejos y por el deseo cegador que solía nublar la mente de todo mortal? No pudo evitar que sus labios se curvaran al escuchar ese sensual sonido emitido por la castaña que lograba provocar toda una revolución en su interior. Sin embargo aquello cambio al sentir el roce que provocaba la chica, su mandíbula se tensó y como impulsó llevó su cadera hacía delante, buscando nuevamente ese roce que comenzaba a enloquecerlo, ese roce que había despertado cada terminación nerviosa que aun yacía dormida, las cuales, para esas alturas, eran pocas. De pronto la temperatura del ambiente comenzaba a subir, quería arrancar ese vestido blanco que resaltaba las preciosas curvas de la castaña, pero no lo haría. “Quizás eso quiero” comentó entre besos que sus labios daban en su cuello, buscando llegar hasta su oreja. “Quizás quiero volverte loca” mordisqueó ligeramente su lóbulo y se alejó, abruptamente, solo para tomar posición en el sofá que antes había señalado. “Necesito que me ayudes con algo” ordenó sutilmente, mientras se despojaba del costoso saco azul.
Su garganta, muslos, su cuerpo completo vibraba en conjunto, frente al agarre que él había impuesto. Julien estaba tomando posesión de todo lo que conformaba de la fémina, física y emocionalmente. Su respiración tomaba posesiones alteradas y frenéticas, conforme las sensaciones que esos besos regaban sobre la tersidad de su piel, y es que él lucía tan experto en eso de las caricias y brindarle fragilidad al cuerpo humano. Ya no había control, el sentido común se había tomado la noche libre. No necesitó ni una sola de alcohol para entregarse al varón, y tampoco había demasiados restos de culpa. Aquella sensación le fascinó, y su cuerpo hormigueo diversas ganas que le exigían, deseaban sentir más. “Es lo que estás logrando, no estás lejos de obtener lo que quieres, de obtenerme” musitó en un tono de voz ronco, y agitado, como si hubiese corrido millas bajo el sol, y Julien era el calor radiante de ese sol. Su cuerpo se mantuvo rígido, cada imposición de repentina distancia regalaba dolores al interior de la fémina. Se volteó de inmediato girando sobre sus talones y observó, iba a sentar con la cabeza como usualmente solía hacerlo, pero se dispuso a hablar “¿Qué necesitas?” cuestionó un tanto confundida y un ápice de intriga demandando sus orbes, parada en el mismo lugar donde él la había dejado, observando cada detalle del momento en aquel saco azul se despojaba del cuerpo deseado.
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Su mano libre recorrió la cintura de la castaña con suma lentitud, no planeaba apurar aquello pese a las ansias que tenía de sentir su cuerpo bajo su tacto, bajo su constante necesidad de satisfacción propia de mano de la ajena. Su cuerpo se tensó al sentir como se unían aun con toda esa ropa de por medio. Cerró sus ojos un segundo y permitió que la punta de su nariz trazara un camino descendente por su cuello hasta llegar a su hombro, donde sin apuro dio una suave mordida. Una mordida que desprendía deseo y un cierto apuro que se combinaba con el querer mantener aquel juego el mayor tiempo posible, pero el aroma de la castaña, la manera en que el cuerpo ajeno pedía lo mismo que el suyo hacían la situación cada vez más difícil de controlar. “¿Estas completamente segura?” cuestionó contra su piel, sintiendo como su propio aliento golpeaba contra su rostro.
Aquel tacto tan cálido de Julien, desprendía grandes porciones de calor sobre el cuerpo de la castaña, le ira imposible mantenerse quieta ante una situación como esa. Todo tan nuevo, pero sin embargo, desde el instante supo que la experiencia no era la encargada de guiarle en ese momento. Cuando sintió los dientes ajenos fundirse en su piel, supo que las experiencias empíricas salían sobrando entre ellos, porque entre todo lo que deseaba hacer y que él ejecutara sobre ella, era el deseo quién la impulsaba a lo que pedía. Su garganta soltó un leve quejido ante aquel acto, mierda ¿Siempre tenía que hacerla encender sin previo aviso? Dio un sorbo de su propio aire, antes de crear aquel movimiento tenue de cadera, buscando por instinto aquella zona masculina que sabía que la haría sacudir por dentro “¿Estás buscando desesperarme? Porque te juro que me estás volviendo loca” soltó, sintiendo como el calor que su cuerpo desprendía comenzaba a sofocarla de una manera tan deliciosa “Podré no tener experiencia, pero sé que apenas es el comienzo” susurró en un deje de voz ronca, mientras sus labios acariciaban la parte porosa de sus mejillas, dejándose llevar nuevamente por la sensación de la barba a pleno crecimiento.
