Nuestra relación tenía el equilibrio perfecto de amistad y confianza. Nos conocíamos lo bastante como para coordinarnos en todo momento y teníamos unas muy cómodas y razonables dosis de sexo. Todos los domingos por la mañana, el día en el que estábamos más relajados y lo disfrutábamos más, y algún día entre semana al azar para dar un pequeño toque de espontaneidad y excitación. Bueno, en realidad no era al azar, era rotativo, cada semana echábamos un polvo tres días después del día en que lo habíamos hecho la semana anterior, pero Víctor, mi novio, creía que era al azar. Y a mí me hacía feliz saber de ante mano cuando tocaba sexo. Me gusta poder prever y mantener las cosas bajo control. No podía ser más feliz.