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Una sonrisa invadió a Julien, no sus labios, sus facciones no cambiaron, sus comisuras no se curvaron, no, aquella sonrisa fue mental. Una sonrisa de autosuficiencia, tenía a la chica donde quería, ¿por qué seguía preocupándose? Podía hacer lo que quisiera, claro, a un ritmo adecuado, pero ella no se marcharía de aquel lugar, estaba cien por ciento seguro. Para él era obvio, pero claro, el creía lo que se le antojaba, lo que mejor le convenía y su constante inestabilidad lo llevaba a engrandecerse cuando las situaciones se ponían difíciles, era como un escudo que no lo dejaba ver más a ella que un espejo donde solo se reflejaba él. Creía no conectar con nadie, creía no tener ningún tipo de sentimiento que no fuera la constante necesidad de destruir cosas a su paso. Pero solo era él creándose al mundo y abriendo paso a sus deseos más primitivos. Una media sonrisa se formó en sus labios al sentir la cercanía con su contraria y sin decir nada sus manos vagaron hasta su cintura, buscando aferrarse a ella solo para hacerla dar media vuelta y así poder guiarla hasta el barandal que les impedía caer de aquel enorme edificio. Su cuerpo yacía detrás del de ella, sentía la fragilidad de aquel cuerpo femenino entre sus manos y aquello le encantaba. Una de sus mano apartó su cabello para acomodarlo sobre su hombro izquierdo. Su indice acarició con lentitud el lado derecho de su cuello, con la misma suavidad que utiliza un pintor al deslizar el pincel sobre un nuevo lienzo. “Entonces…” susurró “¿Quisiste hacerlo?” cuestionó a centímetros de su oído. Sabía que no había sido un acto obligatorio, pero necesitaba escucharlo de esos labios con tantas promesas ocultas.
Sus manos se aferraron al barandal que se colocaba justo frente a ella, a la altura de su cintura. Sus parpados; aquellos que ya habían perdido toda dicha de la fuerza para poder sostenerse de pie, se encontraban profundamente sumidos en el placer que el varón prometía a su cuello, al resto de su cuerpo, con ese sutil tacto que su dígito vertía sobre la piel. Mordió su labio inferior, desquitando aquel deseo que desprendía desde lo más pequeños poros de su piel. “Quise hacerlo” confesó en un hilo de voz apenas audible. Provocó la cercanía de la parte trasera de su cuerpo, y así unirla a la parte delantera de Julien, en un deje de desesperación, y deseos comprimidos por aquellos últimos minutos, no sabía cuanto más podría seguir esperando por aquello, en verdad lo deseaba, deseaba tanto ser uno mismo con aquel que presumía de ser un perfecto desconocido, un enigma para ella. “Quiero hacerlo” corrigió, cantándole al deseo con una respiración entrecortada, mientras su cabeza se inclinaba hacia atrás, buscando acomodo en el hombro de su contrario
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Julien quedó boquiabierto al escucharla, una historia, o bien, parte de una historia trágica detrás de una sonrisa que solo revelaba simpatía y calidez para los simples humanos. No que se creyera más que los de su especie, pero sabía que ellos, los ‘del exterior’, si se catalogaban como superiores a los más dañados de la sociedad. Y no era así, para el rubio era completamente lo contrario. Observó las facciones de Madeline, como su cuerpo retrocedía, comenzaba a perder todo el terreno ganado durante la fiesta, aquello era como un juego de ajedrez y comenzaba a quedar en jaque. Su primera reacción fue dar el paso que ella había puesto de por medio, no deseaba que se fuera, no quería perder el poco control de la situación. “No imagino lo que fue para ti…” retomó el habla con la misma facilidad con la cual se había quedado sin ello. “Y no me refiero a un contacto físico, claro esta. Hablo de lo difícil que debió ser para ti en su totalidad” las puntas de sus dedos buscaron rozar suavemente con su mejilla, quería darle un poco de calidez, quería que volviera a su lugar de confort, donde él podría hacer y deshacer. “¿Por qué no nos sentamos un momento?” preguntó, haciendo un ademán hacia uno de sus sofás favoritos. “Escucha, no haremos nada que tu no quieras, ¿de acuerdo? Solo hablaremos si quieres hablar sobre ello, o solo callaremos si prefieres estar en silencio” alentó con una voz suave a que accediera a su petición. “¿Por favor?” pidió, observándola con ojos dignos de un cordero.
No imaginó recuperar aquella cercanía, no tan pronto. Se había apartando dejando en juego aquel corto espacio, unos pocos centímetros que podrían significar el resto de la noche. Observó cuidadosamente las facciones emitidas por el rubio, inclinando la cabeza propia hacia el costado izquierdo, incluso sintiendo la suavidad cuando la palma del varón, regaló aquella sensación a su mejilla, sintiendo aquella calidez. ¿Acaso había recibido ciertos cursos sobre como tratarle? Sus parpados cayeron al sentir aquella sensación tan delicada, y sintió el temblor que desprendía el par. Provocó un acto de resistencia, pues entregarse a las lagrimas en ese momento, no era sensato. “No diré que fue la etapa más fácil de mi vida, pero voy superando parte de ello. Solamente...” interpuso aquello, generando un corto espacio de silencio, mientras su mano diestra viajaba por la extremidad del mismo brazo que dirigía la mano sobre su mejillas “solo es algo que no había compartido con nadie” disfrazó la petición sobre el guardar silencio, pues de algún modo, aún se avergonzaba de ello. “De acuerdo, pero quisiera retomar, que... no sé si lo notaste, pero lo que sucedió hace un momento, yo no lo sentí que fuese algo que yo no quisiera hacer” musitó, eliminando más espacio entre ambos.
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Disfrutó del roce entre sus labios, comenzaba a encantarle como los propios jugueteaban con los de la castaña, se perdía por completo en el sonido de los labios rozando con total lentitud, no quería que terminara, no quería apartarse, quería más y estaba dispuesto a conseguirlo aquella noche. Pero no la tendría fácil, evidentemente. Su cuerpo se vio impulsado hacía atrás por una leve fuerza que provecía de la castaña. Sus ojos se abrieron, no podía creer aquello, ¿de verdad lo estaba apartando? Por un segundo su mirada se congeló, hasta escuchar las palabras que la chica soltaría instantes después. Ahora en sus ojos había confusión, entendía, en el fondo entendía completamente a que se refería, pues él tenía una meta para esa noche y no podía ignorar el tema principal. ¿Pero por qué alguien esperaría tanto tiempo? Se cuestionaba en silencio, ocultando todas sus preguntas detrás de un semblante serio. “¿De que hablas?” cuestionó en voz baja. “Por…” carraspeó su garganta y rascó ligeramente su nuca. ¿Encontraba satisfacción en esa situación? Por supuesto. “¿Por qué no? ¿Por qué no ha pasado?” preguntó de la manera más sutil en la que pudo.
No sabía de dónde había sacado agallas para confesar aquello. ¿Qué no era menos complicado tornar medio vuelta y retirarse de ahí? Daba igual, ella no lo conocía demasiado. Pero sin embargo, era como si Julien hubiese propasado los niveles de alteración, de repente la castaña ya no podía esperar, y él lo hacía vez como una eternidad. Sus orbes cayeron lentamente, perdiéndose en la nada, aquella pregunta logró sacudirla por completo ¿Cuál sería la forma más sencilla de resumirlo? Puesto que sus veinticinco años vividos carecían de aquello. “Hablo de que jamás he tenido una experiencia de esas, hablo de que soy virgen o como sea que catalogues el evento” soltó, ahogándose en una bocanada de aire, negando con paciencia. Pulsó un paso hacia atrás, imponiendo más distancia de la ya aplicada, posiblemente la necesitaría después de mencionar lo siguiente “La mayor parte de mi vida, la he... vivido sobre una silla de ruedas, Julien. Debido a eso, solamente una persona ha puesto sus ojos en mí, y te preguntaras si el jamás quiso hacerlo conmigo, cosa que supongo que sería positivo pero jamás lo sabré porque yo jamás le di la oportunidad de entrar a mi vida de esa forma, ya sabes romántica” emitió en un deje socarrón. Su garganta temblaba, y entonces cayó en cuenta que era la primer persona a quién le contaba sobre aquello, y cuando eso sucedió, los zafiros marrones viajaron en dirección a los ajenos “A los 21 años supe lo que era caminar de nuevo, hace cuatro años. Y bueno, tuve una relación con mucha distancia de por medio, hubieron factores que lo impedían” concluyó, y despojó todo aquel aire innecesario de sus pulmones, totalmente segura de que aquella revelación sería otro factor más interponiéndose a la nueva oportunidad.
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Había imaginado un millón sin fin de veces, lo que enmarcaría su primer experiencia en ese aspecto, y no, en su más delicados sueños Julien no formaba parte de ellos, en su lugar quién ocupaba aquello era el castaño que había sujetado su mano a lo largo de el 90% de su vida, y aquello regaló un sabor dulzón a su paladar, aquel que revivió el degustar de labios que el rubio le había regalado tiempo atrás, y enseguida sus muslos hormiguearon. Él no conocía mucho de ella, no conocía lo más relevante de su vida, pero nada le aseguraba que aquello le obligaba a contarle su historia social. “Creo que aunque tus ojos me gritaran lo peor de ti, no me movería de este lugar” confesó, con los zafiros incrustados de manera enferma a los marrones ajenos. Aquello era muy cierto, estaba aferrada a los presentes hechos, tanto que deseaba conocerlo, y empezar por aquella parte tan intima que le regalaba satisfactorios temblores al cuerpo. Aquellas palabras que él soltó de los carnosos, provocaron la caída de los parpados en la castaña, no podía más, iba a entregarse completamente a ese juego de deseos que posiblemente serían correspondidos. ¿Quién era él para tratarle de un modo tan majestuoso? Él tenía el dominio de la ternura y la seducción, tan empoderado a ellos, que no podía tener cordura del momento. Disfrutó tanto de aquel nuevo contacto labial, absorbió un poco del delicioso sabor, y con suma dificultad acumulada a sus palmas, aparto lentamente al masculino, impulsando la fuerza del pecho ajeno “Julien, no sé hacia dónde vamos, no sé dónde vaya a terminar el momento, pero necesitas saber... que yo nunca, nunca he estado de esa manera con alguien” soltó en un hilo de voz, casi en un susurro, tan difícil de percibir para el sentido auditivo.
(IT WAS ONLY A KISS)
Marco de tiempo: Evento, VIVE LA FRANCE Comentarios: en proceso, es decir no está terminado. MADELINE Y JULIEN.
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Paso una mano por su cabello y se cruzó de brazos, aquellos gestos que realizaba le parecían sumamente interesantes. —¿Solo con uno? —Preguntó alzando una ceja y realmente sorprendido de sus palabras, después de todo la joven frente a él le parecía atractiva. — Tienes toda la razón, aun así los seres humanos compartimos patrones quizás todos los hombres no son iguales pero en su mayoría tienen ciertas actitudes — Comentó con tranquilidad. —Beso solamente a las personas que consigan llamar mi interés, no, no soy de esos — Dijo jugueteando con los audífonos que tenía anteriormente puestos. La actitud de ella le provocó cierta seguridad, diferente a la confianza, simplemente lo tomo como si pudieran hablar de cualquier tema, su comentario no le había molestado y sabía perfectamente que en el fondo se arrepentía de haberlo hecho. Sus orbes estaban completamente fijas en ella, acortando la distancia. —Eres demasiado inocente —Soltó finalmente y retrocedió bajando la mirada y negando un par de veces. —¿Tienes clase?.
Una sonrisa retorcida se corvó sobre la superficie de su labio, aunque se había dicho a sí misma repetidas veces que aquello no era cuestión de sentir pena o vergüenza, no podía evitar aquel carmesí iluminando la superficie de sus mejillas al mencionar aquello. Asentó en un deje de timidez e encogió el par de hombros propio “Así es, no se han presentado demasiadas... oportunidades” soltó, tampoco se sumergiría en aquella historia de su silla de ruedas y la infancia poco agraciada que tuvo, pues suficiente era que el joven después de aquel incomodo abrazo, aún se encontrara de pie charlando con ella. “Eso también lo sé, pero aún así, creo que nadie merece ser juzgando por hechos ajenos que están lejos de concernir con ellos, por ser hombre o mujer, pero... respeto cualquier sabor de decisiones” alardeó, humedeciendo su labio inferior, revoloteando en los nervios que removían las terminaciones nerviosas. “Es... ¿Eso es lo normal, no? No creo que sea cómodo besar a alguien que no sea ¿Especial?” argumentó, intentado ubicar una palabra que sustituyera la última, y entonces se cuestionó cuán ridícula se pudo haber escuchado como aquello. Sus facciones faciales se deformaron ante aquel adjetivo calificativo ¿Inocente? Era algo a lo que ya debería de estar acostumbrada a escuchar “Sí, me lo han dicho antes” respondió en un hilo de voz, carraspeando enseguida de la respuesta “No, mis clases del día han concluido” afirmó, regalando una sonrisa inconsciente y apenas perceptible.
–No, no, no, ¿por qué tiene que morir tan joven? –murmuró afligida, al ver que el pedazo de pizza que le había costado tanto conseguir se había caído al suelo. Se agachó e hizo una mueca, sin saber qué hacer–. Al menos el plato es de cartón –recogió con cuidado la pizza sucia y la colocó otra vez encima del plato.
Hizo un exagerado esfuerzo para no reírse del suceso que atravesaba la fémina, todos aquellos accidentes se le tornaban divertidos, más sin embargo todo aquellos se posicionaba lejos de la malicia. Segundos después de lo ocurrido, torno cercanía a la contraria, y acotó “¿Estamos en el pasadizo de la mala suerte? ¿Eso significa que estoy a un par de segundos de quedarme sin ensalada cesar?” cuestionó sardónica, con el desayuno portando de ambas manos.
Hace algunos días la firme idea de realizar un viaje en carretera lo venía consumiendo, necesitaba un poco de aire fresco, nuevos paisajes e inspiración para poder terminar uno de sus trabajos de composición. Luego de un par de llamadas consiguió rentar un bonito auto color carbón, compró alimentos y bebidas, en especial cerveza, y por fin se dispuso a marcharse. No tardaría mucho, regresaría para la noche, antes de el horario de cierre de la universidad.
Cuando estaba a punto de comenzar su travesía divisó una persona conocida (o por lo menos eso creía). Abrió la puerta del vehículo, lanzó su celular y la cajetilla de cigarrillos y tocó la bocina unas dos veces.-¡Hey!-gritó para que lo oyera-¿Quieres dar una vuelta?-preguntó mascando su chicle de menta-Vamos, será divertido-agregó esperando una respuesta positiva. Algunas veces, William encontraba más inspiración en las personas, que en cualquier otra cosa. No desperdiciaría esa oportunidad.
Los fines de semana se le resumían a una completa eternidad. Sobre todo cuando las clases le resultaban como una especie de capsula para esconderse de la realidad, cuyo evento deseaba mantener lejos de sus pensamientos. La noche anterior su vida había dado un vuelco completo. Solamente recordaba luces bajas, luces de luna, y voces a lo lejos. Un par de tactos por ahí, y palabras abruptas por allá. Y aquella bocina que altero su estatus de relajación externa y aceleración interna. Los zafiros marrones se sostuvieron abiertos ante su amplitud, y enseguida buscaron la emisión del sonido que logró sacudirla en medio del estacionamiento, ni siquiera tenía la más concreta idea de hacia donde se dirigía. “¿M-m-me hablas a mí?” cuestionó, y enseguida observó si alguien más conformaba sus espaldas, y al notificar que la posible respuesta era positiva, los orbes avellana volvieron al varón “Estás comenzando asustarme, siempre sales de entre la nada” culpó en un deje juguetón, articulando pasos hacia el vehículo cuatro llantas, aquel que prometía una posible diversión “Quiero, pero... ¿A dónde sería aquella vuelta?” cuestionó con curiosidad husmeando las palabras.
gmxdden ha respondido a tu publicación:♔
Hasta mañana bebé *le da besitos en su cabezita* jajaja <3
asdff de nada *-* ayy que bonita *aletea como pajarito* GINEVRA Y EDRICK *le lanza pétalos de rosa y condones*
gmxdden asddf yo veo tensión sexual(8 y de hecho no era de nada, era gracias AJAJAJAJA. No, no tengo sueño :c pero me nortea estar aburrida.